¿Qué falló en la pedagogía de los pasados procesos de paz?
Cuando los procesos nacen como una política de gobierno, es difícil que la gente logre entender el impacto que el fin de la guerra puede tener en sus vidas. En anteriores procesos se manejó la comunicación buscando administrar el impacto político de las negociaciones y dejamos por fuera la perspectiva de los ciudadanos.
¿Eso explica la indiferencia de los ciudadanos ante el proceso?
Hay mucha gente que sigue creyendo que la paz no significa ningún cambio para su proyecto de vida. Al contrario, la paz no sólo implica dejar de escuchar disparos, sino evolucionar como sociedad. Aquí se puede firmar la paz con las guerrillas, pero si no hay un cambio cultural, no vamos a aprovechar la ventana que se abre.
¿Por qué apostó por la conversación como herramienta de paz?
Cuando conversamos debemos tener en cuenta a la persona que tenemos enfrente. La conversación nos permite transformarnos, porque nos permite comprender realidades que desconocíamos o con las que nos habíamos relacionado únicamente desde la perspectiva del conflicto.
¿Qué pasa con la gente que no ve la necesidad de un cambio?
La gente se resiste a cambiar porque durante años aprendimos a tener una vida adaptada a la guerra. El cambio implica replantear lo que consideramos imposible y eso puede llegar a tomar generaciones.
¿Cuál es el papel de las instituciones educativas para construir paz?
Este es un país en transformación y los valores de ese cambio deben volverse parte de nuestra identidad. Hay que pensar cómo vamos a formar nuevas generaciones para la paz y eso pasa por hacer que los niños entiendan nuestra historia para que sepan quiénes somos y de dónde venimos.
¿En qué consiste “la conversación más grande del mundo”?
Nuestra indiferencia frente a la guerra está enmarcada por silencios que fueron impuestos por las armas, el miedo o la conveniencia. La coyuntura que vivimos nos invita a abordar todas esas conversaciones, a mirarnos en el espejo y a fortalecer nuestros espacios comunes. Para eso creamos una plataforma que busca que la conversación vuelva a ser parte de la vida cotidiana.
¿La conversación pude generar cambios culturales?
Suecia, que es un país que apoya el programa, tiene muy arraigada la consideración. Para ellos es impensable hacer algo que atropelle a otro y la conversación es unan de las muchas herramientas para desarrollar ese tipo de prácticas
¿Cómo se puede conversar con quienes aprendimos a ver como enemigos?
La conversación acerca a quienes dejaron el fusil atrás y tienen por delante su esperanza de vida. Durante la guerra deshumanizamos al enemigo y ahora tenemos el reto de volver a ver en él un ser humano. Todavía hay mucha gente que se sorprende cuando ve a un guerrillero acariciando un perro o a una guerrillera ilusionada, como cualquier otra mujer, con la idea de dar a luz.
¿Cuál va a ser su papel dentro de las negociaciones con el Eln?
El proceso debe tener un proceso pedagógico en el que, si se llega a un acuerdo o no, sea muy claro cómo pasó eso y por qué. Los colombianos quieren que les expliquen las cosas, porque no quieren tragar entero ni que nos crean bobos. El Estado tiene la responsabilidad de ser muy claro y ese va a ser mi aporte al proceso.