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Matemático por accidente

Para el académico bogotano Alf Onshuus resolver problemas es un gran reto.

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El Espectador
26 de agosto de 2013 - 10:00 p. m.
Alf Onshuus, en el edificio de Matemáticas de la Universidad de los Andes/ Nelson Sandoval
Alf Onshuus, en el edificio de Matemáticas de la Universidad de los Andes/ Nelson Sandoval
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Uno de los más complejos lo vivió en el 2008, cuando fue secuestrado por las Farc.

¿En qué consiste el premio que se ganó?

Se otorgaban cinco reconocimientos a matemáticos latinoamericanos, que trabajaran en temas de investigación y que llevaran menos de doce años después de su doctorado. Fueron entregados en el Congreso de las Américas 2013.

¿Cómo llegó a las matemáticas, por qué le apasionan tanto?

Fue por accidente, comencé resolviendo problemas y participando en olimpiadas, pero nunca pensé en hacer una carrera, como tal. Después me dieron una beca para estudiar en la Universidad de los Andes, y ahí empezó todo.

Hay personas que les temen o repudian los números y fórmulas, ¿cómo verlos de otra manera?

Un amigo lo ponía de una manera muy chévere: decía, son difíciles, pero eso mismo las hace entretenidas. Nos gusta enfrentarnos a un problema, tratar de resolverlo, como si fuera un crucigrama y al solucionarlo, la dicha es inminente.

En la vida práctica, ¿cómo se pueden aplicar todos esos razonamientos?

Cada vez el conocimiento se está matematizando más. La ciencia básica está pasando por ese proceso. En últimas, la forma como entendemos el mundo, como lo percibimos, predecimos, explicamos, pasa por matemáticas, de una u otra manera.

¿Cómo ha sido su experiencia en la docencia?

Siempre me ha apasionado. Cuando no tengo esa posibilidad, mi vida se desorganiza.

¿Y cómo tener cabeza para los problemas cotidianos de la vida y los de las matemáticas?

No la tengo. Cuando estoy en un problema ‘real’, soy disfuncional.

Enfrentó un gran problema, el de un secuestro por parte de la guerrilla en el 2008, ¿cómo fue esa experiencia?

Fue en el primer semestre de ese año. Desde enero hasta julio. Estábamos de vacaciones en Nuquí, Chocó, y había un grupo guerrillero que recién estaba efectuando operaciones en esa zona. Íbamos alrededor de 30 personas y nos escogieron a seis, nos tuvieron caminando como una semana y después de campamento en campamento. Quedamos dos y un campesino del Valle.

Durante ese tiempo, ¿qué hacía? ¿Cómo era el trato de la guerrilla?

Era bueno, a ellos los tienen convencidos de que están haciendo el bien, que están en la lucha armada. Los jefes del grupo sí trataban de convencerme de que mi familia no estaba haciendo nada, no apoyaba, como para que me desesperara, pero la incertidumbre era absoluta.

Tal vez en el tiempo libre, ¿tomaba un lápiz y papel para distraerse con las matemáticas o la lectura y escritura?

Tenía dos libros, uno de superación personal que no recuerdo y uno de Estanislao Zuleta. No sé si era la dieta que llevaba, la presión, la incertidumbre, pero no podía concentrarme ni para resolver problemas ni para leer filosofía. Con ese dilema ya era suficiente tarea para solucionar.

¿Pensó en escribir algo sobre esa experiencia?

Sí, de hecho aún lo tengo como proyecto. A mí me liberaron el mismo día que a Ingrid Betancourt y ya era suficiente con todo el despliegue en libros y medios que se les dio a los secuestrados. Preferí esperar.

Después de esa situación, ¿cómo ve el conflicto armado del país y las posibilidades de negociación de la paz?

Mi experiencia en el secuestro estuvo más ligada con los soldados rasos de la guerrilla y sobre todo del Chocó. Lo que veo es que, por más que esté estructurada la guerrilla, la ideología, el pensamiento y las formas de ser de los negociadores, no siempre se traducirán a los rasos, con quienes estuve. Parecieran ideologías diferentes.

¿Por qué?

Por ejemplo el jefe de la compañía que me secuestró, estoy seguro de que siempre seguirá delinquiendo, porque necesitaba del poder, de su arma, era un mal hombre. Por ende convencía a los guerrilleros rasos de que lo que hacían estaba bien y debían sentir orgullo, entonces con un pensamiento así siempre habrá conflicto.

Por El Espectador

 

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