¿Por qué quiere hoy hablar de la enfermedad que lo aquejó?
La Asociación Colombiana de Patología me invitó a contar mi historia con la hepatitis C para que los colombianos conozcan del virus y sus riesgos, sepan que tiene cura y quienes crean portarlo se diagnostiquen a tiempo.
Contrajo el virus en 1990 en una transfusión sanguínea que le hicieron para salvarle la vida luego de recibir una cornada . ¿Por qué sólo en 1992 se enteró de que tenía hepatitis?
Es un virus silencioso. El único síntoma que tenía era que me sentía muy cansado después de cada corrida. Le atribuí el agotamiento al número de salidas al ruedo, que para esa época podrían ser 100 por año. Pero en un momento a mi hermano le pareció muy anormal mi fatiga, me hicieron unos exámenes médicos y apareció el virus.
¿Qué le dijeron los médicos?
Desde el principio me aclararon que la hepatitis ataca el hígado, que se inflama, y de no ser atendido puede terminar en cirrosis, cáncer y en la muerte.
¿Y por qué siendo consciente de que estaba enfermo decidió recibir tratamiento apenas en 1999?
Fui irresponsable. En el 92 tenía que elegir entre torear, en el momento en que comenzaba a hacer una carrera importante, o retirarme para atender la enfermedad. Elegí el toreo, llevaba casi 10 años luchando por tener un lugar, por sacar adelante a mi familia, por cumplir mi sueño, y lo estaba logrando. En el 99, con 34 años y mi carrera consolidada, me retiré para curarme. Ya había una gran alerta, las consecuencias del virus podrían ser irreversibles.
¿Cómo alivió los cansancios para mantenerse en pie durante los años que no tuvo tratamiento?
Trataba de que las corridas no fueran casi todos los días y así descansar, porque en España y Francia había corridas todo el tiempo. Mientras los demás toreros salían al ruedo 100 veces, yo salía 60. Ya en el 99 el cansancio empeoró. Me quitaba el traje de luces y sólo quería meterme a la cama a dormir.
Fue allí donde comenzó el tratamiento, que en su caso duró año y medio…
Y fue duro. Muchos pacientes no lo aguantan. Los efectos secundarios son difíciles: la caída del pelo, la pérdida del apetito, un insomnio impresionante, unos dolores de cabeza terribles. A veces sientes que la cura es más difícil que la enfermedad. Pero invito a los pacientes a que no renuncien a esa etapa complicada, hay que perseverar, sirvo de testimonio de que es posible sanarse.
¿Qué tanto avanzó la enfermedad durante los nueve años que no la trató?
Los médicos se alarmaron porque el hígado había crecido muchísimo, me hicieron una biopsia para extraer un pedacito del órgano y ver de qué forma lo iban a tratar. ¡Esa fue la cornada más dura! Pero lo importante es que ahora estoy curado.
¿En algún momento le temió más a la enfermedad que a los cuernos?
Temí que me quitara la vida, le temí más que a una cornada. Pero mi mentalidad de triunfo me sacó adelante, de lo contrario la hepatitis me hubiera ganado la pelea.
¿Cómo describiría la lucha de su carrera como torero y la que tuvo en paralelo con la enfermedad?
Con el toreo luché por tener un mejor mañana, por sacar mi familia adelante y por saber que en la vida se deben tener objetivos importantes. Con la enfermedad luché por mantenerme vivo.
Una corrida que quisiera repetir.
La del 21 de mayo de 1991 fue la que me cambió la vida. Ese día me convertí en el primer torero colombiano que salía triunfante por la puerta grande de la Plaza de Las Ventas en Madrid. La comparo con el 5 -0 de Colombia a Argentina. Fue la primera de cuatro veces que salí por la puerta grande de esa plaza, un hecho histórico en la tauromaquia que ningún torero ha logrado.
¿Cómo taurino cedería a ver corridas donde al final no se mate al animal?
Las posturas radicales no son buenas. Hagamos lo que sea, pero no le hagamos daño al toro de lidia, no lo extingamos por quedarnos en la discusión de si existe o no una tortura, intentemos buscar alternativas. Si las corridas se acaban, ese animal no tiene ningún objetivo.
¿Como ganadero cree que terminarán por afectarlo unas futuras prohibiciones?
Con la prohibición en Cataluña nos dimos cuenta de que sí es posible que se tomen esas decisiones, de todas maneras los ganaderos también surtimos los “correbous” de los catalanes, que son los toros que salen a las calles y que están permitidos. Pero creo que hay cosas que deberían pensarse frente a este tema, por ejemplo que las ganaderías de lidia generan empleo. En Colombia hay más de 150 destinadas sólo a la crianza de toros, ¿dónde quedarían esas familias?, ¿qué pasaría con la infraestructura en la que se ha invertido?, ¿a qué se destinarían las plazas de toros?
¿Qué portada de revista recuerda con cariño?
Una lindísima de una revista colombiana que reseñaba ese día en Las Ventas. Le preguntaron al importante torero Pepe Dominguín qué le había parecido mi actuación y dijo: “Lo de César es como hablar con Dios y que Él te conteste”. Esa frase en primera página con la foto donde tenía la bandera de Colombia.... fue una alegría muy berraca.