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Durante su permanencia en París, donde estudiaba cine en la Escuela Superior de Estudios Cinematográficos, Diego Robayo trabajaba como guía del Museo de Luxemburgo. El ambiente le era familiar, había crecido entre obras de arte y salas silenciosas, hijo único de una gestora de arte que hoy tiene en sus manos los rumbos del Museo Nacional, las pilatunas de Diego eran poner chinches en la silla a las modelos desnudas de los artistas.
En este lugar, donde encontró un espacio para ganarse algunos euros de más mientras estudiaba dirección de cine, encontró las historias que le darían rumbo a su carrera como director cinematográfico y creativo: El mensajero y El banquete del artista, que se presentarán el próximo 7 de noviembre en el Museo de Arte Moderno de Bogotá.
Se trata de dos mediometrajes animados que narran la vida de Sandro Boticelli y Paolo Veronese a través de un muchacho que visita el museo y viaja en el tiempo hasta el Renacimiento. La primera película empezó como el proyecto de tesis de Robayo. El segundo, se hizo por iniciativa del museo al ver el buen resultado del primero, para la exposición Veronese Prophane .
Cuando Robayo regresó a Colombia, la fuerza del arte una vez más marcó sus trabajos. Entonces propuso una serie de cortos para televisión, historias de un minuto y medio, que descomponen obras de arte colombianas en historias divertidas y animadas.
Aquí, con voces de artistas como Laura García o Blas Jaramillo, las obras de artistas como Obregón o Botero cobran vida y narran una historia. Es el caso de Los obispos muertos, de Fernando Botero, que hablan y se quejan de que están incómodos. Ellos, desde sus extrañas posiciones, afirman estar sólo dormidos.
Diego, quien escribió las historias para animar las obras de arte, al igual que los guiones de sus mediometrajes, afirma que por momentos tuvo dificultades para darle un sentido a ciertas obras. "Se trataba no solamente de darle animación, sino de construir una historia que tuviera sentido con la época y la estética del cuadro", afirma el joven director.
Aunque como todo director de cine, Robayo se ve a sí mismo dirigiendo un gran largometraje, lo cierto es que gracias a su creatividad y a su debilidad por las artes plásticas, ha sido llamado para proyectos particulares que requieren una sensibilidad especial. Es el caso de los comerciales de Bogotá Capital del Libro que combinan lo publicitario con lo cultural o los de Fundalectura para estimular la lectura en los niños.
De esto se ha tratado hasta ahora su carrera, considerar temas culturales con una perspectiva diferente que permite al espectador mayor cercanía con la obra, ya sean niños o personas poco expertas en arte. Una experiencia en la que el cine no ocupa un renglón ya no se trata de séptimo o primer arte: se trata sólo de otra manera de darle vida a una obra.
Museo de Arte Moderno de Bogotá. Calle 24 N° 6-00. Sala de Cine Los Acevedo. Miércoles 7 de noviembre, 7:30 p.m.