Incontables son las historias que alcanzó a escuchar el padre Javier Osuna Gil sobre la vida y las dificultades de los miembros de la Compañía de Jesús en Colombia. Profesores, estudiantes y sus propios colegas lo buscaban con regularidad para escuchar sus opiniones o consejos, siempre útiles ante cualquier dificultad. “Iban tanto los que no estaban contentos con su jefe o con su trabajo como los que dudaban sobre su fe”, recuerda su amigo, el padre Marco Tulio González, quien en los 65 años en los que mantuvo una amistad con el padre Osuna nunca vio que le cerrara la puerta de su despacho a nadie.
Así como al padre Osuna lo apreciaban por su tiempo y sus palabras, su trabajo dentro de la formación de jesuitas en la Universidad Javeriana y en la Compañía de Jesús también es recordado hoy por quienes tuvieron el privilegio de pasar por sus salones de clase o por una de las conferencias. En palabras del rector de la Universidad Javeriana, el padre Jorge Humberto Peláez, el conocimiento de Osuna sobre la vida de san Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, y de la espiritualidad de los jesuitas lo convirtió en un referente nacional e internacional.
“El padre Osuna era un auténtico jesuita. Lo vamos a extrañar porque era el sabio consejero de todos los momentos”, agrega el rector. Como un convencido de la fe y de su misión en la vida lo recuerdan amigos como el padre González, quien estudió con Osuna en el colegio San Ignacio de Loyola en Medellín. “Aunque él era mayor que yo, lo conocí desde pequeño en el colegio. Después en la universidad nos separamos un poco, pues él comenzó a estudiar medicina, pero al poco tiempo decidió ordenarse y nos volvimos a encontrar”, comenta.
No pasó mucho tiempo entre la decisión de convertirse jesuita y su viaje como misionero a Japón, donde aprendió el idioma y logró impartir clases y talleres en todo el país asiático y ordenarse como sacerdote. A su regreso a Colombia, la Compañía de Jesús lo recibió como uno de los profesores más importantes en el proceso de formación de futuros jesuitas. Además de continuar sus estudios en el país, Osuna consiguió un doctorado en teología espiritual en la Universidad Gregoriana en Roma.
Entre su trabajo como consejero y profesor, Osuna disfrutaba del tiempo que podía compartir con sus amigos y era conocido por su simpatía y comentarios humorísticos, que muchos consideran similares a los de su hermano, el caricaturista Héctor Osuna. “Era un hombre de mucha libertad de espíritu y le gustaba disfrutar de la vida. Su muerte nos deja un gran vacío en la comunidad”, concluye González.