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¿La muralla es el papel del canalla?

StinkFish y Bastardilla, personajes bandera dentro de la escena del grafiti colombiano.

Liliana López Sorzano

07 de agosto de 2009 - 11:00 p. m.
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Una banca en la calle mantiene su sombra a pesar de la noche, una criatura sale de una grieta en la pared, un mensaje subversivo se advierte en la esquina y unos mosaicos de colores se pegan a un muro cual invasores del espacio. El arte urbano actual tiene tantas técnicas y estilos como pocos límites de originalidad. La naturaleza de éste es efímera, cambiante y universal. Quizá sea el movimiento artístico más grande en el mundo, porque millones de personas lo hacen cada día, en cualquier parte y a todas horas. Con el tiempo, las inscripciones en los muros se han sacudido de esa memoria proscrita y prohibida y de esa imagen del niño regañado pintando un garabato en la pared.

El colectivo colombiano llamado Hogar, conformado por Bastardilla y StinkFish, ganó el concurso Ciudad y Patrimonio 2008 del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural con su proyecto ‘Memoria Canalla’. Desde el pasado mes de julio hasta octubre traerán a figuras internacionales emblemáticas del mundo del arte urbano y exhibirán en el Museo de Bogotá una recopilación de la historia desterrada y perseguida de los muros de la capital. Estarán presentes el mamarracho de un niño, las consignas, el grafiti sentimental, el artístico y hasta el de una barra de fútbol. La idea es rastrear la memoria canalla.

El hecho de que en los últimos años los grafitis y el arte urbano, considerados por muchos como un arte subversivo e ilegal, estén entrando en las galerías y en los museos del mundo, significa que se está revelando su real importancia y valor.

En los años 60 y 70 se pintaban en los muros mensajes políticos. En los años 80, los grafitis permeados completamente por la cultura hip hop se tomarían los carros de los metros, sobre todo en Nueva York, convirtiéndose en ese arte subterráneo que se fabricaba de noche y aparecía de día. En los 90 y en la actualidad el molde se quebró para adentrarse en el estilo libre, donde cada quien aporta su creatividad y sus ideas, creando un escenario mucho más expresivo y original. Su crecimiento corresponde a que sea accesible para todo el mundo y de que no dependa de un gran mercado de arte, ni de especulaciones. Se guía sólo por parámetros creativos.

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El caso de Colombia corresponde a una escena joven que hasta ahora se está desarrollando. StinkFish y Bastardilla adoran callejear y hacen parte de esta historia en gestación. Con al menos un marcador, que siempre llevan consigo, dejan irremediablemente una huella todos los días. Sea en los epicentros del grafiti bogotano, como el Centro, Chapinero o la Avenida Suba, o en cualquier recorrido por la ciudad siempre hay un muro apetecible para ejercer la acción de libertad.

StinkFish, diseñador gráfico de profesión, empezó hace unos seis años. “Yo trabajo diferentes tipos de técnicas y estilos. Aerosol, carteles, stickers, frases, poner objetos en las calles. Mi mensaje es muy abierto y no me interesa casarme con un discurso definido”, confiesa el artista. Sus creaciones van desde la abstracción hasta las imágenes infantiles.

Bastardilla, por su parte, siempre ha trabajado con la imagen, desde la ilustración y la animación, pero no le gusta categorizarse dentro de ninguna profesión. Hace poco creó todo el arte para el último disco de Aterciopelados y también intervino el video de la canción Río.

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Su nombre surgió del significado dual (hija ilegítima y estilo de letra ) y de un simple capricho sonoro. Hace cuatro años que está utilizando la ciudad como su lienzo. “Al principio pensaba que hacer grafitis era algo muy costoso, pero un día conocí a StinkFish, quien me animó a rayar la calle y me gustó esta dinámica de expresión libre”. Sus imágenes salen directas del efecto, porque tienen impresas la nostalgia, la tristeza, la soledad, la dulzura y la suavidad. Las problemáticas sociales en general, la inquietan, y sobre todo, reflejadas en los sentimientos, en las relaciones íntimas y en el dolor causado. Cada imagen se conecta con historias propias y de otras personas.

La presencia de las mujeres es una constante en su trabajo, quizá para reivindicarlas de tantas taras y yugos a las que están atadas aún. Uno de sus grafitis recurrentes muestra a una mujer que envuelve su cara con su pelo, haciendo alusión al hijab del Islam. La idea es jugar con ese concepto de tapar la sensualidad del cabello haciendo justo lo contrario. Asimismo, le gusta la representación del cabello por la creencia de una comunidad indígena del Vaupés donde le dan propiedades curativas y el significado de conocimiento.

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Tanto StinkFish como Bastardilla apuestan a que este tipo de arte se siga enriqueciendo, a que aparezcan nuevas propuestas y que se genere más teoría e investigación. Sin duda la manera de mirarlo ha cambiado y en Colombia todavía hay mucho por hacer.

Exposición en el Museo de Bogotá. Carrera 4 Nº 10-18.

Para más información sobre los invitados y la programación del proyecto ‘Memoria Canalla’, visite www.memoriacanalla.tk.

Por Liliana López Sorzano

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