Nació el 8 de febrero de 1932

Luces, cámara... y la música de John Williams

El compositor, arreglista y director de orquesta es el responsable de algunas de las bandas sonoras más reconocidas de Hollywood. Por su creatividad pasó la música de “Tiburón”, “E.T., el extraterrestre”, “Supermán”, “Guerra de las galaxias” y “La lista de Schindler”, entre muchas otras.

El músico estadounidense John Williams en su rol de director de orquesta en 1980. / EFE

John Williams prefiere rehuirle a cualquier invitación para ir a cine. A sus 86 años ya sabe que ninguna trama, por más contundente que sea, es capaz de ocupar su cabeza y desplazar los pensamientos sobre las bandas sonoras que llegan a sus oídos tan pronto comienza la escena.

La experiencia, las canas y la sabiduría de la edad le sugieren que en ese instante sólo podrá encontrar tres posibles reacciones. Si la música resulta inferior a sus expectativas, el proceso mental lo lleva a diseñar procedimientos para imprimirle emotividad a una supuesta partitura que repasa paso a paso en su imaginación. En caso de que suceda lo contrario, su inconsciente competitivo emerge para decirle que es necesario trabajar más duro porque los demás, sin importar nombres ni apellidos, estás haciendo cosas mucho mejores. Finalmente, la tercera opción, que pasa con demasiada frecuencia, es que el sonido que marca el devenir de los cuadros en la gran pantalla es de su propiedad y él prefiere que su obra hable por ella misma. Además, el compositor, director de orquesta y arreglista odia entablar diálogos con aquellas creaciones que considera ya culminadas.

Cuando John Williams declina la invitación para ver una película, sabe que en su casa lo espera una interminable colección de piezas clásicas, aunque a veces prefiere saltarse algunos siglos y confrontar a los compositores contemporáneos, los que hicieron más llevadero el siglo XX y, aún hoy, siguen en la apuesta por la música sinfónica.

Tanto de los grandes maestros del barroco y del período clásico como de las mentes de vanguardia, él ha aprendido a estructurar su música para realizar algunas de las películas más importantes de la historia del cine. La dupla con Steven Spielberg está más que consolidada en realidad y ficción, y su éxito se debe a que ambas personalidades saben respetar el espacio del otro. El director adapta el cronograma de edición a los tempos musicales para que imagen y melodía caminen de la mano y se mezclen hasta parecer un único componente.

Los directores de cine Steven Spielberg, George Lucas, el violinista Itzhak Perlman y el cellista Yo-Yo Ma han sido personajes muy cercanos para John Williams. Con ellos ha sacado adelante propuestas novedosas para el arte sonoro y para el cine. Una de las grandes ventajas que ha tenido el músico es que además de ser compositor, es un arreglista consumado y un director de orquesta hábil cuando se trata de envolver a los músicos en un exigente halo colectivo, en el que el reto es transgredir la técnica para tomar el rumbo de la emotividad, el fin último de cualquier manifestación artística.

Es reducido el número de seres humanos que conocen el discurso musical erudito y no les interesa enredarse con los conceptos y definiciones. Uno de ellos es John Williams, quien entendió desde muy joven que la especie a la que él pertenece tiene en común la piel y a través de ella puede sentir, recordar y evocar. Uno de sus grandes méritos es haber llegado con sus partituras a lo colectivo, pero para hablar y tocar a cada ser de manera individual.

Los alcances de Williams superan cualquier expectativa, porque el público se ha sentido identificado alguna vez con esas creaciones que tienen la misión de incluirle fortaleza a una acción evidenciada en la gran pantalla. Su paternidad intelectual cobija bandas sonoras como Tiburón, E.T., el extraterrestre, Supermán, Guerra de las galaxias, Indiana Jones, Parque jurásico, La lista de Schindler, Mi pobre angelito y Harry Potter, entre muchas otras piezas audiovisuales que desde la década del 70 dominan el espectro de Hollywood.

Para hacer referencia a John Williams, no se pueden desconocer los cinco premios Óscar que tiene en su haber, así como sus cuatro Globos de Oro y algo más de una veintena de Grammy. Sin embargo, lo que más le gusta a Williams a sus 86 años es que parte de la historia de una actividad en la que se dan cita la música y el cine.

Es imposible pensar en la aleta del tiburón más temido del celuloide sin su fondo musical propio. Es un desperdicio incluir una imagen de Indiana Jones y omitir los pentagramas creados para la película. A Supermán le puede faltar su cachumbo de pelo sobre la frente, pero no el sonido mientras la capa se mueve con el viento. La contundencia de Darth Vader se reduciría a la mitad si su figura y su respiración exagerada no estuvieran siempre acompañadas por La marcha imperial. ¿Alguien se puede imaginar silente a E.T. en la canasta de la bicicleta robándole protagonismo a la luna? Contemplar el cine de ahora sin música es tan difícil como pensar en John Williams sin una banda sonora.