Varias noticias dio el Fiscal General en esta entrevista, porque se refirió a los casos que han despertado mayor polémica. Entre ellos, la discusión jurídica y ética por la entrega, por parte del Estado, de una millonaria recompensa a alias Rojas, el asesino confeso de otro asesino, a quien le propinó la muerte con una sola bala disparada a quemarropa y mientras dormía.
La investigación que se inicia por los hechos de la frontera, donde fue dado de baja Raúl Reyes, el otro jefe guerrillero caído en una semana, fue el segundo tema. Con prudencia, el Fiscal evitó afirmar pero dejó abierta la posibilidad de que el increíble cúmulo de pistas extraído del computador del número dos de las Farc, termine invalidado como prueba en el proceso por un inadecuado manejo de la “cadena de custodia”.
En otras materias tratadas en el encuentro con El Espectador hace apuntes tan reveladores como los anteriores: el cierre del espinoso proceso de alias Tasmania, que podría afectar a uno de los más prestigiosos magistrados de la Corte Suprema; el caso que involucra al primo del Presidente, Mario Uribe, el cual ha sido “de mucha controversia fáctica, probatoria y jurídica”; el lío sideral entre la familia Gilinski y Bancolombia; la denuncia por supuestas presiones de una fiscal seccional contra dos de sus superiores jerárquicos, y el regaño de la Corte por presunta negligencia de la Fiscalía en un caso de la parapolítica.
Pero lo verdaderamente novedoso de este encuentro resultó ser un asunto singular. Se relaciona con la terminación de su período de cuatro años en el ente investigador. Aun cuando su retiro sólo ocurrirá en agosto del año entrante, el trámite de selección de su sucesor está por iniciarse debido a la complejidad del mismo, y sobre todo a la ansiedad de los aspirantes. En ese intrincado tablero de ajedrez político, empiezan a moverse muchas y complicadas fichas de interés no siempre público. Por eso, Iguarán siente ya los primeros aires de libertad y aunque con pinzas, habla por primera vez de las críticas que se le han hecho, de los errores que admite, del asombro por el enorme poder que ha tenido entre sus manos. Y, finalmente, del temor que siente, si lo sustituye alguien con “mala intención”.
Cecilia Orozco Tascón.- Sobre el asesinato de alias Iván Ríos usted dijo en principio que no se iba a investigar al responsable, pero después aclaró su posición. ¿Cree que se precipitó?
Fiscal Mario Iguarán.- Es tan obvio que la Fiscalía debe investigar que no puede interpretarse que no lo va a hacer. Lo que dije después de una aproximación personal y si quiere informal al caso, luego de una entrevista con alias Rojas y de un detallado informe forense, fue, y subrayo la expresión en principio, que la Fiscalía no tenía elementos para imputarle el homicidio. Recuerde que en el sistema acusatorio hay tiempos para decidir si se imputa a una persona o no la comisión de un delito. Pero tenemos que prever que no concurra una causal que justifique el hecho, como la legítima defensa, la inculpabilidad por miedo insuperable o el error invencible, entre otras.
C.O.T.- Ríos y su compañera fueron asesinados mientras dormían. ¿Puede considerarse que estaban en estado de indefensión?
F.M.I.- El informe forense muestra que fueron sujetos de homicidio a distancia muy corta, con un solo disparo y mientras dormían. Sin embargo, la calificación de estado de indefensión comporta el análisis de muchas otras circunstancias.
C.O.T.- ¿Se podría decir, entonces, que se trató de una ejecución?
F.M.I.- Después del examen de los hechos y de las circunstancias en las que convivía Rojas dentro de la organización criminal de las Farc, podría considerarse que ese suceso se adecúa a una situación de miedo insuperable. Él le plantea a la Fiscalía, y en principio se le cree, que era la vida de él o la de Iván Ríos. Sucesos recientes como el bombardeo al campamento de Raúl Reyes, entre otros, serían motivos que llevaron a Rojas a pensar que el Ejército iba a llegar y que la única manera de salvarse era yéndose de allí. Y Ríos no iba a permitir que saliera con vida.
C.O.T.- En la entrevista que le dio Rojas a Caracol Radio, quedó la impresión de que no padecía de “miedo insuperable”. Por el contrario, se muestra como un asesino frío y cínico.
F.M.I.- Esos son aspectos que tiene que valorar el fiscal del caso. Pero repito que no es descabellado revisar los eximentes de responsabilidad que él alega.
C.O.T.- Esas figuras jurídicas que eximen de responsabilidad, ¿no se deberían analizar dependiendo el tipo de personas que las alegan?
F.M.I.- Claro. Primero hay que tener en cuenta que alias Rojas está mencionado en algunas investigaciones como autor o partícipe en delitos de terrorismo y masacres. Pero no se puede ignorar que estuvo 16 años en las Farc desde cuando era menor de edad, ni el ambiente en que finalmente creció y ocurrieron los hechos.
C.O.T.- Premiar a alguien que ejecuta a otras dos personas y que cercena una parte de un cuerpo y después la entrega para reclamar dinero, ¿no quiebra el Estado de derecho?
F.M.I.- El dilema administrativo de la recompensa es de otras autoridades, no de la Fiscalía. Observo, eso sí, que en buena hora la discusión se ha llevado al plano de lo moral, pues so pretexto de materializar las normas jurídicas no podemos llevarnos por delante las reglas extrajurídicas de la ética.
C.O.T.- Por los hechos sucedidos con Raúl Reyes, ¿ya se inició investigación?
F.M.I.- Ya se está investigando. Debo decir que los actos cumplidos por la Policía Judicial relacionados con la muerte de Reyes, fueron autorizados por un fiscal. Los elementos probatorios se pondrán a disposición del fiscal especializado del caso, con la cadena de custodia respectiva.
C.O.T.- Vimos en televisión que el computador de Raúl Reyes fue manipulado por varios funcionarios que no pertenecían a la Policía Judicial. ¿Se perdió la cadena de custodia y con ello la legalidad de esa formidable prueba?
F.M.I.- No es excepcional que se malogren las investigaciones por el indebido manejo de las pruebas. Vamos a esperar el recibo de todos los elementos para saber si la cadena de custodia se manejó bien. De eso dependerá en gran parte el éxito de esta investigación. Los implicados tienen todo el derecho a que se respeten sus garantías y una de ellas es la debida protección de las custodias. En su momento haremos la valoración correspondiente.
Casos espinosos
C.O.T.- El caso Tasmania se inició por denuncia del Presidente Uribe e involucra a un magistrado de la Corte Suprema. ¿Ha sido muy complicado desarrollar esa investigación?
F.M.I.- No hemos tenido ningún obstáculo para adelantar las diligencias correspondientes.
C.O.T.- ¿Ha tenido presiones?
F.M.I.- Ninguna. Ha primado el respeto tanto del Gobierno como de la Corte. Le voy a hacer una confesión: en un momento dado se creyó que teníamos los elementos –y digo se creyó, porque resultó que estábamos equivocados– para tomar una decisión sobre el particular. Ese momento coincidió con la diferencia de opiniones entre el Presidente de la República y el presidente de la Corte Suprema. Si hubiéramos resuelto el caso por esos días, seguramente se hubiera considerado que estábamos tomando partido o que actuábamos con oportunismo. Por fortuna faltaba practicar una o dos diligencias. El lunes se adelanta la última de ellas y se tomará la decisión.
C.O.T.- ¿Qué incidencia tiene en el proceso el hecho de que el abogado de Tasmania sea vecino de finca del hermano del Presidente, como se dijo, y que haya sido aparentemente por esa vía por donde se inició la denuncia contra el magistrado Velásquez?
F.M.I.- Ése es un dato, pero si bien lo es, no se le puede calificar como algo que necesariamente tenga incidencia.
C.O.T.- ¿Usted ha calculado la repercusión política que puede tener su decisión?
F.M.I.- Por primera vez en una entrevista voy a pedir que no me hagan esa pregunta y le explico por qué: siempre procuro no hacer el ejercicio de pensar en los efectos políticos. Las decisiones que tenemos que tomar sólo se defenderán el día de mañana si nos guiamos por los hechos y por el derecho.
C.O.T.- El proceso contra Mario Uribe es tan difícil como el anterior. ¿Cuánto ha avanzado?
F.M.I.- El caso del doctor Mario Uribe ha sido de mucha controversia fáctica, probatoria y jurídica. Diría que más que de controversia, de mucha diligencia. Se ha practicado toda clase de pruebas. No sólo las que ha considerado el fiscal del caso, por cierto un fiscal estrella y coordinador de los delegados ante la Corte Suprema, sino también las que solicitaron la defensa y el Ministerio Público.
C.O.T.- ¿Cuándo se conocerá la decisión sobre Mario Uribe?
F.M.I.- Así como me atrevo a asegurarle que el proceso de alias Tasmania se resolverá en los próximos días, no podría decirle cuándo se tomará la decisión sobre el doctor Mario Uribe.
C.O.T.- Hay muchas inquietudes en el pleito Bancolombia-Gilinski.¿Qué sucede con los fiscales del caso y por qué se les ha cambiado?
F.M.I.- En ejercicio de facultades constitucionales y legales, el Fiscal General hizo un cambio, como lo hace en un sinnúmero de oportunidades. La fiscal 218 seccional de Bogotá revocó de oficio una preclusión contra el doctor (Jorge) Londoño, sin fijarse en la normatividad que dice que se puede “revocar una preclusión sólo a través de la tutela o de revisión”; ordenó la vinculación de las juntas directivas del Banco de la República, Bancolombia y el BIC; compulsó copias contra dos ex ministros y no pensó en que podían ser aforados constitucionales. Y desconoció que esos hechos ya se estaban investigando en la Unidad Anticorrupción.
C.O.T.- La fiscal a la que usted alude, denunció supuestas presiones de dos de sus superiores en la entidad. ¿Qué validez le da a esa denuncia?
F.M.I.- Le tengo que dar una validez formal y debo tramitarla. Sin embargo, tengo que decir que meto las manos al fuego por los doctores Ramiro Marín e Irma Mogollón. Respetamos la autonomía y la independencia de los fiscales, pero con ese pretexto no pueden llevarse por delante el derecho a la igualdad de los usuarios de la justicia.
Regaño de la Corte
C.O.T.- ¿Fue justa la Corte Suprema cuando le jaló las orejas por falta de agilidad en un proceso de parapolítica?
F.M.I.- ¿Quién sino yo, entiende la inquietud de la Corte? Lo digo porque a diario padezco lo que sintió el Alto Tribunal en el caso de Jorge Castro Pacheco: no hay respuesta a nuestro trabajo en otras instancias judiciales. Por ejemplo, hemos tenido que acatar decisiones de los jueces en casos evidentes, aunque no las compartamos.
C.O.T.- Pero, ¿se sintió regañado injustamente o no?
F.M.I.- En el caso de Jorge Castro Pacheco dimos papaya por falta de diligencia. Como se lo dije al responsable de la unidad correspondiente, dimos motivo para que se desconociera todo lo que hemos hecho en los procesos de la parapolítica. En este momento podemos estar hablando de más de cincuenta casos adelantados por la Fiscalía, que ya tienen decisiones de fondo. Por eso tenemos tranquilidad de conciencia.
C.O.T.- ¿Por qué la Corte manda entonces esa carta de reclamo? Da la impresión de que los magistrados tienen mala opinión de la Fiscalía.
F.M.I.- No lo creo. Si yo envío una carta manifestando mis inquietudes sobre el proceder de determinados jueces no significa que tenga un mal concepto del Consejo Superior de la Judicatura. Le repito: lo que sucedió fue que dimos papaya con el caso de Castro Pacheco. Tanto, que he tomado medidas de carácter administrativo, sin perjuicio de la imparcialidad del proceso.
Buscándole reemplazo
C.O.T.- A usted lo acusan unos sectores por ser demasiado cercano al Presidente. Otros dicen que a la Casa de Nariño le encantaría cambiarlo ya. ¿Cuál de las dos versiones es la verdadera?
F.M.I.- (Risas). Tomo esas versiones como simples rumores. A propósito, no puedo entender que alguien quiera estar aquí: cualquier decisión que se tome siempre deja a medio país contento y al otro inconforme. A quienes dicen que no tengo independencia les recomendaría hacer el ejercicio de examinar la gestión de esta administración para tener una visión más objetiva. Advirtiendo que mis guías han sido mis cuatro antecesores, puedo decir que he sido el Fiscal General que más decisiones ha tomado respecto de personas cercanas al Gobierno.
C.O.T.- ¿Ya se siente con un pie afuera de la Fiscalía?
F.M.I.- Recuerdo que hace cuatro años por esta época, yo, que entonces era viceministro de Justicia y que en esa condición tenía que ver mucho con la Fiscalía y con el tema de las postulaciones para la misma, pude darme cuenta de que ya se estaban conociendo las aspiraciones.
C.O.T.- Entonces, ¿sabe quiénes aspiran a sucederlo?
F.M.I.- (risas) No. A mí por supuesto no me lo cuentan.
C.O.T.- ¿Qué hará después de que se termine su período?
F.M.I.- Estoy prestado en esto de la burocracia. Básicamente mi vida ha sido la academia. Por eso volveré a lo que más añoro: mi casa y la universidad. He perdido mucho contacto con mi familia, con el Externado de Colombia y con mi rector, el doctor Hinestrosa.
C.O.T.- ¿Cuáles han sido sus peores equivocaciones?
F.M.I.- Mucha gente me dice que para este cargo hay que ser político y que no se puede ser bueno. No voy a afirmar que soy bueno, pero viendo el poder que tiene un Fiscal General en Colombia, desearía que quien llegue no sea una mala persona.
C.O.T.- ¿Un Fiscal puede hacer muchas maldades?
F.M.I.- Digo que la persona que llegue a este cargo no debe ser mal intencionada ni política, en el peor sentido del término. Sería un peligro, por el poder que maneja el Fiscal General.
C.O.T.- ¿Ha cometido errores?
F.M.I.- Sí. Uno confía en la gente. Pero eso es menos riesgoso que una persona maliciosa. Hay gente que se confunde conmigo, porque siempre he procurado ser suave en mis modales. Pero no se dan cuenta de que he sido duro en mis principios.
C.O.T.- ¿Se arrepiente de algo?
F.M.I.- Sí. Hay un par de saliditas en falso.
C.O.T.- ¿Cuáles? ¿La del brujo?
F.M.I.- No. Más bien me refiero a las posiciones jurídicas. Hay que contar con ellas. Por ejemplo, la que tomé sobre el miedo insuperable. Tenía conciencia de que dijese lo que dijese, iba a empezar el debate. Pero eso no importa, porque un Fiscal debe tener carácter, capacidad, conocimiento y compromiso.
C.O.T.- ¿A usted lo han acusado de falta de carácter?
F.M.I.- No, nunca. Ahí están las decisiones de la Fiscalía que dicen lo contrario. Recuerde lo que le dije y que no se confundan: suave en los modales, duro en los principios.