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Las pirámides y las consiguientes manifestaciones populares de ira e intenso dolor por la “tumbada” masiva que sufrieron las clases populares a manos de los timadores, se tragaron las otras noticias de la semana pasada en Colombia. Entre ellas, hubo una que pasó por completo desapercibida pero que en otro momento hubiera despertado comentarios de prensa. Se trataba de la celebración de la más copiosa reunión de la bancada de la U de los últimos meses.
El Club de Banqueros fue el escenario escogido para que los parlamentarios de ese partido escucharan la decisión de una comisión que había sido nombrada con el fin de que analizara la propuesta de aplazar la asamblea general del movimiento para marzo del año entrante, aunque reglamentariamente debería realizarse este 29 de noviembre. La importancia del tema, que parece tan rutinario —y tan poco emocionante—, radica en que en esa asamblea se escogerá al nuevo presidente de la colectividad, posición que está acéfala desde cuando el ex senador Carlos García fue detenido por orden de la Corte Suprema debido a los procesos de la parapolítica; y sobre todo, en que allí se seleccionará a su candidato para las elecciones presidenciales de 2010.
Dicha comisión dio su veredicto: la asamblea se aplaza. Lo interesante del asunto es que marzo está muy cerca de la fecha límite para que renuncien los altos funcionarios que aspiran a cargos de elección popular, so pena de quedar inhabilitados. Más atractivo se pone el tema cuando se piensa que el ministro Juan Manuel Santos quiere ser el próximo jefe de Estado en el caso, desde luego, de que Álvaro Uribe no pueda, o no desee, ser reelegido. Adicionalmente, los entendidos saben que no es nada conveniente dejar con tanta anticipación el puesto que tiene la mayor visibilidad y atención de los medios, en época de guerra.
Por todo lo anterior, en la U se da como un hecho que Santos presidirá el partido, será el candidato y además contará con el acompañamiento, no con la rivalidad, del ministro de Hacienda, Óscar Iván Zuluaga. La damnificada de esta estrategia de espera-a-que-pase-el-tiempo es la senadora Marta Lucía Ramírez, quien ha dicho en todos los tonos que quiere disputar con Santos y Zuluaga, la candidatura de la U. Las circunstancias actuales y el estado de “indefensión” en que ella se siente, le dieron ímpetu para hablar con mayor claridad que antes.
Cecilia Orozco Tascón.- La semana pasada la U decidió el aplazamiento para marzo del año entrante de la asamblea para elegir presidente del partido y candidato para 2010. ¿Cree que esa movida se hizo para favorecer las aspiraciones de Juan Manuel Santos?
Marta Lucía Ramírez.- Sé que varios parlamentarios, aunque no todos, quieren esperar a que Santos continúe su campaña desde la dirección del partido. Ello no sería democrático, habiendo otros aspirantes en la U que quieren suceder al presidente Uribe, como ocurre con el Ministro de Hacienda y conmigo, pues el ministro Santos (como director) pondría las reglas del juego y también aspiraría. No se puede ser juez y parte. Si la U quiere tener legitimidad, debe ser transparente y darnos garantías a todos. El cumplimiento de los estatutos para citar o no una asamblea no puede depender de la conveniencia y de los intereses personales de quienes representan la vieja política.
C.O.T.- Si esa es su interpretación, ¿qué espera para retirarse de la U?
M.L.R.- Si me retiro será porque he llegado a la conclusión de que es un partido que no nos ofrece garantías a quienes no contamos con las maquinarias tradicionales.
C.O.T.- ¿Pero todavía piensa que puede concretar su aspiración a ser candidata?
M.L.R.- Aún estoy a la expectativa de que la U defina las reglas del juego para entrar a la competencia en igualdad de circunstancias, como debe ser. Espero que la selección del candidato se haga con base en la consulta popular y que no se trate de la decisión de un conciliábulo de los parlamentarios del partido.
C.O.T.- Me parece que usted es la única persona de la U que piensa en consulta interna. ¿Cree que existe alguna posibilidad de que su partido escoja candidato distinto a Juan Manuel Santos?
M.L.R.- Al menos tiene que haber una discusión previa. Santos ha sido un buen ministro, pero una cosa es él, sentado en el Ministerio de Defensa, y otra muy distinta cuando esté en la condición de cualquier otra persona. El país de hoy repudiaría la selección a dedo de un candidato.
C.O.T.- Me da pena con usted, pero se da por descontado que la U se identifica con Santos, no con usted...
M.L.R.- Es cierto que la mayoría de la bancada de la U se siente inclinada a apoyar a Santos, probablemente por lo que él representa en la sociedad colombiana y en la política del país. Tal vez alguien como yo pueda ser vista como una advenediza en el último escenario, pero el país de hoy quiere que haya gente diferente. Por eso, para que los partidos tengan credibilidad y puedan fortalecerse, tienen que demostrar que no privilegian las decisiones cerradas. Si la U entiende eso y hace una consulta transparente, estoy dispuesta a aceptar la votación de la mayoría. Si no, buscaré otros espacios.
C.O.T.- Es decir, que se iría de la U...
M.L.R.- Así es.
C.O.T.- Pero si se sale del partido por el que fue elegida, podría perder la curul. Y ese es el único espacio que tiene garantizado.
M.L.R.- Por eso no he considerado por ahora el retiro, salvo, como le he dicho, que no haya garantías. Si tengo que hacerlo, pensaré en otra opción. Me han planteado algunas, pero también existe la posibilidad de encabezar un movimiento ciudadano de firmas, que es lo que me han propuesto varios ex miembros del programa “Jóvenes emprendedores”, que creé cuando fui ministra de Comercio Exterior.
C.O.T.- Usted sugiere en una respuesta anterior que el ministro Santos es un privilegiado social y político. ¿Se encuentra en desventaja frente a él?
M.L.R.- Simplemente creo que él representa la vieja política y el viejo país. Los colombianos quieren constatar que la gente del común tiene opciones en esta sociedad. Por fortuna soy una persona común y corriente que ha logrado abrirse espacios en el campo profesional y que ahora también quiere hacerlo en el escenario político, aunque ese no hubiera sido el guión que tenía escrito cuando nací.
C.O.T.- ¿Cree que Santos representa el clasismo?
M.L.R.- Es la representación de una sociedad cerrada, razón por la cual creo que Colombia se encuentra hoy en la situación en que está. Si el país se hubiera preocupado por incluir a los ciudadanos en la actividad política tanto como lo hizo en materia de desarrollo social, tendríamos mucho menos desigualdad.
C.O.T.- ¿Por qué Santos es parte ‘del viejo país’?
M.L.R.- Porque representa una política excluyente y absolutamente predecible. Yo interpreto a un país más incluyente y definitivamente más abierto en oportunidades para todos.
C.O.T.- Hay algo que me parece contradictorio: usted y el Ministro de Defensa pertenecen a los círculos uribistas más estrechos. ¿Cómo compagina o cómo diferencia lo que usted y él representan en el país de hoy? No parecen tan distintos en ese campo...
M.L.R.- No somos antagónicos en todo. Realmente hay cosas del Ministro que valoro. Pero tenemos que ser muy claros en que en la U hay dos tendencias: la primera es más de lo mismo; la segunda, les abre los espacios a personas que no han sido predestinadas. Dentro del uribismo hay personas como yo, que garantizamos la continuidad en asuntos muy importantes pero que al mismo tiempo les agregamos valor a otros temas.
C.O.T.- ¿Y qué hay de Óscar Iván Zuluaga?
M.L.R.- Me parece que tiene un muy buen manejo de la clase política y que es una persona de fiar. También estoy dispuesta a competir con él.
C.O.T.- ¿Siente que en el caso de Zuluaga, su competencia con él es más pareja que con Santos?
M.L.R.- Como no soy jugadora de póquer, me siento un poco más tranquila con quienes no practican ese juego.
C.O.T.- Permítame decirle que hay que tener sentido de la realidad. ¿Realmente piensa que hay alguna oportunidad para usted en la U, frente a Santos, e incluso frente a Zuluaga, cuando ellos están mucho más cerca de Uribe que usted?
M.L.R.- Estar cerca del Presidente es muy importante y yo lo estoy, aunque ya no pertenezca a su gabinete. Simultáneamente me parece importante tener cercanía con el país real pues, al final del día, hay que pensar en qué persona encarnará mejor los anhelos de cambio de los colombianos. Muchos valoramos la labor del Presidente, pero queremos que cambien varias cosas. En particular, a mí me tiene impresionada el vacío político que existe. Todos vamos simplemente al vaivén de la coyuntura. Por eso creo que es realista pensar que uno tiene posibilidades, aunque eso no sea muy evidente dentro de la estructura de la política tradicional, ni dentro de lo que hoy es el Partido de la U.
C.O.T.- ¿El machismo que aún subsiste en la sociedad colombiana no juega también en contra suya?
M.L.R.- No me parece. Yo sí creo que a Colombia le gustaría ver a una mujer en la primera línea del poder. El machismo que puede existir dentro de los partidos y de la clase política tradicional, no es necesariamente compartido por los colombianos corrientes. Recuerdo que cuando me nombraron ministra de Defensa, en los círculos tradicionales hubo una reacción de desconcierto, de estupor. Pero tuve evidencias de que en el común de la gente había una actitud muy positiva.
C.O.T.- Sin embargo, usted mencionó el tema del machismo hace poco, con ocasión de la aceptación —por parte del Presidente— de la carta de renuncia de la directora del DAS. ¿Por qué?
M.L.R.- Primero, porque me gustó mucho la actitud que tuvo Pilar Hurtado frente a un hecho tan escandaloso como el que produjo su renuncia. La dignidad con la que ella asumió su responsabilidad política no es frecuente. Con todo respeto por usted y por su profesión, también tengo que decir que me impactó la dureza de algunos de sus colegas con ella. Fueron absolutamente radicales y hablaron en su contra, durante tres o cuatro días. Hicieron casi una campaña sistemática pidiéndole la renuncia. Inmediatamente recordé un episodio parecido que me sucedió cuando estuve en el Ministerio de Defensa. En contraste, me impresionan los comentarios de prensa cuando quienes están en medio de los escándalos son hombres que ejercen altos cargos del Estado. Hay un doble estándar: de intolerancia con las funcionarias cuando se juzga que hay un vacío de autoridad por parte de ellas y de complacencia o benevolencia cuando el problema se le presenta a un hombre de gran importancia.
C.O.T.- A propósito, ¿no le parece que el Presidente les acepta con facilidad la renuncia a las funcionarias? Finalmente a usted misma le dio ese trato de “cambio y fuera”, cuando se retiró del Ministerio de Defensa.
M.L.R.- Tengo que admitir que me sorprendió que el Presidente le hubiera aceptado tan rápido la renuncia a Pilar Hurtado, porque ella había sido una excelente funcionaria.
C.O.T.- Insisto: el jefe de Estado no fue muy gentil con usted a la hora de su retiro.
M.L.R.- Siento un gran respeto y cariño por el Presidente. Por eso he querido que ese episodio quede atrás y que no me agobie ningún tipo de amarguras. En el caso de mi retiro, he entendido con el tiempo que lo que sucedió es parecido a lo que les toca a los primogénitos: un padre más radical y riguroso. Los ministros del primer gabinete tuvimos que pagar la primogenitura. Pese a ello, viví una experiencia maravillosa y fue un honor que agradeceré siempre.
C.O.T.- Pese a su diplomacia, da la impresión de que su retiro le produjo dolor.
M.L.R.- Tal vez se debe a las circunstancias de la salida, pero insisto en que no tengo sino sentimientos de admiración y reconocimiento hacia el Presidente.
C.O.T.- ¿Es cierto que cuando usted era ministra de Defensa no contaba con el aprecio de los militares y que siempre hubo choques con ellos?
M.L.R.- No se puede hablar de ‘los militares’ en general. En la Fuerza Pública hubo muchísima gente que respaldó el proceso de transformación que inicié y que después profundicé. Lo importante es que después de seis años que han transcurrido desde cuando me retiré, no se ha cambiado el fondo de ninguna de las transformaciones que introduje.
C.O.T.- En los programas radiales de humor la imitan y la identifican con una persona parlanchina que agota a los demás con sus declaraciones. ¿Le molesta esa interpretación?
M.L.R.- No. Reconozco que existe esa percepción sobre mí, pero todas las caricaturas que se hacen de una persona —y esa interpretación es una caricatura— se basan en exageraciones de la realidad. Tengo perfectamente claro que algunos periodistas me critican porque les parece que hablo mucho. Le confieso que muchas veces me he puesto en la tarea de tomarles el tiempo, con reloj en la mano, a otros parlamentarios. Y he encontrado que la mayoría se demora mucho más que yo. Reconozco que mi formación de abogada me lleva a pensar en lo general, para después llegar a lo particular. Digamos que es una deducción más lenta que la que desearía la prensa. Sé que es urgente aprender a comunicarse pronto y rápido, y estoy aprendiendo a hacerlo.
“No haré con otros lo que hicieron conmigo”
C.O.T.- ¿Qué responsabilidad le adjudica usted al Ministro de Defensa en el grave caso de las ejecuciones extrajudiciales por parte de miembros de la Fuerza Pública?
M.L.R.- Desde el punto de vista penal o disciplinario, ninguna. La responsabilidad política es otra cosa. Y les corresponde determinarla a él y al Presidente.
C.O.T.- ¿Cree que Santos debería renunciar por la magnitud internacional del escándalo?
M.L.R.- Una persona como yo, que está en la bancada de gobierno, no le puede ni le debe pedir la renuncia al Ministro. De otro lado, jamás haría con otros lo que de alguna manera me tocó vivir en carne propia cuando estuve en la cartera de Defensa.
C.O.T.- La renuncia de la ex directora del DAS, Pilar Hurtado, fue calificada por usted como ‘digna’. ¿Por qué entonces actúa diferente cuando el escándalo afecta la institución que dirige el ministro Santos?
M.L.R.- Le repito: no pediría nunca la renuncia de un miembro del gobierno del presidente Uribe, porque apoyo esta administración, soy leal y creo que sólo el Presidente y su ministro pueden determinar si existe o no alguna responsabilidad política.
¿Partido de oportunistas?
C.O.T.- Se dice que la U no es un verdadero partido porque no tiene identidad, coherencia ideológica ni programas; y que sólo se trata de una montonera de individuos sobreaguando en el poder.
M.L.R.- Me ha parecido frustrante ver que las propuestas y los programas no han sido prioritarios en la U. Pero también creo que no han sido importantes en ningún otro movimiento. La diferencia es que los demás partidos llevan muchos más años en el escenario político que la U. De todas maneras, creo que es más grave que nosotros estemos en estas, porque nos presentamos como si fuéramos los miembros de la renovación.
C.O.T.- La U es un partido de oportunistas. ¿Está de acuerdo con esa afirmación?
M.L.R.- Algunos de nosotros estamos comprometidos con adelantar una transformación de la política. Pero tengo que admitir que otros están ahí para protegerse con la sombrilla del Presidente. La pregunta es: ¿Qué grupo va a primar? Esa es la duda y todavía no se sabe cuál corriente prevalecerá.
C.O.T.- Si Álvaro Uribe es candidato presidencial otra vez, ¿usted se rebelará contra él como se ha dicho?
M.L.R.- No me rebelaré jamás contra el Presidente, pero no apoyaré una nueva reforma constitucional en función de la persona y de la coyuntura.