6 Feb 2020 - 2:00 a. m.

Javier Gómez Santander, la pluma de “La casa de papel”

El escritor y periodista español habla sobre la cuarta temporada de la exitosa serie de Netflix y profundizó en el concepto de justicia social.

Pedro Mendoza / Cartagena de Indias.

Javier Gómez Santander es el escritor de la exitosa serie La casa de papel que emite Netflix. En abril estrena su cuarta temporada y solo él sabe qué pasará.

Todo le ha sucedido en España. Su país ha sido su principal inspiración. Es periodista de formación, hizo radio, fue redactor y presentador de un programa político en televisión. Del oficio en las salas de redacción aprendió a ser firme en sus posiciones sobre la justicia y la equidad.

Le gusta el calor de Cartagena, su gente y el mar de García Márquez. Considera que las nuevas maneras de ver televisión son importantes para comprender el mundo y que la televisión tradicional “tiene que seguir creando”.

El Espectador habló con este guionista creador de los personajes con máscaras de Dalí, overoles rojos y camisetas negras. Fue uno de los invitados al Hay Festival Cartagena. Cuenta que hace ejercicio para mantenerse contento, escribe escuchando música clásica, reguetón, rock y Bella Ciao, tema de la serie que es sinónimo de lucha social. (Le puede interesar: El error de "La casa de papel 3" que indigna a sus fans)

“Siempre intento decir: venga, voy a madrugar y escribir, y lo cierto es que me cuesta muchísimo, me gustaría, y tengo amigos editores que también les apetecería que escribiese”, sostiene mientras ajusta el paquete de cigarrillos que está en la mesa. “A mí me gusta escribir literatura para literatura y audiovisual para audiovisual”.

Más adelante recuerda su paso por el periodismo. “No hay un lugar comparable a una sala de redacción, el mejor del mundo, llena de periodistas. Tiene un pulso de vida que no encuentras en otro lugar. Es lo que más echo de menos. Sigo conversando con mis amigos y donde hay periodistas voy, porque es donde más me gusta estar”.

La casa de papel literalmente parece que va a necesitar más máscaras. Más de 34 millones de usuarios se conectaron para la tercera temporada, que fue un éxito. Los seguidores ya quieren que sea abril y ver la nueva producción.

Gómez sostiene que el éxito actual de la producción es que puede suceder en Colombia o en Argentina. “Que sea algo que vaya en todas las direcciones, lo que escribe un colombiano, un español, emociona más que lo que escribe un anglosajón”. Una realización audiovisual que mueva los países suramericanos, “eso podemos hacerlo”.

Habla de los nuevos tiempos de la televisión y su comercialización y hace una advertencia frente al pago de plataformas. “Yo creo que lo que hay que conseguir es que esto no se convierta en una brecha. No puede estar toda la producción cultural, con lo que eso implica en el mundo, en manos de quienes solamente pueden pagarlo”.

A Javier Gómez le recuerdo entonces a Álex Piña, el creador de La casa de papel, y su cita hace unos cortos años cuando él le propuso que trabajara para la serie. Había leído su novela y el primer capítulo estaba redactado.

“En realidad me dijo: ‘¿Tú sabes escribir?’. Yo le dije: ‘¡No he visto un guion en mi vida, no sé ni cómo son!’. Entonces me dijo: ‘No pasa nada, yo te enseño’”. Sonríe acordándose de ese encuentro que ha marcado su vida. Fue un buen alumno.

Cambia el rostro cuando le pregunto por una columna que escribió para El Mundo de España, La rampa, que fue muy leída y comentada. Su hermano tenía un cáncer y moriría al año siguiente. Leemos una parte: “Y una de las pocas cosas que quedaba por hacerse era la rampa. Se iba a construir cuando los médicos lo habían desahuciado”.

Le pregunto ahora por esa admiración extraña por los delincuentes en la serie. Sin pena le confieso que amo a Tokio y detesto a la inspectora Sierra, que representa a la autoridad en La casa de papel.

Vuelve a sonreír, esta vez más fuerte. “Cuando estamos en ficción vas a amar el personaje sin pensar en sus parámetros morales. Es pensar en hacer un buen personaje”.

Dice que cuando Pablo Escobar genera una empatía, no el de la ficción, hay un problema. “Pero ese problema no es tanto de un narcopopulismo que ellos hicieron, como del Estado que falló para dejar las grietas abiertas”. Insiste en que es importante para todos “diferenciar la realidad de la ficción”.

A Javier Gómez le gusta el mar Caribe. Para la tercera temporada de la serie se llevó su casa y papeles a la isla de Barú, muy cerca de Cartagena. Pasó tiempo escribiendo.

Este joven español es reconocido por sus posiciones de igualdad y justicia social. “Creo que ya está bien de tanta desigualdad que atraviesa este continente. ¡Qué mierda es lo de los líderes sociales! Están matando más de una persona al día en este país por defender el patrimonio de todos, defender un río”. Reafirma que no puede haber tanta desigualdad en Latinoamérica y no pase nada.

“Cuando miras el mundo de hoy es muy difícil no sentir la injusticia”.

El tiempo se acaba muy rápido, como los capítulos de su Casa de papel y por eso le pregunto qué tan difícil es llevar la literatura al plano audiovisual, por ejemplo la magia de Gabo.

Gómez Santander responde: “Los lugares a que se llega con la novela no son transitables para la producción audiovisual. En la novela estás participando de una forma más antigua”.

Además, sostiene que leyendo se visibiliza de manera personal. “Entonces tu cerebro participa más con la literatura y por lo tanto le tienes un cariño mayor a los que has visibilizado y tu experiencia nunca va a ser tan completa en lo audiovisual”.

Caminamos para hacer las fotos y entonces le pregunto por qué le pondrían a usted Sarajevo. “Porque es una ciudad que representa durante muchos años una convivencia entre cuatro religiones, es mágica y, bueno, yo trabajé unas cosas allí periodísticamente después de la guerra”.

“Vamos, ¿dónde es la foto?”, pregunta Javier Gómez. Le contesto, parafraseando a Tokio: “Si lo piensas, nunca es un buen día para un atraco o una foto”.

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