¿Desde cuándo sospechó que Corazón profundo podía tener un álbum adicional?
Cuando estaba en plena promoción del disco. En reuniones constantes que tenía, me hablaban de Más corazón profundo y pensé que hacían referencia a un volumen dos y ese concepto no me gustaba mucho. Sin embargo, me quedó sonando lo de Más corazón profundo y así se quedó.
El disco tiene diez canciones nuevas y cuatro versiones de temas anteriores, ¿por qué escogió la versión salsa de La foto de los dos y la extendida de Volví a nacer?
Hoy se diseñan discos especiales para cada mercado. La salsa no estaba contemplada dentro de ningún registro pero tuvo mucha acogida dentro de los oyentes de la radio tropical, así que les quisimos dar gusto a ellos. La versión extendida fue una sugerencia de Claudia. Yo a ella siempre se la canto y hubo un par de estrofas que ella extrañó en el disco y en las emisoras, entonces fue idea de ella y me convenció.
¿Cómo fue el proceso de composición de las diez canciones nuevas?
Todo empezó con dos canciones y se fue ampliando el espectro tanto que salieron diez y tuve la necesidad de hacer un registro discográfico completo. Creo que con Más corazón profundo fui saldando deudas que tenía, una de ellas con la cumbia y otra con el vallenato tradicional. Nunca dejo de mover mis propios patrones para hacer cosas nuevas.
En la superficie del disco se pueden escuchar la gaita, los tambores y el acordeón pero en la profundidad hay otros elementos como el bombardino y el órgano hammond, ¿usted lo siente también así?
Desde que llegó a la banda Carlos Iván siempre hemos incluido el hammond y eso surgió porque yo quería pegar en los conciertos el grupito de rock con el trío vallenato. Ahora lo llamamos ‘el jamón’ y es vital. Creo que el álbum tiene el sonido de la seguridad y para mí no hay miedos.
Totó La Momposina, a quien usted menciona en La cumbia de todos no habla de vallenato sino de música de acordeón, ¿Carlos Vives hace música de acordeón?
Es que antes se llamaba música de acordeón. Lo que pasó es que la Fundación del Festival Vallenato le da a Valledupar la capital del movimiento, en un gesto político. En ese momento territorios como La Guajira protestaron porque no se sintieron incluidos y el vallenato es de la provincia. Por eso mi banda se llama así.
Hijo del vallenato es una confesión un poco en serio y un poco en broma. La canción dice que en España Carlos Vives es el ‘Rey del vallenato’, ¿cómo recibe usted este comentario?
Claro. Allá en España creen eso. Es una relación bonita la que tengo con ese país y para ellos representa alegría, mientras que para mí es un reconocimiento grandioso.
Fito Páez, Charly García y Luis Alberto Spinetta tienen una dedicatoria especial en Un pobre loco, ¿por qué?
Era la época en la que yo salía del colegio a vivir otras cosas. Comencé a disfrutar de la noche, a encontrarme en el andén con grupos como Sui Generis y Almendra. Yo quería reproducir ese sonido con las guitarras pero debo decir que esa canción es un homenaje al movimiento bogotano, integrado por gente que soñaba con hacer música.
Se destaca en el disco la presencia de Marc Anthony y de ChocQuibTown, ¿cómo se dieron esos encuentros?
ChocQuibTown me sorprende cada día más porque resalta su localía y no permite que Chocó quede en el olvido. Mi política es mostrémonos y eso quería hacer con este trío maravilloso. Lo de Marc Anthony fue una especie de regalo que agradezco inmensamente.
¿Se la hubiera jugado igual por la versión extendida de un disco no tan exitoso comercialmente?
Siempre me la jugué. Hoy tengo más consciencia con el manejo de los detalles. Si yo entro con miedo a experimentar, no hago nada. Hoy creo que antes era muy descarado porque la gente esperaba de mí cosas; es más, había empresas que invertían en mí, y yo me lo tomaba como si nada. Fui un irresponsable y me la pasaba mascando flores. Hoy ya tengo que pensar que hay gente pagando por esto.
jpiedrahita@elespectador.com