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Historias con recuerdos de verdad

Con un formato acústico, similar al del registro, la artista española cantó parte de su nuevo material, en el que se destacan versiones de temas de Ernesto Lecuona, Fito Páez, Abbey Lincoln y composiciones propias.

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Juan Carlos Piedrahíta
28 de agosto de 2013 - 03:00 a. m.
La española Concha Buika dice que no hay crisis en la música, porque tanto los artistas como el público están haciendo bien su labor.   / Cortesía Warner Music
La española Concha Buika dice que no hay crisis en la música, porque tanto los artistas como el público están haciendo bien su labor. / Cortesía Warner Music
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A Concha Buika le gusta la rotundidad del ruido y se siente a gusto con la grandiosidad del silencio. Con lo que nunca ha podido coexistir es con los intermedios, con las medias tintas, que no son ni dulces ni saladas. Los grises le causan infinita desconfianza y prefiere saber a qué atenerse con la vulnerabilidad del blanco o con la profundidad del negro. Ella domina esos escenarios extremos y gracias a su complicidad es que ha podido cantar, componer y recrear toda clase de historias a través del empleo de este arte, que para ella es inmensamente superior a cualquier intención humana.

La artista española, cuyo nombre real es María Concepción Balboa Buika, canta por recuerdo. Muchos de los temas que interpreta rondan por su cabeza desde que era niña y eso es lo que intenta buscar cuando está ante el micrófono. Ella no es de buscar información y se llena con todas las versiones que se han podido realizar de un tema. La que tiene en su mente, la reproduce y se llena de convicción porque sabe que nadie puede sentir las cosas de la misma manera en que ella las experimenta.

Cuando Concha Buika toma una versión no aborda la historia de otro, más bien la siente como propia. Ella también pasó por lo que está relatando la letra y eso la hace, de alguna manera, coautora. Agradece, eso sí, que el compositor la haya escrito y que se haya atrevido a manifestar algo muy personal, pero por fortuna se dio a la tarea de retratar lo que les pasa a muchos seres humanos. La artista cree que estamos llenos de los mismos estúpidos secretos. Por eso, cuando ella interpreta una versión no piensa en que viene de una pluma ajena, sino en su existencia.

“Los temas vienen y van y son ellos quienes te escogen. Hubo algunos que quería para que hicieran parte de un próximo álbum, pero hubo otros que aparecieron debido al momento histórico que estamos viviendo en el mundo. Eso fue lo que sucedió con Yo vengo a ofrecer mi corazón, de Fito Páez. Creo que en una época tan compleja, soltar una frase tan maravillosa como ese título, que representa decirle a todo el mundo ‘estoy aquí con el alma’, es algo de mucha generosidad que puede involucrar a cualquier artista”, comenta Concha Buika, quien tiene ancestros en Guinea Ecuatorial.

En su más reciente trabajo discográfico, La noche más larga, la española incluye versiones de temas tradicionales de Ernesto Lecuona, de Dino Ramos, de Roque Narvaja y de Abbey Lincoln, entre otros autores, aunque también incorpora composiciones propias, en las que tiene el respaldo acústico de un piano, un contrabajo, percusión menor y en algunas oportunidades, aparece una trompeta con sordina.

“A la música hay que tratarla con sinceridad, no con pretensión. La música manda. En el álbum fuimos sinceros con el sonido. Composición es aprender a escuchar lo que está en la oscuridad y sacarlo a la luz. No es arbitrariamente escoger que van palmas, piano y cajón. Si un artista intenta estar por encima de sus canciones, no va a lograr nada”, dice la artista, y además manifiesta que al sonido no hay necesidad de vestirlo. Para ella, eso de que a la música es necesario adornarla es más que una falacia. Según las palabras de la española, no hay nada más bello que una simple nota con toda su verdad. Por eso, Concha Buika no es víctima de la aprobación de los demás, y hace lo que le va indicando cada tema.

La cantautora, que debutó en el mercado discográfico con Mestizüo, en 2000, y empezó a tener reconocimiento internacional con los registros Buika (2005) y El último trago (2009), no quiere saber por qué hace así su música. Ella entiende el arte sonoro como una realidad aplastante que tiene mucha historia, y Concha Buika tan sólo aterrizó en el mundo hace 40 años, cuando las notas ya existían y tenían varios kilómetros recorridos. Para ella es un privilegio que le permitan morar en sus celdas, pero la música está por encima de cualquier artista.

“Los seguidores no esperan nada de ti. Creo que todos somos una tribu de locos que nos juntamos para hacer música y para disfrutar del arte, pero estoy muy lejos de estrellas, planetas y esas cosas. Las estrellas brillan, pero no dan calor y yo necesito de eso porque soy humana. Al guitarrista estadounidense Pat Metheny, quien participa en este álbum, por error le llegó uno de los temas que yo compuse en mi casa con mi piano y mi bajo. Él me escribió diciéndome que quería hacer algo conmigo y nos pusimos de acuerdo. Esa experiencia me ayudó mucho a valorar mi percepción sobre la armonía, que es la percepción de un humano, no de una estrella”, afirma Concha Buika, quien dice que el jazz, uno de sus género favoritos, es la llave de su propia celda, porque la libertad en la música y en muchos escenarios, simplemente, no existe.

La española no suele tener mucha consciencia de hacia dónde viaja cuando canta. Es una especie de pacto tácito en el que jamás recuerda lo que pasa sobre el escenario, ni sabe muy bien con qué expresión se refirió a tal canción. Sabe que es un trance particular que la lleva, incluso, a componer una ópera, con movimientos y arreglos, de la que no tiene escrita ni una línea pero es capaz de entonarla de principio a fin.

“En el mundo de la música sólo hay dos instituciones que son soberanas: el pueblo y los artistas. Todo lo demás es intermedio. Mientras nos sigamos juntando para cantar y escuchar, la crisis no progresará. Se habla de crisis musical y es por la quiebra de las disqueras. Pero los importantes, los artistas y los artesanos, estamos en permanente comunión”, concluye Concha Buika. Ella con su música se la juega por un pacto de paz, ruidoso o silencioso no importa, pero pacífico.

jpiedrahita@elespectador.com

Por Juan Carlos Piedrahíta

 

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