Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta política.

La tempestad sin fin

Trece años después de haberse retirado de la composición de nuevas óperas, Verdi finalmente se rinde ante el Otelo del libretista Arrigo Boito.

Redacción Gente

11 de octubre de 2015 - 09:00 p. m.
PUBLICIDAD

Entre marzo de 1884 y diciembre de 1885 compone la ópera en tres etapas cortas. Sin embargo, ambos han venido trabajando el libreto durante algunos años, tejiendo y corrigiendo, revisando una y otra vez cada escena. Basada en la tragedia de Shakespeare, la ópera Otelo no solamente retiene la esencia, sino que la redimensiona gracias a la magia de la unidad texto-drama-música. El perfecto libreto para la perfecta música: imposible escribir algo mejor. Boito condensa magistralmente el drama a una tercera parte. Si algo tiene Verdi es una profunda capacidad de internarse en sus personajes para, por medio de la música, envolvernos y hacernos vivir sus pasiones.

Otelo es tempestad desde el inicio hasta el final, pero una tempestad que va y viene, explotando cuando menos se la espera. Aunque Otelo es reconocida por ser la tragedia de los celos, incluso en psiquiatría existe un síndrome con ese nombre, es realmente un enjambre de pasiones: envidia, amor, odio, ira y —por supuesto— celos.

La historia va así: Otelo es el nuevo gobernador de Chipre, que regresa luego de una triunfal batalla. Yago es uno de sus oficiales, que odia secretamente a Otelo por haber nombrado capitán a Cassio en su lugar. Durante las celebraciones por la victoria, maquiavélicamente, Yago provoca una pelea entre Rodrigo —un caballero veneciano— y Cassio, quien en medio de la disputa termina hiriendo a Montano, otro oficial. Entonces Yago hace venir a Otelo, que degrada a Cassio por su actitud. Luego, haciendo que Cassio crea en su interés por ayudarlo, Yago lo convence de hablar con Desdémona, esposa de Otelo, para que interceda por él. Hábilmente, Yago hace creer a Otelo que su esposa lo puede estar traicionando con Cassio. La semilla está plantada y unos incontrolables celos inician la destrucción de Otelo, quien finalmente mata a Desdémona y luego, al descubrir la verdad, se clava un puñal.

Read more!

Inicialmente, Verdi tituló su ópera Yago, probablemente porque este personaje es el motor de la trama. Inteligente, manipulador, observador, sin principios morales, ambicioso, Yago y sus pasiones mueven los hilos para desencadenar la tragedia. En el segundo acto, con su poderoso Credo, Verdi hace que este personaje nos muestre su esencia: un ser despiadado, cruel, que antepone sus intereses a todo, como único principio moral. Le propongo al lector leer el texto y luego escuchar a Yago, para entender lo que mis palabras son incapaces de describir*.

Otelo, el gobernador, es un derroche de egoísmo no tan diferente de Yago, pero que funciona como el tonto útil. Como será para cualquiera que tenga poder, lo rodea la incertidumbre de la lealtad de sus subalternos y, claro, de su propia esposa. La escena luego del Credo, en la que Yago siembra la duda en Otelo, es un derroche de contrastes y ejemplo de la maestría de Verdi. La frialdad de aquél y las explosiones de éste. Y, al igual que con Yago, Boito-Verdi revelan al verdadero Otelo en Tu?! Indietro! fuggi!, un Otelo atormentado porque sabe que sus celos lo llevarán a la ruina, desvirtuando sus triunfos. Repito con estas partes la invitación hecha antes al amable lector.

Read more!

Desdémona es el amor, la virtud, la ingenuidad, y en el inicio del cuarto acto, durante su escena con Emilia, esposa de Yago y su dama de compañía, su dulzura y profunda tristeza conmueven al más duro corazón. Brilla Verdi nuevamente con una genial orquestación en la que no sobra una nota ni un instrumento para crear la atmósfera precisa. Los contrabajos cantan por Otelo cuando éste entra en la habitación de su esposa, desde el registro más grave al agudo, en una hermosa y profunda melodía que dialoga con las violas que, con simpleza, crean una sórdida tensión. Luego, el exabrupto, la locura, el mal triunfante.

La primera escena de la ópera es justamente un presagio, un anticipo, con un coro pleno de energía y —de nuevo— contraste; con una fuerza en la orquestación que desborda toda imaginación y nos hace estar en el centro de la tempestad, no tanto por lo que vemos, sino por lo que nos hace sentir. Ese es el poder misterioso de la música: provocarnos sensaciones y emociones como ninguna otra expresión artística.

Y si antes, amable lector, lo invité a leer partes del texto y luego escuchar la música de Verdi para esas partes como propuesta de método para apreciar y comprender el poder de la música, ahora lo invito a que venga y complete la experiencia con lo visual. Sí, no es la Met, es un cine. Pero la tecnología y la impecable producción hacen que uno casi se sienta allá. Además tendrá la oportunidad de entrar en los camerinos, en la trasescena, en muchos rincones de ese maravilloso y mágico género: la ópera.

 

No ad for you

* Puede descargar el libreto gratuitamente en: www.kareol.es.

Por Redacción Gente

Temas recomendados:

Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta  política.