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Hassam se puso serio

Siempre supo que tenía cualidades para el humor, pero solo se decidió a explotarlas cuando una de sus alumnas del colegio La Esmeralda, en Bogotá, lo confrontó.

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Redacción Vivir
06 de julio de 2014 - 02:00 a. m.
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El barrio Santa Inés es un viejo y concurrido conjunto de casas enclavadas de manera improvisada sobre los cerros surorientales de Bogotá. Como todos los grupos habitacionales de los arrabales capitalinos, solo figura en los registros oficiales y en los medios de comunicación por problemáticas asociadas a los desajustes sociales del país. Problemas de pandillismo, microtráfico, carencias en la cobertura de servicios públicos y, en general, falta de presencia estatal.

En ese contexto fue que nació, creció y se hizo célebre el humorista Gerly Hassam Gómez, quien gracias a su talento logró hacerle el quite a la violencia del sector, la misma que se llevó a varios de sus amigos cuando no había llegado aún a los 17 años. La que se enseñoreaba en la zona con todo tipo de apellidos: doméstica, infantil, armada, etc.

¿Cómo fue que en medio de ese ambiente él logró hacerse profesional en lenguas modernas (está pendiente del título), ejerció como docente y luego se volvió famoso? Hassam cree que fue gracias a la educación que recibió en su casa, a la rebeldía y el inconformismo que lo caracterizaron desde niño y a que no quiso escoger el camino corto para obtener sus metas. Prefirió ser vendedor de calzado en el centro de Bogotá, mensajero y hasta ayudante de bus.

Locuaz, dicharachero y a pesar de ello extremadamente cauteloso para no agredir a los demás, dice que más que un gran creativo es una persona que replica con sus personajes las características de ese mundo en el que vivió de niño y que sigue siendo el mundo de millones de colombianos.

La infancia en un barrio popular tiene muchas carencias, pero también grandes ventajas. ¿Qué recuerda de su niñez?

Soy hijo de Santa Lucía Gómez, ella fue mamita soltera, se casó con Eduardo Ordóñez y ellos tuvieron cuatro hijos más, tengo cuatro hermanos: Andrea, Andrés, Javier, Sergio; soy el mayor de ellos, estudié en el colegio Tomás Rueda Vargas, me gradué de bachillerato arriba, en Los Alpes, porque fui muy difícil. Siempre fui como muy rebelde en las cosas de las normas y tuve una infancia absolutamente normal. Jugué en la calle, las cosas que se juegan en un barrio popular.

Un recuerdo feliz de esa época.

Jugar con mis hermanos, incluso cuando entré a la universidad jugaba con ellos y los hacia reír, porque siempre tuve la facultad de estar inventando, creando cosas. Podíamos jugar toda la bendita tarde hasta que llegaba mi mamá a regañarnos porque no habíamos hecho nada.

Un recuerdo triste.

Las necesidades de una casa con cinco hijos. No había muchas veces lo suficiente para suplir las necesidades de todos, pero dentro de la precariedad siempre hubo ese deseo de salir adelante y así como hubo noches que se acostaba uno aguantando hambre, también hubo días donde podía compartir en familia. El recuerdo triste seria básicamente no tener lo que siempre se quiso, me frustra un poco.

¿Cómo era la Navidad en el barrio?

Llegaba el vecino y como era un callejón, sacaban bafles de punta a punta. 24 y 31 la fiesta era desde las 12, que uno celebraba en la casa, hasta las 6 de la mañana. En la casa comíamos y nos reuníamos. No recuerdo haber tenido cena navideña, no hubo mucho esa noción del regalo. No nos criaron así, pero cuando podían siempre tenían detallitos para cada uno. Siempre hubo necesidad y cuando uno no tiene la culpa siempre hay una represión, no fueron buenas navidades.

Y si las navidades no eran tan especiales, ¿qué era realmente grato?

Los amigos y el esfuerzo de mi mamá por darme las cositas que alcanzaba.

¿Y quiénes eran sus amigos?

A muchos, hasta mis 17 años los perdí, porque el barrio era complicado. Había pandillas, drogas, problemas. Muchas veces amanecía un muerto y era alguien con el que yo había jugado fútbol. Después viene otra tanda, con algunos tengo contacto: Eliécer, el Negro, William, Abeja, Orejón, Chucho, ese era el parche. Jugábamos toda la tarde baloncesto.

Los creativos generalmente hablan de lo que los rodea. ¿Qué tanto de su mundo hay en sus personajes?

En el género de la comedia he visto muchas veces que la gente utiliza experiencias externas y las cuenta, y es válido. Me refiero básicamente al caso de la gente que tiene un libretista, un guionista, o alguien que le escribe y le dice: “mire, esta es la línea, interprétela’. En el caso mío, y sé que también hay muchos que lo hacen, uno crea a partir de su propia experiencia y ahí se vuelve mas cotidiana la cuestión.

Por Redacción Vivir

 

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