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“Fui una oveja negra” : Jimmy Vásquez

En su más reciente montaje, en formato de monólogo musical, el actor cucuteño asume varios roles, entre ellos el de un antipastor. Se formó en teatro, pero con sus personajes en televisión ha logrado destacarse en un medio competido.

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25 de mayo de 2016 - 07:25 a. m.
Jimmy Vásquez, quien ganó el concurso “Tu cara me suena”, asegura que la música es su mayor frustración. / Casa E
Jimmy Vásquez, quien ganó el concurso “Tu cara me suena”, asegura que la música es su mayor frustración. / Casa E
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¿Qué es “Autosuperashow”?

Es una comedia negra en la que venía trabajando realmente hace cuatro años, cuando empecé a exorcizar esas emociones guardadas a partir de ese virus que empezó a contagiar a todo el mundo sobre la autoayuda y superación personal. En ese momento se volvió censura social, un motivo de juicio, porque era casi una obligación decir: “¿Cómo estás? ¡Muy bien, mejorando, subiendo, escalando, proyectando!”, y se empezó a crear una especie de castración el hecho de poder manifestar cómo te sentías realmente.

¿Cómo fue la construcción de esta serie de personajes que interpreta?

No puedo darle garrote a nadie si no me doy garrote a mí mismo, entonces lo que hago es burlarme un poco de mí, con varios personajes previos a El antipastor, en los que aparecen personas muy importantes en mi vida.

¿Cuáles son esos personajes?

Mi mamá, que hizo bien su labor de madre, pero se comportaba como una mamá de provincia, pegada a una novena, un rosario, fervorosa creyente, pero me dio juete berracamente. Otro de los personajes es mi abuelo, un godo recalcitrante que no fue respectado por lo que era, sino por lo que tenía; mi abuela materna, que no fue tan buena mamá, pero vivió feliz sin que la vida le cobrara lo que hizo.

¿Cómo decidió darle vida a esta obra?

Fue un día en el que mi esposa me dijo: “Oiga, y usted cuándo va a sacar esto, no lo siga dilatando”. Y entonces me senté con un director a revisar el material del que salieron 3 horas y 40 minutos, obviamente tocó echarle tijera. Contratamos a un dramaturgo, definimos el texto y empezamos a ensayar.

¿Cómo se le ocurrió ponerle música a este monólogo?

La música es como una frustración que tenía desde hace muchos años. Tengo claro que no soy cantante, pero quise introducirla en esta obra y lo logré.

¿Este montaje se puede resumir como la creencia de comprar la felicidad?

Es muy chistoso. Casualmente fuera del teatro me encuentro todo el tiempo con personas que les pasa lo mismo, no soy el único que se ha dado cuenta de esas carencias. Tenemos a nuestros hijos aquí al lado, pero estamos subiendo fotos todo el tiempo con frases como “amo a mi hijo”. Pero, ¿por qué no sueltas el celular y lo abrazas? ¿Por qué no le das un beso y hablas con él? ¡Hombre!, la respuesta la tenemos en la familia, en los amigos y en muchas cosas pequeñas.

En estos años de historia teatral, cine y televisión, ¿de qué se arrepiente?

De muchas cosas, como perder tiempo en asuntos que realmente no tenían ningún sentido, de personas que no valían la pena, no haberme arriesgado, no haber viajado más, no seguir estudiando. Siento que a veces perdemos el tiempo en muchas cosas, la vida es muy corta y hay que aprovecharla.

¿Cómo fue su experiencia en el concurso “Tu cara me suena”?

Inicialmente aprendí que puedo trabajar bajo presión, a dominar el miedo, a manejar la neurosis por la perfección. En este programa adquirí conocimiento, el entrenamiento era muy duro. La verdad, nunca imaginé que me iba a ganar ese concurso, otras personas apostaban por mí, pero yo no, sólo intenté llegar a la final porque me enamoré profundamente de los niños de la fundación que apadriné.

¿Qué recuerda de su niñez en Cúcuta?

Algo que tengo muy marcado en mi mente son las mesitas con cajoncitos donde las personas cambiaban bolívares con una arma en la pretina del pantalón y otra puesta sobre la mesa, y el fajo de billetes en la mano, hoy pienso en eso y me pregunto cómo era posible eso, pero también recuerdo una niñez con mucha libertad, en la calle, de juegos, ensuciándonos.

Si lo suyo es la actuación, ¿por qué empezó a estudiar comunicación?

Fui la oveja negra. Sí, estudié artes escénicas, pero en ese momento cerraron los cursos y mi hermano médico, que era el niño de mostrar en la casa, le contó a mi mamá que andaba perdido en Bogotá y le dijo que iba a caer muy hondo con los vicios y demás. Entonces mis papás comenzaron a decir que buscara una carrera y se me ocurrió estudiar algo afín con lo que me gustaba.

¿Cuál fue su primer trabajo como actor en Bogotá?

Hicieron un casting en la escuela donde estaba estudiando actuación y me lo gané gracias a mi experiencia con obras pequeñas en las que participaba en Cúcuta. Hice tres capitulitos en una serie de Colombiana de Televisión que no vio nadie en este país (risas). La espada y la serpiente, en la que me fue muy mal, me regañaban todo el tiempo, me sentí estúpido.

¿Qué encuentra en el cine que no hay en la televisión y el teatro?

Lo atractivo del cine es el proceso de investigación y la construcción de los personajes.

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