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“Me encanta bailar”

Los peores defectos de el pianista francés, Jean-Fraçois Dichamp son la inseguridad y la sensibilidad extrema.

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El Espectador
15 de septiembre de 2009 - 11:17 p. m.
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¿La música para qué?

Es la única manera de hablar de mi mundo interior y decir lo que las palabras no logran.

¿Qué tiene el piano que no tengan los otros instrumentos?

Puede sonar como una orquesta o algunas veces como una voz humana y muy a menudo como un piano.

¿El mejor pianista del mundo?

Rubinstein, Horowitz, Arrau, Martha Argerich…

¿El mejor reconocimiento que ha recibido?

El Premio Chopin, del Concurso Internacional de Piano en Santander, que me dio la viuda de Rubinstein.

¿Si no fuera pianista a qué se dedicaría?

Fotógrafo o escritor, quizás.

¿Sacó el talento de su madre?

Sí.

Defina: Nikita Magaloff...

Un príncipe.

Maria Curcio...

Mi madre espiritual.

Marcel Bluwal...

Mi padre espiritual.

Chopin...

El dios de los corazones heridos.

Mozart...

El dios de los dioses.

Franz Liszt...

A quien hubiera querido conocer.

Lo mejor de Francia.

La dulzura de la vida y su arte de vivir.

¿Y de Colombia?

La variedad de sus paisajes y la gente muy chévere.

El mejor recuerdo de su personaje como Mozart en la cinta del mismo nombre.

Cuando tuve que dirigir una ópera a los 12 años.

¿En cuantos países se ha presentado?

No recuerdo exactamente, pero más de 20.

La pieza que más le gusta interpretar.

Eso cambia cada cinco minutos.

¿Y la que más trabajo le costó?

Eso cambia cada año.

Un compositor admirable.

Bach, Beethoven, Mozart, Chopin, Schubert, Schumann, Wagner y muchos más.

¿Cuál fue su primera presentación?

Cuando tenía siete años, en la ciudad dónde vivían mis padres.

Lo que más recuerda de ese día.

Que no quería pararme porque me habían regalado chocolates y pensé que podría tener más todavía si seguía tocando.

¿Se considera romántico?

Sí, en el sentido “tormentoso” y también en lo que me gusta tocar.

¿Qué lo hace feliz?

Compartir lo mejor de la vida con la persona a quien amo.


¿Qué canta en la ducha?

Eso cambia cada día, ayer fue el movimiento lento de la Novena Sinfonía de Beethoven, esta mañana fue una canción de Brigitte Bardot. No sé qué pasó por la noche para explicar tal cambio.

¿Y así como toca baila?

Me encanta bailar, pero no soy profesional.

Su peor defecto.

La inseguridad y una sensibilidad extrema.

Un reto.

Tener éxito en la vida y con la vida.

¿Cuándo llora?

Cada vez que veo la última escena de Las Luces de la Ciudad, de Charles Chaplin.

¿De qué se arrepiente?

De no haber dicho que sí algunas veces.

Su maestro.

Stendhal.

Una maña.

Sacar una foto de la sala de conciertos vacía dónde voy a tocar.

Su comida favorita.

Italiana, francesa, japonesa.

¿Qué tal le va cocinando?

Cocino cuando tengo ganas y le aseguro que no ocurre a menudo.

¿Qué le ha dejado la fama?

Viajar y conocer gente.

¿Qué no perdonaría?

La hipocresía.

¿Qué lo estresa?

Que no tendré tiempo en mi vida para hacer todo lo que me gusta.

¿Cómo se relaja?

Tocando piano.

¿Qué hace antes de subirse a un escenario?

Poner la mente en blanco.

¿Le gusta el vallenato?

Conozco poco, pero me parece un baile muy elegante.

Lo más atrevido que ha hecho.

Escribirle una carta de amor a Claudia Cardinale.

Lo que más cuida de su apariencia física.

Desde el año pasado, mis manos. Eso fue cuando me quebré la muñeca. Gracias a Dios me recuperé. Pero pudo ser peor, no hubiera podido ser pianista.

¿Se haría cirugía?

No es una preocupación para nada, pero no dude en avisarme si nota algo malo.

Por El Espectador

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