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¿Cómo le fue con su debut en el teatro?
Mejor de lo que esperaba.
Ahora qué prefiere, ¿televisión o teatro?
Teatro, cine y televisión, cada uno tiene su propio sentido, su razón de ser y su forma de aprovechar al actor.
Lo más difícil de interpretar a Julia.
Modificar la característica particular de mi voz, que es suave. A Julia debo imprimirle firmeza, volumen y mucha actitud para desarrollar el personaje de una mujer herida y vibrante, intensa y un poco perversa.
¿Cuál es la diferencia entre actuar en televisión y en teatro?
Son muchas las diferencias, pero el lance al vacío cada noche y la adrenalina que genera el saber que cualquier cosa puede pasar, me han producido una sensación de placer y de presencia absoluta durante cada función que no había experimentado antes, a pesar de conocer la historia de principio a fin. Además, la experiencia del público en vivo es mágica.
Lo mejor de ser parte del elenco de ‘La Gorda’.
La historia y el mensaje de respeto. También la compatibilidad del grupo.
¿Y usted alguna vez tuvo kilitos de más?
No más de dos o tres.
¿Cuál es el problema más grave de la actuación en Colombia?
La importancia que ha tomado la estética de los actores por encima del talento. Y en cuanto al gremio, como profesión, la ausencia de leyes que lo protejan.
¿Para qué sirve la fama?
Es elección de cada quien. Para mí ha sido un cable a tierra, agradezco los beneficios que trae, pero no caigo en sus redes.
Lo más difícil de ser actriz.
Entender que nunca se llega a la cima, siempre el camino está por recorrerse.
El papel que quisiera hacer.
Me encantaría mucho interpretar un personaje con profundos conflictos como Frida Kahlo. Un personaje con picos muy altos y muy bajos en su línea dramática.
El que le costó más trabajo interpretar.
Cada personaje tiene un grado importante de dificultad en su desarrollo, pero alguna vez interpreté a una mujer con cáncer y el trabajo de campo y el desarrollo haciendo la conciencia de la enfermedad fue muy fuerte. Y disfruté tanto como sufrí el personaje de Ana en El Colombian Dream.
¿Cuál es el Tatiana’s dream?
Seguir creciendo siempre en mi trabajo como actriz, acertar en cada paso que doy en mi rol de madre y crecer como ser humano en conciencia y sin egoísmo. También viajar, leer, reír, bailar, nadar y subir montañas… Y algún día, cuando sienta que algo dentro de mí creció, escribir.
¿Por qué cambia tanto de ‘look’?
Porque me gusta jugar con la imagen, los colores y la estética. Creo que los cambios externos reflejan un poco los cambios de estado del alma.
Lo mejor y lo peor de tener amores en el medio.
Lo mejor ha sido el amor vivido y lo peor las cosas irreconciliables que quedan en medio.
¿Por qué dejó el modelaje?
No lo dejé. La carrera como actriz me alejó de él. Pero las puertas siempre están abiertas.
La serie en la que le hubiera gustado actuar.
La mujer del presidente, El Capo.
¿Qué quería ser de niña?
Bailarina, hasta que un accidente interrumpió ese sueño.
¿A qué oficio no se le mediría?
Como policía, astronauta, modista ni contadora.
Su mayor logro.
Llegar hasta la Patagonia casi a pie, atravesando Suramérica.