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“Hago el cine que me gusta ver”: Adrien Bodry

El actor habla sobre la repercusión del Oscar, el beso con Halle Berry y la fama.

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Fabián Waintal / Los Ángeles
14 de agosto de 2010 - 03:45 a. m.
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Roman Polanski de alguna manera permitió catapultar la carrera de Adrien Bodry cuando lo llamó para interpretar la vida de un pianista judío en medio de la ocupación nazi de Varsovia en la película El pianista. Aprovechando la herencia de su abuela polaca y las anécdotas de su propia madre, quien también se había escapado de Hungría durante un levantamiento en contra de Rusia, Adrien terminó siendo el único actor norteamericano que ganó el Premio César, en Francia. Con la misma película, además lo nominaron al Oscar como Mejor Actor, en una difícil categoría donde él era el único que nunca antes había ganado el premio, frente a otros grandes como Jack Nicholson, Nicolas Cage, Michael Caine y Daniel Day Lewis. Con apenas 29 años, ningún otro actor incluso había ganado en esa misma categoría tan joven. Las probabilidades no lo favorecían, pero resultó ser la gran sorpresa de la noche, cuando Halle Berry abrió el sobre para coronarlo como el gran ganador del Oscar. Y demostrando un evidente entusiasmo, con un apasionado beso que le dio a la mismísima Halle Berry, Adrien Brody ganó la mejor fama de seductor, al mismo tiempo que se consagraba como uno de los mejores actores de su generación.

A este éxito se le sumó su participación en la película King Kong, que recaudó más de US$550 millones. Ahora llena la pantalla grande desde la superproducción Depredadores, y con la película Manolete que protagoniza al lado de Penélope Cruz, sobre la vida del celebrado torero.

¿Le gusta que lo comparen con De Niro o Al Pacino?

Obviamente es un honor. A la gente le gusta colocar etiquetas para identificar algo que tenga sentido para ellos. Y en el calibre de actuación que había en los años 70, se destacaban personas como ellos. Físicamente no nos parecemos, pero en la primera crítica que recuerdo cuando era jovencito, en un festival de Sundance, publicaron que tenía la misma intensidad que un joven Pacino o De Niro. No me voy a olvidar nunca y todavía me acuerdo del periodista que lo escribió, porque ese comentario para mí fue un gran honor.

¿Quién fue el primer famoso que conoció personalmente?

La primera vez había identificado a una estrella de cine con alguien que me parecía conocido. Es algo que pasa muy a menudo. Te paran para saludarte y de pronto se dan cuenta de que realmente no te conocen. Y yo hice lo mismo, en un aeropuerto de Los Ángeles, con Arnold Schwarzenegger, hace 15 años atrás. Cuando lo vi me parecía alguien muy familiar y en el segundo que lo saludé me di cuenta de que no lo conocía para nada. Fue algo muy extraño que también experimento con otras personas que me saludan.

¿Cambia en algo el trabajo como actor en una superproducción en comparación con las películas más íntimas?

Uno sigue teniendo la responsabilidad de lograr que cada momento sea lo más verdadero posible. Cuando hice King Kong pensé que me iba a divertir muchísimo, pero resultó increíblemente difícil porque tuve que trabajar más para conseguir el nivel de miedo o la adrenalina en medio de una situación que básicamente no existía. Y esas son las cosas que también mejoran al actor.

¿En la película ‘Depredadores’ fue igual?

Fue muy especial, porque volvieron a los efectos prácticos, con un estilo de cine donde usaron ciertos elementos de la clásica pantalla verde (donde después agregan efectos por computadora), pero interactué con depredadores de dos metros. Y dentro de ese depredador había un actor que recreaba un personaje dentro de su disfraz. ¡Todavía tengo rasguños en el cuello! Tenían ojos y una mandíbula que se movía por control remoto. Estaba viendo algo que realmente me intimidaba. Fue más fácil. Estaba en un estudio bajo fuego, el humo me entraba por los pulmones, la atmósfera era muy diferente. Pero enfrento todos los trabajos con la misma dignidad que impuse en otro estilo de películas como El pianista o The Jacket. Trabajo mucho antes de cualquier rodaje.

¿Pasó por un proceso especial de investigación para esta película?

Sí. Pasé bastante tiempo considerando la forma de pensar del militar, un hombre que pasó su vida en cierto estilo de entrenamiento militar. Y aunque se trata de una película de puro entretenimiento, hay que buscar la verdad en cada situación.

¿El tamaño del trabajo no varía con los millones que le pagan por una película?

 Es irrelevante. Jamás acepté una sola película por lo que me pagaban. Sólo trabajo en algo que me llega o pasa por un viaje que quiero recorrer, con ciertas personas que admiro, en algo que tenga un impacto positivo para mi vida, mi carrera y el público. Hago el cine que me gusta ver.

¿Es difícil encontrar hoy en Hollywood roles como el de ‘Manolete’ o ‘El pianista’?

Todo depende. Creo que hay roles magníficos, pero no sólo hay que estar bien físicamente y disponible cuando te llaman, también hay mucha competencia, como en cualquier profesión. Los más grandes roles van a los actores top y no siempre se basan en quien se merece el trabajo; hay otros factores en juego. Por eso, hay algunas joyitas, pero precisamos trabajar para encontrarlas. Y desafortunadamente no hay tantas como uno piensa, por eso tampoco hay tantas películas brillantes en el cine. Pero hay buenos roles. Recién termino de trabajar con un director que debuta en cine con una película que se va a llamar Wrecked, para el año próximo, y es uno de los guiones más fantásticos y originales que he leído. El rol es increíble, la historia es muy rara.

¿Cuál cree que sea el concepto más equivocado que tiene la gente sobre usted?

A mí me gusta experimentar y me encanta trabajar en géneros diferentes, pero a veces me parece que cuestionan mi sentido del humor para hacer comedias. Por eso agradezco que directores como Wes Anderson hayan creído que podía entrar en ese mundo, pudiendo trabajar con actores como Owen Wilson, quien es increíblemente gracioso. Pero ya lo ves, ahí existe un concepto ciertamente equivocado.

¿Aquel beso de Halle Barry fue una broma o una expresión natural?

No fue una broma, pero llevaba cierto sentido del humor adentro. Es lo que quise mostrar. Obviamente no fue un chiste, pero en esa sala siempre hay una extrema cantidad de amor y estaba en un lugar perfecto. Era una oportunidad que no podía dejar pasar, no fue más allá de querer disfrutar el momento.

¿Volvió a encontrarse después con ella?

Ah, sí, no resultó ningún problema para nadie.

¿El Oscar cambió su vida realmente?

Ese preciso momento cambió mi vida más que 17 años de actuación que había tenido antes. Es algo muy difícil de describir en un par de oraciones. Significó mucho tanto para mi carrera como para mi vida personal, aprendí muchísimo. Mi padre lo describió mucho mejor: “Se necesitan 15 años para tener éxito de la noche a la mañana”. A mí me tomó 17, pero realmente cambié de la noche a la mañana. La vida se volvió diferente, la percepción de la gente cambió y ajustarme a las circunstancias resultó bastante complicado, pero increíblemente positivo. Tampoco significa que se terminaron mis sueños o mis aspiraciones por hacer un buen trabajo. Simplemente que soy lo suficientemente afortunado de haber sido bendecido por un sentido de reconocimiento, por algo donde invertí mi energía creativa. Todos buscamos cierta clase de aprobación. Y el Oscar me liberó de esa necesidad, me permitió jugar más libremente con mi trabajo. Ya no tengo que comprobar nada y eso es algo remarcable.

Por Fabián Waintal / Los Ángeles

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