Julia recuerda aún que su verdadera introducción a la música fueron las cuatro horas de la ópera El anillo del nibelungo, de Wagner. Además de lo bien acompañada que estaba junto al arpista Vittorio Salvi, esta obra que muchos consideran difícil para ella fue una revelación: “Yo me sentía muy impresionada de estar en Covent Garden y de estar en la ópera verdaderamente por primera vez. Era apreciar realmente algo que por años había imaginado o visto en televisión”, cuenta Julia.
En esa época era estudiante en Londres, la ciudad que ella escogió para aprender inglés, formarse como corredora de seguros y mantenerse cerca de la cultura del mundo, pues aunque su hermana mayor había escogido Boston para continuar sus estudios, para ella Gran Bretaña prometía algo distinto, y así fue.
Al poco tiempo de estar allá conoció a Vittorio, músico profesional, quien hacía las cosas más disparatadas por conquistarla, hasta que le propuso matrimonio y ella entendió que el sí se lo daba al hombre de su vida y a la música. “No se es músico a medias. A cualquier hora del día entraban y salían artistas de mi casa, la música sonaba todo el tiempo y no es diversión, es trabajo, pero ese mundo me absorbió y le entregué mi vida”. Ahora de esa decisión sólo lamenta el haber tenido que renunciar a la infancia de sus hijos, quienes por las giras y conciertos estudiaron en un internado en Inglaterra.
La elegancia de Julia se combina con su forma de hablar pausada. A simple vista no se revela esa personalidad fuerte y decidida con la que ayudó a crear un festival, aparentemente imposible en Cartagena, hace algo más de cuatro años. Sin embargo, ella es consciente de su templanza e incluso ante la pregunta acerca de lo que ha sido más difícil en este proceso, responde sin dudar: “Que la gente que trabaja conmigo acepte lo estricta, brava y exigente que soy”.
Ya la conocen, son casi cinco años de una exigencia que raya en el perfeccionismo absoluto, pero que ha convertido el Festival de Música de Cartagena en un evento obligado en la agenda de melómanos y amantes de la cultura. Que cuenta con importantes mecenas dispuestos a mantenerlo en los primeros lugares y que va más allá en cada edición.
Para esta caleña, italiana por adopción, el Festival es mucho más que los músicos que vienen a los conciertos, lo que ella busca junto con su equipo es sembrar las semillas de la cultura musical desde los más jóvenes hasta los profesionales que tienen pocas oportunidades de recibir formación.
Ahora se ve obligada a viajar mucho. El Festival, que nació gracias a la amistad entre los Salvi y el director Charles Wadsworth (primer director artístico del Festival) en unas circunstancias únicas e irrepetibles, ahora la necesita más que nunca pues en estos cinco años tanto Vittorio Salvi como Wadsworth han visto deteriorada su salud y son Julia y Stephen Proustman quienes recibieron la batuta y conducen esta gran empresa cultural.
A pesar de la dificultad que le ha representado vivir en dos lugares, ser jefa de quienes han sido sus amigos y de pasar tanto tiempo alejada de su familia, sabe que la mayor recompensa ha sido la respuesta al Festival. Así que por ahora su vida pasa por este encuentro que el próximo 9 de enero llega en Cartagena a su momento más importante.