Más allá de la fama, Uma Thurman llama la atención por su distinguida altura y los clarísimos ojos azules que se abren todavía más cuando sonríe al saludar.
Estrenando dos películas en una misma temporada, se explica la alegría de alguien que conserva hasta la última gota de humildad, aun cuando ocupa uno de los lugares más importantes de Hollywood.
Desde que Quentin Tarantino la consagró con la película ‘Pulp Fiction’ y las otras dos versiones de Kill Bill, ya no precisa deletrear su nombre para que lo escriban bien.
¿Qué esperaba conseguir en los comienzos, cuando recién se había decidido por la actuación como un estilo de vida?
Al principio, quería conseguir algo maravilloso como el cine de ‘Annie Hall’, ‘Silkwood’ o ‘Pillow Talk’. Quería interpretar esa clase de mujeres, comunicando la experiencia de ser una mujer, con humor y con drama. Era todo lo que quería hacer.
¿Y ahora qué quedó en el pasado? ¿Cómo recuerda aquellos primeros tiempos?
Me acuerdo que vivía en un cuarto piso por escalera, convencida de que era un buen ejercicio, pero igual no veía la hora de mudarme a un edificio con elevador. Lo peor era el momento de las valijas. Viajaba constantemente, en los tiempos en que volvía de Francia por el rodaje de Dangerous Liasons. Llegaba en taxi y ahí estaba yo, con tres valijas, tratando de ver cómo me las arreglaba para llevarlas hasta el cuarto piso, en plena medianoche. Quedaba exhausta (riendo). Así fueron mis comienzos, siempre buscando llegar bien arriba.
¿Teniendo a un monje budista como padre, también creció con los principios budistas?
Todas nuestras conversaciones en casa trataban de eso. Como filosofía, el budismo es muy bueno. Las simples reglas y responsabilidades de causa y efecto, el karma, me parece que son excelentes y así me crié.
¿Parte de su infancia la pasó en la India, con sus padres?
Había ido primero, cuando era bebé y por supuesto no me acuerdo nada de esa época. Pero después volví a los nueve años y siendo tan chica, creo que resultó una experiencia increíble dejar América para pasar un tiempo en aquella cultura. Definitivamente me hizo vivir la vida en un nivel diferente, viendo tanto sufrimiento, aunque también descubrí la increíble felicidad cuando falta el dinero. Es algo que no siempre se ve creciendo dentro de una familia de clase media. Fue una experiencia poderosa para mí.
¿La altura o la boca grande que hoy resulta tan sensual alguna vez fueron blancos de burlas durante la época de escuela?
Por supuesto. La altura era pésima y la boca grande o la nariz grande y los ojos tan espaciados resultaron un problema. Todo era un gran problema.
¿Y cómo es que salió a buscar trabajo como modelo, con apenas 15 años, con tanta inseguridad sobre su belleza?
Bueno, la ventaja de ser considerada como una modelo exótica es que estaba por fuera de la definición de belleza donde yo vivía, en 1983. Pero mi madre es de Suecia, con ascendencia alemana y ella había sido una verdadera belleza famosa, mucho más que yo. Y yo nunca fui buena como modelo. No tuve tanto éxito en esa profesión. Y supongo que también sabía que iba a ser así, pero parecía un buen camino para la independencia, financiando también mis clases de actuación. Estaba filmando la primera película. Así que tenía 16 años cuando empecé en cine.
¿Y el empuje de Quentin Tarantino tuvo mucho que ver en el destino de su carrera? ¿Cómo fue que se conocieron antes de ‘Pulp Fiction’ y ‘Kill Bill’?
Yo tenía 23 años. Me había encerrado en un hotel por una infección en el ojo que me había contagiado en la piscina. Hacía diez días que no dejaba el hotel y me la pasaba posponiendo la reunión que tenía programada con Quentin (Tarantino). No sabía quién era y ni siquiera había visto Reservoir Dogs. Al final, terminamos encontrándonos una vez, creo que en el famoso restaurante Ivy, y nos sentamos a hablar por tres, cuatro horas, hasta que cerraron el lugar. Yo tampoco había leído el guión (de Pulp Fiction), aunque pretendía que lo había hecho. Fue una reunión bastante graciosa porque me la pasé esforzándome para entretenerlo sobre cualquier otro tema para que no se notara que yo no había hecho mi tarea. Pero tampoco me sirvió, porque muchos años después, él mismo me dijo que se había dado cuenta.
¿Tarantino habrá notado algo que usted no había visto en sí misma?
Yo me la pasé frustrándolo, porque creo que en cierta forma me había negado o me escapaba, mientras él peleaba por contratarme. Yo me resistía. La escena de la violación de los chicos me había asustado y me preocupaba bastante. Ya sabes el estilo de cine que yo había hecho antes, habían sido películas de época y me sentía atrapada en un ‘corsette’. Trataba de romper esos cordones y volver a la actualidad, al presente.
¿Saltando tan seguido del drama a la comedia o incluso las películas de acción, extraña algún género?
En cuanto a los estilos de cine, siempre tuve cierta obsesión por tratar de cubrir todos los géneros, tal vez porque los recorrí a todos. Me gusta seguir haciendo lo que amo, explorando nuevos personajes, nuevos mundos, nuevas vidas.
¿En qué medida ayuda en su trabajo la realidad? ¿El hecho de ser madre, por ejemplo, facilita interpretar una madre?
Estoy segura que hubiese podido interpretar el papel de madre aunque no hubiese tenido hijos.
¿Qué edad tienen sus hijos hoy?
Tengo una hija de 9 y un varón de 6.
¿Todavía falta tiempo para lidiar con ellos la misma búsqueda de independencia adolescente que usted vivió en primera persona?
Ni la espero. No me gusta nada de la adolescencia. La pubertad da miedo, es un momento doloroso.