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¿Cuándo empezó a saber que la radio era su mundo?
Cuando me dijeron que me habían escuchado, cuando entendí que uno puede ser el conductor de la opinión de miles de personas, cuando lo que dije encontró eco.
¿Cómo fue su primer contacto con los micrófonos?
En la transmisión de una corrida de toros, que es mi otro mundo. En mi casa no hubo un balón, siempre había un capote o una muleta o un traje de luces, se declamaba un poema de García Lorca o se escuchaba a doña Rocío Jurado cantando “tres capotes, tres monteras en el redondel”. En aquel entonces se hizo la inauguración la plaza de toros de Calarcá, en el Quindío, y me llamaron de Todelar para transmitirla, porque siempre he sido un estudioso de la tauromaquia y los directivos de la cadena lo sabían y me invitaron a tomar el micrófono.
¿La radio es más mágica que la televisión o que la prensa?
Sin duda, porque el ser humano es palabra y a través de ella se puede decir lo que nos gusta, lo que pensamos, lo que sentimos, con distintos tonos de voz que terminarán siendo música para los oídos.
¿En qué medios radiales ha trabajado?
Comencé en Todelar en Armenia, pero también estuve en Súper, Colmundo, Caracol y ahora en RCN La Radio de Colombia. Siempre estuve vinculado a las transmisiones de las corridas y a los programas taurinos. Fue en RCN donde me brindaron la oportunidad de hacer programas distintos a los de tauromaquia.
¿Hacer radio de noche es aún mejor que la que se hace de día?
Es distinta por el color, por el tono de luz, pero es igual en el sentido de la responsabilidad que hay que tener. Siempre hay que tener la capacidad de sorprender al oyente. Será buena si es buena y mala si es mala, sin importar el horario. La radio en la noche es más cercana, es más íntima, más directa.
¿Hay más creación en la noche que en el día?
Debe ser muy creativa, porque de otra manera se duermen los oyentes. Hay que hilar muy fino y con buen criterio periodístico. De otra parte, ¿cuándo has visto hacer un poema a las 11 de la mañana? La noche tiene su encanto y hay que saber llegarle al oyente, no sólo a aquellos que no pueden dormir, sino a los que trabajan, estudian o enamoran.
¿Los oyentes son completamente diferentes?
Sí. Son, desde el punto de vista radial, más fieles, porque el que nos sintoniza en la noche es porque nos quiere oír, no porque le toca. En un principio creía que sólo les llegaba a las putas, taxistas y ladrones, pero Nocturna de RCN me enseñó que además, como debe ser, la noche tiene su propia vida y hay compositores, poetas, médicos, abogados, arquitectos, esperando quien los atrape o seduzca.
¿Cómo empezó en ‘Nocturna RCN’?
Me llamó el doctor Fernando Molina Soto, presidente de RCN Radio, con la directora de noticias de la cadena, Yolanda Ruiz. Se tomó la determinación de que me pusiera al frente de Nocturna como director. En aquel momento les dije: “Con una sola condición y es que el programa se parezca a mí, que lo pueda hacer como creo que se debe hacer y si no funciona, a los ocho días ustedes me cambian”. Ya completé cuatro años.
¿Qué son las olas de ‘Nocturna de RCN’?
Me inventé dividir el programa en segmentos poblacionales convertidos en olas, así, tengo la Ola amarilla: los taxistas; Ola verde: policías y soldados; Ola tricolor: colombianos en el exterior; Ola de la patecaucho: los transportadores; Ola de los nada que ver: los ciegos; Ola de los corazones rotos: los despechados; Ola del andén: los vendedores ambulantes; Ola gris: poetas, músicos, intelectuales; Ola de la aguja: las modistas y costureras; entre otras. Lo más bonito es que cada ola es bautizada por los mismos oyentes.
¿Por qué hacer el programa en pijama?
Porque la pijama es el traje de la noche.
¿Qué hace cuando se ‘caen’ los temas?
Echar mano de la improvisación y el profesionalismo. En la radio en directo no hay telepronter, máxime con las cinco horas al aire que estoy en ‘Nocturna de RCN’.