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Juan Dual, el titán que derrotó al cáncer

La travesía de este español empezó hace unos meses en Nicaragua, donde se encontraba haciendo un voluntariado. El destino final es Ushuaia (Argentina). Sin estómago, colon, recto ni vesícula biliar, se propuso rodar para dar testimonio de cómo la enfermedad cambió su vida y la de su familia.

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09 de enero de 2016 - 04:24 a. m.
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Hace cinco meses dio inicio el proyecto Running for Life, con el propósito de dar a conocer su lucha contra el cáncer y recoger fondos para ayudar a quienes lo padecen. Usted también lo padeció. ¿A qué edad empezó el tratamiento para evitar el cáncer?

Cuando tenía 13 años; ahora tengo 30. Mi papá tuvo cáncer de colon, mi abuela falleció de cáncer de colon, lo mismo que mis tías. Entonces vieron que era genético, me hicieron varios exámenes y pruebas del avance de la enfermedad, hasta ver cuándo tenían que operar para evitar el cáncer.

¿A los 13 años presentaba síntomas de un posible cáncer?

Es asintomático. El problema con esto es que te da poliposis familiar múltiple, a través de unos bultitos que se llaman pólipos, que se pueden convertir en cáncer después de un tiempo, entonces hay que tratar de evitarlo. Por suerte, a mí me controlaron a tiempo, hasta que me hicieron la cirugía. Ahora no tengo colon, recto, estómago ni vesícula biliar, y comprobé que se puede vivir sin ellos.

¿Le extrajeron todos los órganos en una sola cirugía?

La primera operación fue a los 19 años; me quitaron el colon. Para ese momento estaba a punto de entrar a la universidad. Luego, el 16 de diciembre de 2011, me hice las pruebas de rigor y vieron que el estómago estaba infestado de pólipos, entonces determinaron que lo más lógico era extraerlo.

¿Cómo ha hecho para cuidar su alimentación durante el recorrido de Running for Life, que empezó en Nicaragua y planea terminar en Ushuaia (Argentina)?

Cuando siento que debo comer, paro y cocinamos en el hornillo que llevamos, o también llevamos comida que cocinamos la noche anterior en alguna de las casas en las que nos hemos alojado. Consumo alimentos que me den energía, como pasta o arroz, porque, como no tengo estómago, tengo un espacio muy reducido para los alimentos, así que debo comer varias veces al día, pero cantidades muy pequeñas. Sin embargo, no extraño ninguno de esos alimentos, porque sé que me hacen daño.

La ventaja es que es enfermero.

Sí, es lo que llamamos paciente experto. Conozco mi cuerpo, sé cuando algo no está bien, y por eso siempre estoy un paso adelante.

¿La vocación de enfermero tuvo relación con los antecedentes de cáncer en su familia?

Siempre quise estudiar algo relacionado con ciencias de la salud, me encaminé por la medicina, hasta que me ingresaron al hospital a los 19 años. A pesar de que los médicos son quienes te diagnostican, los enfermeros son quienes te cuidan, los que están durante todo el proceso. Así que decidí ser quien acompañaría, porque me trataron muy bien. En dos ocasiones estuve a punto de morir, pero nunca tuve esa sensación, porque siempre me sentí acompañado.

¿Cómo reaccionó su familia cuando dijo que iba a recorrer Latinoamérica en bicicleta?

Se dieron cuenta de que mi espíritu era inquebrantable. Cuando me fui a vivir a Japón, durante tres meses, tuve un gran problema con ellos, porque consideraban que no estaba en las mejores condiciones, pero nunca lo sentí así. La idea era encontrarme conmigo mismo en un lugar en el que estaba aislado, en el que no conocía el idioma. No tuvieron forma de detenerme, porque siempre tuve claro qué quería hacer en mi vida.

¿Cómo es su relación ahora con su familia?

Ha sido muy complicada. Son muy tradicionales y yo soy todo lo opuesto. Ellos son muy creyentes de Dios y yo nunca lo he sido.

¿Ni aún estando al borde de la muerte?

No, me parecería hipócrita que en medio de esa situación me convirtiera en budista o católico. Sé que hay algo más fuerte que nosotros, pero no es un dios.

¿Y qué logró descubrir de usted en Japón?

Que no era feliz, que llevaba mucho tiempo engañándome. Intenté llenar esos vacíos con una chica, un concierto, una cerveza, pero me di cuenta de que necesitaba escucharme y entender que lo único que me podía hacer feliz era yo.

¿Qué ha dicho la gente que ha seguido su travesía?

Que continúe, que me admiran mucho, lo cual me parece raro. Mucha gente me para en el camino y me felicita por lo que estoy haciendo. Me ha pasado durante el recorrido en los cuatro países: Nicaragua, Costa Rica, Panamá y Colombia. Ese tipo de cosas me hacen pensar que el mensaje está llegando a la gente. Muchos han querido unirse.

A propósito, ¿quiénes lo acompañan?

La primera persona que se unió fue Chema Solís, un apasionado de la realización audiovisual y quien ha logrado documentar y publicar el recorrido que hemos hecho a través de nuestra página web. Daniel Meyer, un estadounidense que se encontraba en Nicaragua y que ya venía haciendo un recorrido en bicicleta por Centroamérica. Mitch Ahmann, quien perdió a su mamá a causa del cáncer. Y Nita Lotus, una camboyana que ha vivido toda su vida en California.

Luego de Japón regresó a España y viajó a Inglaterra.

Sí, salió una oferta de trabajo como camarero. De nuevo mi familia se opuso, pero llevaba dos años sin trabajo, me sentía inútil, así que me mudé a Inglaterra y trabajé por año y medio. Durante el tiempo en que estuve allí me dediqué a correr. Después decidí viajar a Nicaragua y hacer un voluntariado en la Esperanza de Granada, una escuela de ese país, por cinco meses. Allí conocí a una amiga que me dio la idea de recorrer Latinoamérica en bicicleta y así recoger fondos para los niños con cáncer, y ahí empezó Running for Life.

¿En algún momento se han quedado sin dinero?

No, aún no. Empecé con 2.000 euros y ha habido algunos gastos en el camino, pero por ahora nos mantenemos con las donaciones que las personas hacen a través de la página Running for Life.

¿Qué visión tenía de Latinoamérica antes del viaje?

Los españoles no sabemos nada de Latinoamérica. En España nos cuentan lo que nos quieren contar. Los libros de historia nos ponen como los vencedores. Afortunadamente siempre he sido muy inquieto y ya tenía idea del contexto político y social de algunos países de América Latina. Por ejemplo, el proceso de paz en Colombia.

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