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José Luis Perales no necesita mucho para componer sus canciones. Una guitarra, un lápiz, un papel y cinco kilómetros de absoluto silencio son suficientes para llevar a cabo su empresa creativa. Todos los elementos los tiene a la mano, incluso el que parece más complicado de obtener, porque hace varios años, y pensando en su urgencia, diseñó una casa campestre en su natal Casquejó, provincia española de Cuenca, en la que no hay vecinos, no pasa ni una línea telefónica y el agua potable debe llevarse desde la civilización. El lugar se llama El Refugio y allí el cantautor ha confeccionado las letras más importantes durante las últimas décadas. Así, sin interferencias ni interrupciones, se sienta a diseñar las historias de los protagonistas de sus temas.
Su más reciente álbum, Calle Soledad, fue concebido enteramente en los predios que comprenden estos cinco kilómetros de extrema paz. En El Refugio mismo estableció que quería dejar buena parte del rumbo de su registro al azar, aunque para la selección final decidió que todas las letras tuvieran a la nostalgia como elemento primordial. Con el hecho de enviar este sentimiento como eje transversal de su producción discográfica, Perales le rindió una suerte de homenaje a la vía en la que se movió de niño, en la que jugó y que lo acompañó durante su trayecto hasta la escuela. Ese sendero, tan familiar para él, se llamó, y se sigue llamando, Calle Soledad.
En los temas de este álbum hay mucha soledad, mucha añoranza. Calle Soledad es música para echar de menos, para recordar amores que se fueron. Sin embargo, hay una pincelada multicolor en el tema infantil, Canción para Manuela, dedicado a su nieta. Esta creación, además, tiene un fin humanitario, porque desde hace varios años el español colabora con las Aldeas Infantiles SOS y cada vez que produce un disco cede los derechos sobre las regalías de una de sus letras. En este álbum quiso que fuera Canción para Manuela, porque en los momentos de grabación recordó el nacimiento del integrante más pequeño de su familia, lo que le implicó destapar sus sentimientos más íntimos.
“Lo curioso es que lo que refleja el disco es inversamente proporcional a lo que está ocurriendo en mi cotidianidad, en mi matrimonio, y eso me lleva a preguntarme por qué busco en los recuerdos, por qué tengo esa sensación de añoranza. A mí me gusta recordar momentos felices, como el nacimiento de mi nieta y, tal vez, todos los seres humanos nos movemos gracias a la gasolina que nos proporcionan aquellos instantes”, comenta Perales, quien confiesa que el máximo tesoro que hay en El Refugio es una guitarra vieja que, tal como le sucede al arpa de Bécquer, espera que su dueño llegue para darles vida a sus cuerdas.
En una de las imágenes del disco hay una máquina de escribir con la ‘h’ oprimida y eso, según el autor, sigue representando la soledad, pero también la tenencia de los recursos indispensables para escribir. Es una metáfora, al igual que el estar en una extensa área rural sentado en un sillón al lado de La Flaca, una perra llevada especialmente desde Madrid hasta Cuenca para la sesión fotográfica. El gran reto para Perales al realizar esta producción fue contar con pocos instrumentos, pero incluirlos en el momento adecuado. El español hizo combinaciones sonoras, utilizó muchos elementos de percusión y contó con el respaldo del grupo de cámara de la Orquesta Sinfónica de Bratislava.
“La tecnología no ha cambiado mi manera de componer y hay una razón contundente para eso, y es que no sé manejar ningún aparato de esos. Tengo un computador que subutilizo como una máquina de escribir y ahí hice un libro que seguramente no verá la luz pública. Se llama Los fantasmas del Castro, pero se me ha borrado varias veces porque soy un desastre con la tecnología. Sigo escribiendo como a mediados del siglo pasado. Nada ha cambiado”, dice José Luis Perales, quien anticipó que presentará las nuevas canciones en Colombia a principios de noviembre, cuando adelantará una gira por Medellín, Cali y Bogotá.
Qué pasará mañana, ¿Y cómo es él?, Canción de otoño y Que canten los niños son algunas de las creaciones más populares del artista español, para quien una buena letra siempre será bien recibida si tiene calidad. Sin embargo, también piensa que a sus más recientes inspiraciones no se les han dado los medios ni el protagonismo que tuvieron todas aquellas piezas que ahora son históricas. En la actualidad, la música se consume demasiado rápido. La radio es muy efímera, hay muchos discos y no se le da tiempo al público para asimilar una canción.
“Estas canciones nuevas de Calle Soledad están muy bien producidas, fueron hechas con un cariño inmenso, pero dudo de que lleguen a quedar en la historia como tantas líneas mías de los años 70 y 80. Aclaro que la duda no es por la calidad de las canciones, sino por el medio tan limitado en el que se van a mover”.