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“Fui un escritor bastante precoz”: Juan Manuel de Prada

El literato español evoca uno de los capítulos de la vida de la religiosa que se enfrentó a la envidia y los celos de la princesa de Éboli en el siglo XVI en España.

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18 de febrero de 2016 - 11:36 p. m.
El escritor español Juan Manuel de Prada es abogado y columnista del diario “ABC” de España. / Cortesía
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Su nueva novela, “El castillo de diamante”, trata sobre santa Teresa de Jesús, una de las mujeres más importantes del cristianismo en España. ¿Por qué escribir sobre ella?

Hay un capítulo en la vida de ella que habla del enfrentamiento que tuvo con la princesa de Éboli. Fue una enemistad entre dos mujeres con rasgos semejantes, pero con formas distintas de ver el mundo. Mientras una de ellas buscaba el triunfo mundano, la otra buscaba un triunfo espiritual. La princesa admiraba a santa Teresa, pero la envidiaba porque ella tenía dones místicos.

¿Se podría considerar que el personaje de la novela, santa Teresa de Jesús, es similar a usted?

Sí, tiene mucho de mí. Soy una persona religiosa como ella y normalmente la gente tiene una idea de nosotros como personas estereotipadas, aburridas, cuadriculadas, y ella es todo lo contrario, es una mujer ocurrente, que provocaba desconcierto y que por eso tuvo muchos enemigos.

¿El libro está dirigido a un público con intereses espirituales o religiosos?

No. La novela puede ser leída por alguien que disfruta de la novela histórica, la literatura de personajes o la literatura del Siglo de Oro, pero no está dirigida a ningún público en especial. Aunque toca un tema religioso, no está dirigida a un público religioso. Lo que intento es humanizar a los personajes históricos de los cuales tenemos una visión de estatuas de mármol.

¿Qué tan religioso o creyente es?

Mi familia es muy católica, en especial mi abuela, que era una señora muy beata. De niño le leía las revistas de los santos, porque ella tenía problemas de catarata, y las historias de estos personajes me marcaron. En la adolescencia me volví a acercar a la religión porque no me gustaba el mundo en el que vivía; había una apariencia de libertad en la que la gente terminaba pensando lo mismo sobre muchas cuestiones. En este caso, G.K. Chesterton me marcó, porque tenía una visión muy luminosa, pero muy contraria de lo que se pensaba en esa época.

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¿Esa posición frente a diversas cuestiones lo puso en el ojo del huracán cuando en su columna “Nos vemos en el matadero”, publicada el año pasado en el diario “ABC” de España, mencionó que le dolía que las 129 víctimas de los ataques en París murieron sin rezar a Dios porque no creían en él?

Fue una frase que sacaron de manera burda del artículo. Lo que yo decía en la columna es que, lamentablemente, Europa no tiene una manera de defenderse, porque ha creído que la mejor manera de combatir un fanatismo religioso es privar a la gente de la religión. Ese artículo era una crítica al laicismo, que es el mejor cómplice del islamismo. No existe civilización sin religión y las civilizaciones, cuando desaparece la religión que las fundó, no se mantienen sin religión, sino que llenan ese hueco con otra religión.

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Continuando con su formación en la escritura, ¿qué escritores influyeron en su narrativa?

El primer escritor que me deslumbró fue Edgar Allan Poe, así como Fiódor Dostoievski, porque a través de él descubrí realidades dolorosas. En la adolescencia, cuando empecé a escribir cuentos con una pretensión más literaria, me marcaron Borges y Cortázar.

¿A qué edad se inició en la escritura?

La escritura siempre ha estado conmigo, como los libros. Mi abuelo me enseñó a leer y escribir a los dos años, justo cuando estaba aprendiendo a hablar, lo que marcó una distancia respecto a mis compañeros. Fue bueno porque me ayudó a descubrir mi pasión por la literatura, pero malo porque me marcó el carácter, me hizo más retraído, más tímido, porque sentí el choque con los niños de mi edad.

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Se anticipó a su realidad.

Sí. Cuando tenía 12 años un profesor me descubrió leyendo Cien años de soledad y llamó a mis padres para decirles que no era una lectura adecuada para mi edad. Quizá sí era acorde a mi edad mental, porque la lectura me había introducido en realidades que aceleraron mi crecimiento.

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¿Y por qué, si le gustaba tanto la literatura, estudió derecho?

Un escritor no debe estudiar literatura, porque los secretos de la literatura se pueden descubrir de manera intuitiva. Es como cuando te enamoras de una chica, tú no quieres leer sus análisis de sangre o saber si tiene diabetes, lo que quieres es amarla de una manera directa y simple. Así que estudié derecho, porque la formación jurídica le ayuda al escritor a hacer contrapeso. Nunca ejercí la carrera, porque tuve la suerte de publicar mi primer libro a los 24 años y ahí me encaminé. Fui un escritor bastante precoz.

Pero ¿siempre se ha interesado por los personajes virtuosos y beatos?

No. Tengo una pasión por los perdedores, los bohemios, los borrachos, los locos, porque pienso que de alguna manera son personas más verdaderas, porque no disfrutaron del éxito.

¿Llevaría alguno de ellos a la pantalla grande?

Ya hicieron una versión horrorosa de mi novela La tempestad. Hay una regla casi infalible y es que se suelen hacer películas muy malas de las grandes novelas y de las novelas malas siempre hay grandes películas. Por ejemplo, las películas de John Ford están basadas en noveluchas de quiosco de una calidad ínfima, sin embargo, no existe una película sobre El Quijote de La Mancha o sobre Cien años de soledad.

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