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¿Qué tiene para celebrar hoy en el Día del Teatro?
Celebro el teatro como celebro la amistad.
¿Cómo se conecta con el circo?
Me conecto con sus olores, que siempre me llevan a las alegrías de mi infancia.
¿Cuál fue el primer circo con el que se encontró ?
El circo de mi pueblo en Suiza. Cada año que llega lo sigo y lo recuerdo.
Payaso, director, dramaturgo y coreógrafo, ¿cuál de estos roles disfruta más?
Todos juntos. Soy profundamente una persona de teatro. Así como puedo pasarme la noche iluminando una escena, me gusta quedarme horas detrás de los actores para intentar moverles el alma. Todos estos oficios son el mismo oficio.
¿Cómo descubrió el ‘clown’ que lleva dentro?
El clown no es algo que está adentro. Es la propia misión que tengo en la vida. Es el titiritero que mueve mi alma en el escenario.
¿Cómo describe su paso por el Circo del Sol, para quienes creó el espectáculo ‘Corteo’?
Fue y sigue siendo un placer enorme, somos amigos de la vida. En el montaje de Corteo aprendí muchas cosas, era un espectáculo enorme.
¿Cómo fue, desde adentro, la experiencia de cerrar las Olimpiadas de Invierno en Turín?
Comprendí que el tiempo es de las cosas más preciosas e imposibles de encontrar. Nos embarcamos en esa aventura que recuerdo como una lucha extenuante contra el tiempo.
Construye montajes oníricos en los que sumerge a su público, ¿cómo se enfrenta a la siguiente obra?
Frente a una botellita de vino y una tabla de quesos, rodeado de buenos amigos y conversaciones. Dejando que las ideas, como el aceite en un vaso de agua, despacito, despacito, salgan a flote.
¿Qué es el público?
Es un enorme dragón de muchas cabezas, un alma que se agita y que no se entiende bien dónde se radica.
¿Y los aplausos?
Son como el ruido del viento y el mar.
¿Por qué venir a Bogotá al Iberoamericano de Teatro?
Porque es una fiesta, un lugar de encuentro. Mis actores y yo estamos felices de poder reunirnos con el público.
¿De qué habla ‘Donka, una carta a Chéjov’, el montaje que presentará en el Festival?
De Chéjov, de su mundo, de su oficio como doctor, de ser capaz de sondear el alma humana y describirla con mucha sencillez. Habla de mi tierra, del invierno. Al final de cuenta mis espectáculos tienen trozos de mi barrio, fui a buscar a Chéjov bajo las hojas de mi jardín.
¿Qué elementos les encantarán a los asistentes?
Los italianos, suizos y rusos tenemos algo que se llama nostalgia, nos gusta llorar y reír. Viví mucho tiempo en Latinoamérica y descubrí que compartimos esa sensación con los latinos. La nostalgia no es mirar para atrás con tristeza, es la magnificación del presente. La nostalgia les va a pegar fuerte.
¿Le hace falta más locura al mundo?
No, ya tiene suficiente. Estamos desgraciadamente invadidos de locos. Nos faltan ternura, delicadeza y gentileza.
¿Qué heredó del cuarto oscuro de su padre, el fotógrafo?
Esa cuestión extraña de descubrir en la oscuridad que lo que parece verdadero no lo es.
¿Dónde habita la felicidad?
En los abrazos.
¿Qué lo divierte?
Hacer travesuras.
¿Qué lo enoja?
La falta de gentileza.
¿Cuál es la mejor compañía para la creación?
La naturaleza y los buenos compañeros de viaje.
¿El circo para qué?
Más que en el circo estoy interesado en los acróbatas. La acrobacia es un lenguaje profundo, es la revelación de ciertas cuestiones fundamentales que nos habitan. El circo es un lugar, la acrobacia es una forma de representar la vida, de luchar por ella.