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Una melodía que lo inspira.
La II sinfonía de Gustav Mahler.
Lo que más recuerda de lo que le enseñaron en Austria.
La disciplina, el rigor y la necesidad de entender la música antes de dirigirla.
¿Qué lo pone a vibrar?
Un buen concierto, una buena conversación, una risa bonita.
Una salida en falso en escenario.
No recuerdo ninguna.
El sonido que lo enloquece.
El sonido de una buena orquesta, de un buen cantante, de una buena conversación.
Un concierto inolvidable.
Muchos.
¿A qué músico resucitaría?
Con mucho miedo, a todos los grandes maestros.
La obra que más le gusta interpretar.
Por lo general tengo la suerte de conectarme con lo que hago, la que dirijo es la que más me gusta.
¿Quién lleva la batuta en su casa?
La llevo yo. Soy el único director de mi casa.
La música que no debería existir.
No soy quién para decir eso.
Algo estruendoso.
El tráfico de Bogotá.
Un viaje para repetir.
Unas vacaciones en cualquier paisaje, de los preciosos, que tenemos en Colombia.
Lo que más extrañó de Colombia estando en Viena.
La gente, la comida y el humor.
La pieza predilecta de La Orquesta Tonkünstler.
Con un buen director, pueden ser muchas.
La magia de la ópera.
Su complejidad y reunir todas las expresiones artísticas, desde la música, pasando por el teatro hasta la pintura y performance.
Una buena invitación.
Dirigir la Filarmónica de Berlín.
¿Qué lo enloquece?
¡Huy!, ¡huy!
El amor de su vida.
Aparte de la música, mi madre y mi novia.
Su licor.
Ninguno.
Lo que más le gusta compartir.
La música y discutir temas.
Un buen montaje.
Varias producciones que he podido visitar y otras dirigir en Europa.
El instrumento que le gustaría aprender a tocar.
El chelo.
Una obra de arte.
Un Picasso, un Botero.
Un libro.
Una novela de Gabriel García Márquez o una irreverente de Fernando Vallejo.
¿Cuándo se estresa?
Cuando siento que el tiempo no me alcanza.
Una pasión diferente a la música.
Conversar con una bonita persona.
¿Qué le gusta comer?
Chocolates y hamburguesa.
Después de dirigir el montaje de la Ópera, ¿qué hará?
Seguir dirigiendo. Termino de dirigir La Bohème y a los tres días tengo concierto en Viena.
Su maestro.
Muchos.
Un buen acorde.
Uno afinado.
Un gran reconocimiento.
La ovación del público.
El mejor concierto que ha ofrecido.
No sé, creo que han sido varios.
¿Qué quería ser cuando pequeño?
Director de orquesta.
¿Qué lo hace sonreír?
La sola pregunta me hace reír.
¿A qué le tiene miedo?
A la ignorancia y hacer las cosas mal.