Jaime Garzón: 21 años sin su risa

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El 13 de agosto de 1999 el humor político en Colombia perdió a uno de sus máximos representantes. La violencia se llevó su genialidad y le dio paso a una leyenda alimentada por el recuerdo de sus personajes. Repasamos algunos de los más emblemáticos.

En este país en el que pasan todos los días cosas graves, pero muy pocas veces ocurren cosas serias, el humor termina siendo una válvula de escape en la que se evidencia el sentir popular. A través de su empleo se develan verdades, se ocultan mentiras y se omiten realidades.

En ese trabajo sucio de enrostrar lo que está pasando, de reflejar lo que se quiere poner tras un velo, Jaime Garzón era un maestro. Pocos como él asumieron con valentía lo que se conoce como humor político. Una minoría logró cambiarse el chip del mamagallismo nacional, caracterizado por del chiste costumbrista, por la exhibición de una postura frente a una realidad cruda.

Con el humor político se evalúa el pasado porque los países que olvidan su historia están condenados a repetirla; se analiza el presente porque no son ajenos a la coyuntura y, a veces, se logra adelantarse al futuro, tal como lo hizo Garzón con su personaje de Godofredo Cínico Caspa, el reconocido editorialista de QUAC, el Noticero, un abogado tinterillo con tendencias de ultraderecha con el que Garzón esbozaba sus conocimientos en la rama de la jurisprudencia.

Que orgullo patrio sentí al ver la revista esta semana, que trae en la tapa al pacifista y cooperativo dignísimo gobernador de Antioquia, doctor Álvaro Uribe Vélez un hombre de mano firma y pulso armado, líder que impulsa con su aplomado cooperativismo pacificas autodefensas, y él iluminado en los soles de Faruk, ha dado en llamar convivir. Acierta la revista Semana, en cabeza del dirigente vástago de César Gaviria, al proyectar sobre el escenario nacional a esta neolumbrera neoliberal de esta nueva época, caray, es que a Álvaro le cabe el país en la cabeza, él vislumbra todo este gran país como una zona de orden público total, es decir, como un solo convivir, caray, en donde la gente de bien por fin podamos vivir de la renta en paz, como debe ser, y él será quien por fin traiga a los redentores soldados norteamericanos quienes humanizarán el conflicto y harán de Uribe Vélez el dictador que este país necesita. Buenas noches”.

Con sus personajes, algunos reales, otros ficticios y muchos extraídos de su propia cotidianidad, Jaime Garzón recorría el país político como nadie. Los caricaturistas colombianos mostraron el camino en las páginas de los principales diarios, Vargas Vil le puso voz a la crítica con imitaciones agudas, pero fue este hombre de lentes quien logró descifrar los beneficios del lenguaje audiovisual para el buen humor.

Nuestra televisión empezó a burlarse de su propia realidad con Zoociedad (1990 - 1993), aunque Garzón tuvo antes una fugaz aparición en el desaparecido Noticiero de las 7. Este magazín se debatía entre temas banales y asuntos ‘serios’, y con la presentación de Emerson de Francisco y Pili (Elvia Lucía Dávila), los argumentos de John James Orozco, Rafael Chaparro, Karl Troller y Eduardo Arias y la dirección de Francisco Ortiz, este espacio comenzó a cuestionar los valores que se estaban emitiendo por los canales nacionales y puso sobre el tintero la excesiva figuración de los comunicadores que se consideraban verdaderas divas de la pantalla chica.

Antes de asumir este reto de Zoociedad y durante algunos meses de su realización, Jaime Garzón participó activamente en la Asamblea Nacional Constituyente en 1991, que tuvo a su cargo la gestación de la Nueva Constitución Política de Colombia y también lideró el proceso de traducción de esta nueva carta magna a las distintas lenguas indígenas de nuestro territorio, lo que mostró su cercanía con el poder. Así, Garzón, hacía mofa de los políticos desde adentro, desde su mismo círculo.

Esa misma época fue propicia para el nacimiento de espacios radiales como La Luciérnaga y La Zaranda que con muy buenos imitadores colonizaron las tardes de los oyentes. La extraña mezcla de la realidad y la fantasía surtió el éxito esperado tanto en radio como en televisión y Jaime Garzón, una vez más, era el abanderado de esta fórmula. Quac, el Noticero (1995 - 1996) se convirtió en el verdadero termómetro en el que se diagnosticaba la temperatura del acontecer nacional. El sonado proceso 8.000 fue un verdadero manjar para el equipo creativo de este programa.

Aprender a reírse de uno mismo es el primer mandato para ser humorista y en un acto de verdadera honestidad, Garzón se despojó de su caja de dientes recién hecha, para personificar a Heriberto de la Calle, un lustrabotas que se codeó con los personajes más influyentes de la política y la farándula en Colombia. Su irreverencia se intensificó y se volvió el entrevistador más agudo de la televisión. CM&, Noticias Caracol y Radionet tuvieron dentro de sus nóminas a este hombre mal trajeado, algo grosero y muy sincero, que le sacaba brillo hasta al interlocutor más opaco.

Una vez más Jaime Garzón era el generador más influyente de opinión en Colombia. Entre chiste y chanza tenía a los políticos en sus manos y sí que sabía sacarles provecho. Toda esa herencia irreverente no tiene en la actualidad un destinatario definido, el humor político se remite a los caricaturistas, a algunos youtubers y a los espacios de opinión y entretenimiento de la radio. Los colombianos jamás han estado huérfanos de esta forma de hacer reír, pero siempre harán falta el carisma y la magia de Jaime Garzón.

Su muerte, el 13 de agosto de 1999, a manos de los paramilitares, dejó en proyecto a su personaje de Bolívar con el que le sacaría punta a la realidad de un país al que siempre le pasan cosas graves, pero nunca cosas serias.

Otros personajes inmortales de Jaime Garzón

Dioselina Tibaná

Fue durante la época de Quac, el Noticero la cocinera de palacio. Era tan chismosa que contaba intimidades de sus patrones: el presidente Ernesto Samper Pizano (‘El Doctor Gordito’) y la señora Jacquin Strauss de Samper (con todo respeto). Tenía una olla a la que iba echando toda clase de condimentos y con su acento del interior del país ponía el dedo en la llaga.

Néstor Elí

Era el portero del Edificio Colombia en el que habitaba, según él mismo, toda la fauna de la realidad nacional. Una de sus frases célebres fue: “En este país se nos llevan a los inteligentes y nos devuelven mulas”. A través de una persiana se encargaba de contar quién subía y quién bajaba en el ascensor.

Inti de la Hoz

Era la joven reportera del Quac, el Noticero. Con su acento gomelo tenía la misión de imprimirle al informativo una visión más ‘light’. Algunos de sus compañeros eran: William Garra, William Farra y William Narra, comunicadores que cubrían política, sociedad y deportes, respectivamente, mientras que Frankenstein Fonseca hacía la crónica roja.

Imitación a políticos

Personajes de la política como César Gaviria, Andrés Pastrana, Álvaro Gómez Hurtado, Belisario Betancur, Julio César Turbay Ayala, Antonio Navarro y Ernesto Samper Pizano hacían parte del interminable repertorio del humorista.

Heriberto de la Calle

El ilustre embolador bogotano que, mientras brillaba el calzado de sus invitados, los personajes más importantes de la política y la farándula nacional, les decía todas verdades en la cara. Algunas veces los regañaba y hasta utilizaba groserías que nadie se atrevió a censurar en un tiempo en el que no se acostumbraban expresiones de grueso calibre en los medios audiovisuales de corte nacional. No tenía dientes, pero sí muchas agallas para salir adelante.

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