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Cecilia Orozco Tascón.- ¿Cuál fue el motivo que adujo la Policía para retirarla del servicio activo?
T.S.M.- Fui retirada sin motivación escrita, por la facultad discrecional que tiene el Gobierno. Pero el entonces coronel Mario Gutiérrez Jiménez, hoy brigadier general en retiro, quien era mi superior en ese momento, me había dado, meses atrás, otros argumentos de manera explícita. Él era el comandante de la Policía en Meta y yo prestaba mis servicios bajo sus órdenes, como comandante del aeropuerto Vanguardia de Villavicencio.
C.O.T.- ¿Qué le dijo su superior?
T.S.M.- El 10 de octubre del año 99 el comandante me citó a su oficina y me dijo que si yo no suspendía una relación sentimental que tenía con una piloto comercial, me acusaría de tener nexos con el narcotráfico y el paramilitarismo para sacarme de la institución. Le respondí muy molesta que tendría que probar esa denuncia (leer relato parte superior de la pág.). Él cumplió su amenaza. Siete meses después, en abril de 2000, el coronel presentó un informe en mi contra en la Junta Asesora de Generales por esos presuntos hechos y recomendó que me sacaran. Un mes más tarde fui retirada.
C.O.T.- ¿Cómo supo usted que el entonces coronel Gutiérrez presentó un informe contra usted?
T.S.M.- Lo supe por una declaración que dio un mayor general que estuvo en esa Junta. Él declaró a mi favor ante el juez de primera instancia. Se trata del general Aldemar Bedoya.
C.O.T.- ¿Lo que usted quiere decir es que Gutiérrez Jiménez se inventó nexos suyos con organizaciones criminales porque le molestaba su condición de lesbiana?
T.S.M.- Exactamente. Como no podía solicitar mi retiro por mi orientación sexual y no tenía argumentos por fallas profesionales, se inventó esa acusación que permite retirar de manera inmediata a cualquiera en la Policía.
C.O.T.- ¿Qué declaró exactamente el general Bedoya a su favor ante el juez?
T.S.M.- El mayor general Aldemar Bedoya, hoy en día en uso de buen retiro, era el tercero al mando en esa época. Sus declaraciones fueron la prueba contundente de la discriminación de que estaba siendo objeto. Si no hubiera sido por él, me hubiera sido muy difícil probar que lo que alegaba era cierto. El general le dijo al juez que estaba enterado de la animadversión del entonces coronel Gutiérrez hacia mí por mi condición sexual y que cuando asistió a la Junta Asesora de Generales, donde se evalúan los retiros de los oficiales a solicitud de los comandantes, oyó que el coronel pedía que me separaran del servicio por mis supuestas conexiones con el mundo del narcotráfico.
C.O.T.- ¿Por qué razón él decide respaldarla a usted?
T.S.M.- El general Bedoya es una persona respetuosísima de los derechos humanos y un hombre admirable a nivel institucional. Ojalá hubiera muchos oficiales como él.
C.O.T.- ¿Él se enteró de su caso en la Junta de Generales para retiro?
T.S.M.- No. Antes yo había tenido la oportunidad de pedirle cita cuando él era inspector de la regional del Meta. Solicité audiencia con él porque acababa de suceder el incidente con el coronel Gutiérrez. Llegué a la cita con mi madre, quien siempre ha sido solidaria conmigo, y le expusimos los términos en que ocurrió la conversación con el coronel. Entonces, cuando éste presentó la solicitud para que me retiraran, el general conocía los verdaderos motivos que tenía mi superior contra mí.
C.O.T.- ¿Por qué en la Policía estaban enterados de que usted era lesbiana?
T.S.M.- Sin transgredir ninguna de las normas de conducta que se les imponen a los policías, tampoco oculté mi condición. Cuando era alumna de la Escuela General Santander había sido investigada por ese mismo motivo dos veces, pero no porque tuviera una relación amorosa dentro de la Escuela, cosa que nunca sucedió porque era respetuosa de mi entorno profesional, sino por el machismo que hay en todas las instituciones. No hubo razones para que me sancionaran y por eso continué mi carrera.
C.O.T.- Perdone que le insista, pero, ¿nunca hubo motivo de molestia interna con usted por sus comportamientos personales en su trabajo?
T.S.M.- No, nunca. No hay una sola policía que haya hecho algún cuestionamiento por mi conducta en la rutina del trabajo diario. Soy una persona seria e incluso puedo calificarme como muy conservadora y convencional. En cambio mis resultados en materia de operativos contra el narcotráfico, en capturas, en incautación de armas y munición, de narcotráfico y hasta de captura de policías por corrupción quedaron como testimonio de mi ejercicio profesional en mi hoja de vida.
C.O.T.- ¿Es cierto que usted fue objeto de seguimientos por la propia Policía, aun siendo oficial activa?
T.S.M.- Sí. Supe que me habían hecho algunos seguimientos en Villavicencio, pero mi superior anterior al coronel Gutiérrez respetó mi vida privada.
C.O.T.- ¿Esos seguimientos significan que usted estaba siendo perseguida por sus inclinaciones sexuales mucho tiempo antes de que la retiraran del servicio?
T.S.M.- Cuando fui investigada en la Escuela no me sentía perseguida a nivel institucional y tampoco después, pero cuando el coronel Gutiérrez Jiménez me indagó explícitamente sobre mi vida sexual, supe lo que era discriminación.
C.O.T.- ¿Qué pasó con usted después del incidente con el coronel Gutiérrez?
T.S.M.- Solicité vacaciones para poderme trasladar a Bogotá y hablé con unos generales a quienes les comenté la situación que vivía en Villavicencio. Ellos me autorizaron el traslado. Llegué en noviembre y cinco meses después, como ya le dije, mi nombre estaba ante la Junta de Generales.
C.O.T.- O sea que el coronel logró cumplir su amenaza contra usted.
T.S.M.- Sí. Cumplió su advertencia verbal del 10 de octubre anterior. Logró sacarme y de paso dañó mi vida, la de mi madre y mis hermanos, porque desde entonces hemos sido perseguidos, señalados y estigmatizados.
C.O.T.- ¿En qué consiste, según usted, la persecución a su familia?
T.S.M.- Un mayor y varios agentes de Policía de Puerto Carreño, donde viven mi madre y mis hermanos, requisaban todo lo que mi mamá me enviaba. Mis hermanos fueron rechazados por las cuatro fuerzas cuando se presentaron para prestar servicio. A pesar de que yo había sido retirada de esa manera, ellos quisieron ingresar a cualquiera de las armas. Fueron eliminados durante los procesos de admisión con el argumento de que había un informe de inteligencia que decía que su hermana era narcotraficante y paramilitar.
C.O.T.- ¿Qué tipo de amenazas han recibido usted y su familia?
T.S.M.- La primera vez me llamó un hombre y me dijo: “Ya sabemos qué tenemos que hacer. Cuídese”. Posteriormente entraban llamadas en silencio. Después hubo seguimientos de carros sin placas y de una moto. Dos veces se nos entraron al vehículo que tenemos con mi pareja. Al principio creímos que se trataba de un intento de robo, pero no se llevaron ningún objeto. La segunda vez nos tocó pedir apoyo de expertos antiexplosivos. Por último, hemos vuelto a ser objeto de seguimientos. Hace unos días volví a recibir un mensaje. Y después entró otro en que me advertían que desistiera o que si no las consecuencias las recibiría mi familia.
C.O.T.- ¿Desistir de qué?
T.S.M.- No lo sé. Me lo imagino, pero me lo callo para no hacer acusaciones sin fundamento.
C.O.T.- ¿Es cierto que su mamá también recibió amenazas?
T.S.M.- Es cierto. Mi mamá, una mujer de trayectoria política en Vichada, estaba aspirando a la Gobernación del departamento, pero acaba de desistir, precisamente por las amenazas. Una madrugada llegaron a tocarle la puerta. Un sujeto con casco negro puesto, para que no se le pudiera ver la cara, le dijo que me advirtiera que no estaban “jugando”. Empezaron a hacerle seguimientos también a ella. Sin embargo, el Ministerio del Interior acaba de notificarnos que no nos dará seguridad. La única entidad pública que nos ha apoyado es la Personería de Bogotá.
C.O.T.- ¿Las amenazas arreciaron después de que se conoció la decisión de segunda instancia?
T.S.M.- Definitivamente sí.
C.O.T.- ¿Qué resuelven los dos fallos?
T.S.M.- El juez dice que me deben reconocer todos los salarios dejados de percibir durante estos 11 años y que me deben reintegrar a la Policía con el grado que tenía cuando fui retirada o con uno superior. El Tribunal confirma la decisión del juez, pero lo aclara ordenándole a la institución que el reintegro debe ser inmediato, que me llame a curso de capitán y luego de que llene todos los requisitos me llame a curso de mayor para reconocerme la antigüedad y grado que tendría si no hubiera sido retirada con “desviación de poder”.
C.O.T.- Suponga que mañana la reintegran, usted se posesiona de su puesto, ¿y qué hace?
T.S.M.- Continúo la carrera.
C.O.T.- ¿No va a renunciar?
T.S.M.- No. Mi regreso a la institución es un asunto de dignidad, de respeto propio y respeto a mucha gente que ha sido retirada no sólo de la Policía, sino de las otras instituciones armadas por una facultad que ha estado siendo usada con arbitrariedad. Yo continuaré, esperaré a nivelarme y posteriormente el mando institucional decidirá si sigo la carrera o no.
C.O.T.- Pero, ¿usted se imagina cómo la van a recibir en esa institución y el aislamiento que va a sufrir?
T.S.M.- Espero respeto. Llegaré a trabajar con la mejor disposición y con el profesionalismo que siempre me ha caracterizado. De mi parte pondré todo mi conocimiento para servirles a la Policía y a la comunidad.
Clara discriminación sexual
Nunca un caso de discriminación sexual fue tan claro para la justicia como el de la teniente de la Policía Sandra Mora Morales, retirada supuestamente para depurar la institución, pero, en realidad, fue debido a su condición de lesbiana. El 10 de octubre de 1999 el coronel Mario Gutiérrez Jiménez, su superior, la citó a su despacho y le dijo que sabía que ella era una excelente oficial, pero que también sabía que tenía una relación con una piloto comercial “que iba más allá de una simple amistad”. Gutiérrez le dio dos opciones: una, terminar su relación. Dos, si no obedecía, la haría retirar del servicio inventándole nexos con paramilitares y narcotraficantes. Mora se enfureció y discutieron. Siete meses después el coronel solicitó ante la Junta Asesora de Generales el retiro de la teniente por corrupción. Un oficial, que formaba parte de la Junta, el mayor general (r) Aldemar Bedoya, quien conocía de antemano el caso, se negó a quedarse callado y declaró ante el juez que “el coronel Gutiérrez tuvo con la teniente serios altercados… Como la teniente defendió su condición homosexual, él buscó los medios de solicitarle el retiro por la facultad discrecional del Gobierno, lo cual está lejos de ser justo y honesto”. Esta declaración fue definitiva para fallar a favor de la oficial.
Exjefa de 650 hombres
Cecilia Orozco.- ¿Cuánto tiempo llevaba usted en la institución cuando la retiraron?
Teniente Sandra Mora.- Era teniente efectivo y llevaba más de seis años en la institución.
C.O.- ¿Cuáles fueron sus calificaciones para llegar a ser subjefa de un grupo de 650 hombres?
T.M.- Mis calificaciones en la escuela fueron excelentes. Fui ‘brigadier’ —reconocimiento a los mejores alumnos para asumir mando frente a sus compañeros— casi toda mi trayectoria académica. Tengo varias condecoraciones y más de cien felicitaciones. Fui la primera mujer en el área de protección a dignatarios y también la primera instructora de escoltas. Terminé asumiendo la responsabilidad de darles seguridad a ministros, otros altos funcionarios y personajes de la diplomacia.
C.O.- ¿Usted es experta en armas?
T.M.- Sí. Experta en disparo con pistola, escopeta y fusil.
C.O.- Personajes a los que haya escoltado.
T.M.- Muchos. Recuerdo ahora a Alan Jara cuando era gobernador, al exministro Carlos Medellín y al fallecido defensor del Pueblo José Fernando Castro Caycedo.