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Los libros sobre la violencia del país son pan de cada día de las editoriales. ¿Qué nuevas miradas sobre el conflicto propone ‘Cartas a Emmanuel’?
Las editoriales están saturadas con el pan diario, particularmente duro y viejo que es la violencia en Colombia, pero mi libro ofrece miradas refrescantes de mujer, de madre, para un niño, para muchos niños, para jóvenes, para miles, quizá millones de espíritus inquietos que desean la paz en lo profundo de sus corazones.
¿Qué le significa haber tenido una familia que en su mayoría ha sido víctima de la guerra?
Un mayor compromiso con la transformación de la realidad actual del conflicto. En mi caso concreto, lo que más deseo para mi hijo, como era el deseo de mis abuelos y de mis padres para mí, es que viva feliz en el país, en paz.
El libro reseña, además de momentos de la violencia en Colombia, anécdotas personales que vivía paralelamente. ¿Fue difícil hacer el recuento de tantos años de su vida?
Bueno, de tantos años de mi vida, no tanto, pues no tengo aún tantos. Lo realmente difícil y doloroso fue recordar tantos momentos de violencia en el país, aunque no reseño todos los momentos de violencia, porque entonces no hubiese acabado de escribir el libro.
Además rescata muchos aspectos del gobierno Uribe Vélez, ¿cuáles son los principales?
Rescato su interés por la infancia. Recuerde que él se la jugó con todo, con la famosa hipótesis sobre mi hijo —antes de mi liberación— al anunciar que estaba en manos del ICBF, y tenía razón. Pero más que el gobierno, que desafortunadamente tuvo lunares, me encanta personalmente el arrojo del presidente para enfrentar los problemas y llamar las cosas por su nombre. Me encantan su energía, su capacidad de trabajo, su gusto por lo discreto en los actos públicos, sin ostentaciones en los gastos.
En el siglo XXI, según su libro, ¿cómo se entiende la libertad?
Con sentido de valor, de principio, de responsabilidad.
En una frase, cómo diferencia cada uno de sus tres libros:
Cautiva, como el testimonio sentido de un secuestro. A prueba de fuego, como la capacidad de resiliencia, de salir adelante, de sobrevivir, y Cartas a Emmanuel como el contexto del conflicto en Colombia, en 17 capítulos amenos y sencillos.
¿Cree en la paz?
Creo en la paz, pero además la quiero para el presente, la quiero vivir, la quiero sentir, la quiero disfrutar, como en lo profundo de sus corazones la deben desear millones de colombianos.
¿Cuál sería el primer paso para acabar con el conflicto armado?
Pedirle al presidente que saque la llave del armario o del bolsillo, de manera inmediata, sin miedo, sin ambages. Con decisión, con entusiasmo, con optimismo.
¿De qué o de quiénes depende su fin?
Sería absurdo pensar que sólo depende de las Farc, o sólo de nuestras Fuerzas Armadas. Se requiere del concurso, de la voluntad y el compromiso de todos y cada uno de los colombianos, desde el más humilde, hasta el más poderoso. Se requiere de todos los corazones.
¿Cree que Emmanuel vivirá en una Colombia tranquila?
Quiero que mi hijo Emmanuel viva en una Colombia tranquila, pero yo también quiero vivirla, y creo que mi mamá, que es una abuelita también, y todos los adultos mayores merecen alcanzar a vivir en paz, después de tantos años en conflicto.
¿Cómo describe sus años en la selva?
Los casi seis años de cautiverio en la selva los describo como dolorosos y aleccionadores. En el dolor también se crece y se aprende.
¿El día de su liberación?
Fue un día extraordinario, imborrable, maravilloso.
¿Y el rencuentro con su hijo?
Lo describo como un milagro, una bendición. Me inspira un agradecimiento perenne a Dios, a las oraciones y la solidaridad de mis compatriotas.
¿De qué temores se liberó en la selva?
Del temor de escribir y expresar lo que pienso y lo que siento de manera directa, sencilla y franca.
¿Tiene un próximo proyecto de escribir?
Sí, ya lo empecé.
¿Qué tan cerca ha estado de la muerte?
Digamos que alcancé a tocar las puertas de San Pedro, pero me devolvió. Al parecer, aún no era el momento.