Todo aquello que otros artistas hacen tras bambalinas, Secreto a Voces lo hace enfrente del público. Ellas no tienen ningún reparo en arreglarse el pelo a la vista del auditorio, tampoco le ven nada de malo a cuadrarse las faldas, vistosas por lo general, y mucho menos se fijan en prejuicios en el momento de tomar agua. Así, de esa manera femenina y casi descarada, es que María Olga Piñeros, Silvia Bibiana Ortega y Claudia Lucía Grenier entienden y viven el arte de hacer música.
Con ese mismo desparpajo aseguran que su proyecto surgió en sesiones de asesoría que la profesora María Olga les dictaba a dos de sus alumnas de la Universidad Javeriana. Durante esas jornadas académicas se dieron cuenta de que lo que cantaban sonaba muy bien y que, además, se divertían mucho haciendo música. De esta manera encontraron en el humor su mejor aliado. Un día decidieron incorporar todo lo que pasaba en los ensayos a sus presentaciones esporádicas. Sin embargo, también querían hacer un repertorio de mujeres compositoras para hacerles una especie de reconocimiento.
“Queríamos un repertorio que hablara de cierto tipo de actitudes características en las mujeres y todo eso lo hicimos en son de burla y de sátira hacia nosotras mismas. Miramos que no había muchas canciones de esas y entonces nos tocó dedicarnos a crearlas. Nos presentamos por primera vez en el Festival del Mono Núñez del año pasado y nos dimos cuenta de que no teníamos los arreglos y dijimos: Mijitas pues a arreglar también”, comenta María Olga Piñeros, quien reconoce que otra de las virtudes de Secreto a Voces es que cada integrante tiene su proyecto como solista, pero que con el trío se reúnen para cantarle al amor, a la sátira, al despecho y a la burla.
La primera canción que adaptaron a su particular estilo fue Ay, mujer, de Juan Luis Guerra y 4:40. Después indagaron en la música del interior del país y también incluyeron temas pertenecientes al cancionero de América Latina, pero sin duda lo que mejor se ajustaba a sus tres voces eran las creaciones propias... eso sí, con su particular formato.
“Nosotras queríamos cantar casi todo a capella, pero había canciones que no sonaban muy bien a tres voces y otras necesitábamos a alguien que hiciera las armonías que no lográbamos hacer con la voz. Entonces nos concentramos en profundizar en el trabajo vocal, en indagar las posibilidades armónicas, incluyendo onomatopeyas y facilitando la creación de ambientes para ser acompañados por un instrumento de percusión o de cuerda”, dice la maestra.
Secreto a Voces acaba de producir su primer registro discográfico, que sin duda incluirían dentro del World music, y tiene compromisos en Bogotá, Bucaramanga, Pamplonita y Cartagena, ciudades en las que exhibirán su talento y todas aquellas actitudes que otros artistas se reservan tras bambalinas.