Juan Ricardo Ortega: “Hay que acordar un perdón amplio, incluyente y tolerante”

Sugerente como siempre, el exdirector de la DIAN propone un cambio en cómo se controla y se accede al poder en Colombia. Y opina que solamente si perdonamos lo imperdonable será posible avanzar.

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Mauricio Rodríguez Múnera*
30 de marzo de 2019 - 02:00 a. m.
Para Juan Ricardo Ortega, la economía naranja es un término que brilla por su indefinición.  /  Gustavo Torrijos
Para Juan Ricardo Ortega, la economía naranja es un término que brilla por su indefinición. / Gustavo Torrijos
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¿Cuál es su diagnóstico de la actual salud macroeconómica de Colombia?

Colombia tiene pilares sólidos que, si se siguen defendiendo, son garantía de estabilidad macroeconómica: un banco central técnico e independiente, un manejo presupuestal técnico, un manejo fiscal independiente de la política y un sistema financiero depurado.

¿Cuáles son las principales amenazas que ve en este momento?

Quedarnos mirándonos el ombligo y no entender los cambios profundos que está sufriendo la humanidad: el renacer de India y China como poderosos jugadores de la economía y geopolítica global.

¿Y sus perspectivas a mediano plazo?

El problema más grave de mediano plazo en Colombia es la incertidumbre que la polarización política y la creciente percepción de corrupción están generando.

Pero mucha de esa corrupción parte del sector privado...

Sin duda, como en el caso de Odebrecht. Pero es preocupante que se esté acribillando a gente que ha hecho las cosas bien: Luis Fernando Andrade, Javier Gutiérrez, Orlando Cabrales y otros tantos. Al ciudadano del común le va quedando la impresión de que todos los que le hemos servido al país somos unos hampones o unos incompetentes.

Dicen varios de sus colegas que el principal cuello de botella de la economía colombiana es su baja productividad. ¿Qué hacer para mejorarla?

En Colombia importan más las relaciones personales que las competencias y la capacidad de generar resultados. Las prebendas del poder político en lo local, los esquemas de los poderosos en la contratación pública, los monopolios, la cooptación de diferentes servicios del sistema judicial y la impunidad han creado la percepción de que el crimen paga y de que la economía no avanza. Cambiar lo anterior requiere un importante cambio en cómo se controla y se accede al poder.

¿Qué propone para enfrentar con mayor eficacia la corrupción?

Cinco cosas concretas para no dar muchas vueltas: educación para los niños, perdón con reparación, separación de la política y la gestión pública, identificación de los propietarios de las tierras, y una mejor gestión de los órganos de control.

Lo bueno, lo malo y lo feo de la ley de financiamiento.

Sin duda, lo bueno fue el debate de los crímenes contra el fisco. Los penalistas no quieren reconocer que evadir impuestos es una forma de robar a la sociedad. Los ricos ven en los impuestos una amenaza a sus fortunas.

¿Qué opina de la economía naranja?

Es un término que brilla por su indefinición. Si se enfocara en músicos, escritores, productores de contenidos o deportistas, lograría concretar y apoyar actividades donde el talento abunda y el potencial de movilidad social es enorme.

¿Qué hacer para moderar la polarización radical que hace tanto daño?

Acordar un perdón amplio, incluyente y tolerante a realidades muy complejas. Hay que cambiar el marco de la discusión, pues el tema no puede seguir siendo quién es el más malo o el más culpable.

¿Qué aplaude y qué critica de la labor los medios de comunicación en Colombia?

La independencia y voluntad de un selecto grupo de investigar y buscar la rendición de cuentas. A veces se descachan y llegan a conclusiones incorrectas, pero en general son un bastión del equilibrio sano del país. Admiración y respeto por la gran mayoría de periodistas.

¿Cuáles son, a su juicio, los principales avances de la sociedad colombiana en la década pasada?

Desde el punto de vista económico, el desarrollo de la infraestructura vial es importante para la competitividad del país. Pero, en general, sería la reducción del secuestro.

¿Y los retrocesos?

El lenguaje intolerante y la comunicación mentirosa que han contaminado la política llevándonos a una polarización muy destructiva.

¿Cómo cree usted que se podría construir una unidad nacional mínima, un acuerdo sobre lo fundamental?

Perdonar lo imperdonable. Es la única salida cuando tanta gente vive y se ha lucrado del narcotráfico, del lavado de activos y de la corrupción. La Alemania de la posguerra hizo esto: perdonó lo imperdonable, pagó reparaciones enormes y se enfocó en ver cómo prosperaba como nación. México y ahora Venezuela también hablan de amnistías y perdón.

* Profesor de Liderazgo del Externado y los Andes

Por Mauricio Rodríguez Múnera*

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