El 13 de julio, cuando el reloj marcaba casi las 10:00 de la noche en Colombia y las 11:00 de la mañana en Vietnam, en un segundo Taliana Vargas hizo soñar a todo un país con la posibilidad de volver a tener la corona de Miss Universo, luego de 50 años.
En un segundo, también, el sueño se derrumbó y el mundo vio cómo la venezolana Dayana Mendoza, de 22 años, se iba con la tiara en su cabeza, dejándonos otra vez con las ganas.
Casi dos semanas después, El Espectador buscó en Nueva York a la mujer que, sin otra culpa que su enorme suerte, no nos dejó sonreír completamente esa noche, y nos encontramos no sólo con una joven hermosa, dueña de un cuerpo perfecto, sino con un ángel lleno de carisma.
Dayana, ¿cómo se siente con la corona en la cabeza?
¡Huy!, obviamente muy contenta con el resultado, porque gracias a Dios todo se me dio como tenía que haber sido. Todo esto ha sido tan rápido y han sido tantas emociones juntas, que todavía estoy impresionada.
Pero, la verdad, ¿qué pensó cuando quedaban dos candidatas y había sólo una corona?
En realidad estaba en shock y a la expectativa, que no pensaba mucho, créanme. Lo único que hice fue agarrarle las manos y le dije que ambas ya éramos ganadoras. Ahí se lo dejé todo en manos de Dios y dije “que sea lo que él quiera”.
¿Por qué cree que la escogieron a usted y no a Taliana?
Bueno, eso ya se lo dejo al jurado, porque yo no tuve la oportunidad de escoger a la Miss Universo, y ellos sabrán por qué.
¿Soñó con esa corona desde el principio?
En realidad éste era y es mi sueño. Me gusta soñar en grande y voy a seguir haciéndolo, porque pienso que los sueños son el motor para llegar muy lejos.
Cuatro latinas llegaron al top 5. ¿Qué cree que tienen las latinas que siempre pegan tan fuerte en Miss Universo?
Bueno, muchas cosas. La gente en Latinoamérica tiene una virtud que es la mezcla de culturas, un poquito de italiano, de español, un poquito de portugués y entonces definitivamente creo que esa mezcla es la que nos hace tener tanto sabor y ser muy interesantes.
Cuando anunciaron que usted era la nueva Miss Universo, ¿qué pasó por su cabeza?
Estaba tan contenta que me quería poner a saltar por todo el escenario, pero bueno, no podía y me tuve que contener. Me hubiera gustado ver por un huequito a mi gente en Venezuela, porque sé que estaban igual que yo.
Una prueba que muy pocas reinas pasan en Miss Universo es cuando responden la pregunta final. ¿Cree que es por falta de preparación intelectual?
No creo que sea fácil responder frente a millones de personas en un idioma que no es tu primera lengua. No es fácil dar una respuesta que el público quiera escuchar y que forme parte de la personalidad. Me parece que el nivel intelectual no necesita ser de universidad, ni de muchos grados, más bien de experiencia, de vida y de valores familiares e intelectualidad natural.
¿De qué manera se describe la actual Miss Universo?
Bueno, soy una persona bien sentimental, soy bastante independiente y tengo un defecto grande: soy perfeccionista. Me gusta pasarla bien, disfrutar cualquier momento al máximo. No me gustan las mentiras, ¡ah!, y también soy de las mujeres que lloran por todo (Dice con una sonrisa pícara).
Usted modela fuera de su casa desde antes de cumplir 15 años... ¿Qué es lo que más ha aprendido de esa experiencia?
Bueno, tuve la oportunidad de independizarme desde muy joven, así pude aprender dos idiomas y gracias a esa experiencia soy la persona que soy ahorita, que no tengo ningún grado de universidad, pero puedo responder la pregunta que sea frente a millones de personas en un lenguaje que no es el mío.
Y hablando de idiomas, dicen que usted es muy inteligente, pues habla tres o cuatro, ¿no?
Pero es que... ¿y si hablase solamente uno? Entonces qué, ¿eso significaría que no soy inteligente? La inteligencia no puede medirse por el número de idiomas que alguien hable. La inteligencia forma parte de la personalidad, de la manera de ser y muestra la manera de pensar.
Desde que la coronaron en Vietnam, su vida ha sido un corre corre. Si un hada madrina le concediera un día completo para hacer lo que usted quiera, ¿qué haría?
¡Huy!, me encantaría dormir. Dormir todo el día, aquí en Nueva York o en cualquier parte del mundo, pues estuvimos en Vietnam un mes completo durmiendo sólo tres o cuatro horas diarias, entonces uno tiene un cansancio acumulado.
¿Cómo han sido estos días como Miss Universo?
Bastante ocupados. A las cinco de la mañana ya estoy levantada y mi día va como hasta las 11 de la noche. Un día normal es un día de trabajo. Levantarse temprano, desayunar, trabajar todo el día en la calle, llegar a la casa, bañarse, cenar y dormir.
¿Usted es de las mujeres que para mantenerse en forma tienen que hacer grandes sacrificios o dietas especiales?
No. Gracias a Dios tengo un metabolismo acelerado, entonces puedo comer lo que sea, porque en verdad, para soportar o aguantar la presión y el ritmo de vida, puedo comer de todo y eso lo heredé de mi madre.
¿Cómo se ve en unos años, cuando Miss Universo quede sólo como un recuerdo?
En unos años me imagino con mi propia empresa, con mi familia y a la hora del almuerzo yendo a buscar a mis hijos al colegio. Me veo con una linda familia.
¿Y la reina tiene algún rey en su corazón?
Sí, tengo un novio hace cuatro años y siempre me ha apoyado en todo, tanto que cuando gané me dijo: “No necesitaba que te pusieran una corona para saber que tengo a la mujer más bella del mundo”.
¿Cuál ha sido el momento más triste de su vida?
Mi abuela murió de cáncer, algo que me afectó mucho (responde con una lágrima y un gesto de impotencia) y no puedo entender que la gente esté tan afectada con una enfermedad que no siempre significa la muerte, una enfermedad que se puede combatir, que es necesario hablar de ella, luchar contra ella.
¿Cómo fue lo de su secuestro hace un año y medio?
Bueno, fui víctima de un secuestro “exprés”. Fue una situación difícil que me enseñó a controlarme de manera que mis emociones no fueran más allá. Controlar mi susto, los nervios, el llanto, y creo que eso me ayudó mucho durante todo el proceso del Miss Universo.
¿Cuando era niña jugaba a ser reina?
No, la verdad no fui de las que juegan a ser reina, pero un día en una parada de autobús, el que es ahora mi mánager se me acercó y me dijo que si me gustaría modelar. Me dio su tarjeta. Al principio fui renuente, pero luego de tres semanas fui a su agencia con mi papá. Firmamos un contrato y a los dos o tres años ya estaba en Nueva York trabajando como modelo.
¿Y cómo fue el salto de modelo a reina? Porque son dos cosas bien distintas, ¿no?
Bueno, después de estar en el modelaje decidí que quería ser Miss Venezuela, quería participar porque era algo distinto. Ser modelo es un poco más frío, es más trabajar con la marca, con el producto, con un diseñador específico. Miss Venezuela tiene la oportunidad de llegar más a la gente, del contacto con las personas, que era lo que yo quería y se me dio gracias a Dios.
¿A qué le tiene miedo en la vida?
A la oscuridad.
Si tuviera los poderes para terminar con algo en el mundo, ¿qué haría?
Acabaría con la violencia, porque no tiene sentido, y con las guerras porque son sinónimo de mediocridad.
¿Hay algún mensaje especial que quisiera enviar?
Sí, no puede ser que todavía sigamos dividiéndonos en el mundo y pensando que hay distintas clases de seres humanos. Somos un solo planeta, somos como una familia que vive en una misma casa y aunque podemos movernos de un país, no podemos cambiar de planeta. Pero podemos hacer algo por él. Al final, todos somos seres humanos.