¿Qué espectáculo presenciará hoy el público en el Auditorio León de Greiff de la Universidad Nacional?
Dos obras de dos gigantes de la composición, Mozart y Mahler. La obra de Mozart es deliciosa porque luce al pianista de una manera vistosa pero controlada, o sea clásica. Y Mahler trata de narrar un sentimiento muy profundo, un acercamiento a la muerte; en esta obra se luce el corno y la trompeta de una manera única.
¿Cuál es el espíritu de esta orquesta?
Es una orquesta alegre y llena de ganas de hacer las cosas bien. Hay un gran interés por hacer la música en su más alto nivel.
¿Y cómo ve a Colombia en cuanto a la música clásica?
Estoy maravillado con la actividad y el nivel de sus orquestas. Principalmente de la Filarmónica de Bogotá.
¿Cuál es el solista que más ha disfrutado dirigir?
La lista es infinita, pues he acompañado a cantantes de la talla de Plácido Domingo, Jessye Norman, Kiri Te Kanawa, Federica von Stade y Andras Schiff.
¿Cuántas orquestas tiene a cargo?
Cuatro. La Filarmónica de Bogotá, una en Buenos Aires y dos en EE.UU.
¿Qué le gusta de Colombia?
La gente, la alegría, la manera de disfrutar la música. Su historia es hermosa. Espero que algún día se conozca más sobre maravillas colombianas. Me encantan sus montañas, la cordillera de los Andes tiene una formación muy particular en este territorio que lo hace fascinante.
¿Qué director de orquesta admira ?
Pierre Monteux, fue el maestro de mi maestro, quien me guió por el sendero del estudio.
¿Cuál ha sido su mayor reto como director?
Ser nombrado a los 27 años director de la Ópera de México. Y cuatro años más adelante me llamaron para estar al frente de la Sinfónica Nacional de México.
¿Cuál concierto recuerda como el más grato?
Todos son importantes, por eso diría que es el último que acabo de hacer o el que estoy preparando para hoy.
Además del violín, toca piano, corno francés y percusiones, ¿cómo han influido estos instrumentos en su rol como director?
Son los grandes tutores de mi profesión. Me concentro en no sólo dirigir la orquesta sino también en tocarla.
Usted proviene de una familia de músicos clásicos alemanes, ¿qué le han aportado estas raíces?
Ha sido todo para mí, gracias a la enseñanza de mis padres y el ambiente musical que se ejercía en la casa todos los días es que soy músico.
¿Por qué llegaron sus padres a México?
Para trabajar en la orquesta del Teatro de la Ópera de México, donde, curiosamente, años más tarde fui director.
¿Qué tiene de alemán Enrique Arturo Diemecke?
La formación, el amor por el trabajo y la pasión por la música. Vivir para ella y no de ella.
Ha conocido muchos lugares del mundo como director, ¿cuál se le quedó en el corazón?
Cada lugar que conozco me roba el corazón, Colombia lo ha hecho cantidad de veces.
¿Es tan elegante como se ve en escena o es más descomplicado?
Amo y respeto la escena y el pódium, pero no hay que dejar de olvidar que uno es mortal.
¿Por qué no utiliza batuta?
En un viaje me perdieron las maletas en las que iban mis batutas, partituras y frac, y allí descubrí que podía tener un mejor contacto con la orquesta sin ellas, que podía tocar la orquesta y no dirigirla. La batuta es fría, no tiene vida, es un referente y nada más. Prefiero las cosas más humanas.
¿Cómo describiría el silencio?
No existe, sólo se encuentra en la muerte. El silencio de los mortales siempre está atravesado por un murmullo, un zumbidito que proviene de algo en movimiento.
¿A qué suena Colombia?
A contrastes. Bogotá con su altura suena a montaña cuando alcanza la noche, pero en un momento aparece la cumbia bulliciosa de las costas. Hay mucha energía de tierra caliente a los más altos decibeles.
¿Cómo siente la presión del público mientras está de espalda?
No la considero una presión, el público es parte del concierto. No sólo los que estamos en el escenario interrumpimos el silencio, sino también el público, con su respiración y los latidos de sus corazones que van al ritmo de la música. La única presión que existe es que no estén todos los lugares llenos. Eso nos parte el corazón de tristeza, no saben de lo que se pierden.
¿A qué suena Ciudad de México?
A alegría combinada con ruidos, cláxones, motores de autos y camiones.
¿Y Buenos Aires?
A tango triste y melancólico que en contraste es elegante y a la vez rudo. Es increíble.
¿Cuál es su compositor preferido?
Mahler
¿Qué hace en el tiempo libre?
Estudiar mis partituras siguientes y componer alguna obra.
¿Por qué es un director vanguardista?
Por llevar una programación que satisfaga todas las necesidades de quienes estamos en el fascinante mundo de la música y por tratar de llevar al escenario lo que más pueda del repertorio sinfónico existente.