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La ‘Octava sinfonía’ de Mahler

La Orquesta Filarmónica de Bogotá participó en el montaje de la ‘Octava sinfonía’ de Mahler que, bajo la dirección de Enrique Arturo Diemecke, conmocionó por dos noches de octubre a la audiencia, en el Teatro Jorge Eliécer Gaitán.

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Por Valeriano Lanchas, cantante lírico
18 de diciembre de 2011 - 02:00 a. m.
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Les confieso que amo conservar las grabaciones de mis actuaciones y que de vez en cuando las escucho con agrado en la intimidad de mi sala. Esto podría parecer un acto frívolo, autocomplaciente y arrogante, pero no lo es. Por eso se los cuento.

Cuando estoy parado en el escenario y entrego todo mi ser como un vehículo para que la obra que estoy interpretando le llegue al público, vivo una especie de trance controlado o profunda comunión con el milagro de la música. Si les parece cursi lo que digo, por favor, ¡dejen de leer esto aquí!

Les digo la verdad. El don de poder cantar así y poderle llegar a la gente no es una propiedad. Yo tengo mi talento en arriendo. Martha Senn, que es la cantante lírica más grande que ha tenido Colombia en su historia y a quien tengo el enorme privilegio de contar como mi amiga y colega, me enseñó que existen dos clases de cantantes: los que utilizan la música para su beneficio y los que cantan a beneficio de la música. Yo he hecho todos mis esfuerzos para lograr pertenecer a la segunda categoría, así como lo ha conseguido Martha en su hermosa carrera. Por eso me gusta conservar las grabaciones de mis actuaciones. Para ver qué fue lo que pasó allí, porque al momento de cantar no estaba sólo yo. Aunque no parezca, allí había más de prestado que de propio. Pero yo trato de gozar la dicha de tener este talento mientras lo pueda tener en arriendo.

La Octava sinfonía de Mahler es una obra que pertenece al catálogo de las indispensables. Acercarse a ella le cambia a uno la vida. Es como el antes y después de leer Cien años de soledad o de nadar en el mar o de enamorarse.

Haber sido parte del estreno en Colombia de esta obra me cambió algo por dentro. Ya no soy el mismo. ¡Para eso existe el arte! ¡Para que uno no vuelva a ser el mismo, para que uno crezca, pueda ser feliz, se invente todos los días! Creo que esto lo experimentan el público y los intérpretes por igual. Por eso existe. Por eso es importante.

Nunca acabaré de agradecer al equipo humano que hizo posible que esta obra se pudiera ver en Bogotá. María Claudia Parias y el maestro Enrique Diemecke merecen que nuestra ciudad les de unas GRACIAS enormes. Yo se las doy desde aquí, con todo mi corazón. Fue tan emocionante reencontrarse con tantas caras conocidas, en los coros, en los maestros de las orquestas, en los solistas, todos trabajando juntos para incluir a Bogotá en el selecto grupo de ciudades en América Latina que han podido ver esta obra. Queda una profunda satisfacción.

Si escribo aquí para compartir con ustedes mi experiencia les pido que entonces me permitan decirles este par de cosas: crean en su camino, déjense sorprender, no se nieguen créditos, ¡pero nunca se olviden que nadie hace nada solo!

Por Por Valeriano Lanchas, cantante lírico

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