Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta política.

Noche de verano en Marte, según Ray Bradbury

A propósito del histórico sobrevuelo que hizo hoy el helicóptero Ingenuity, publicamos una de las legendarias “Crónicas marcianas”, escritas por el autor estadounidense hace 71 años, imaginando la colonización humana del planeta rojo.

Ray Bradbury / Especial para El Espectador

19 de abril de 2021 - 07:26 a. m.
Imagen difundida por la NASA del helicóptero Ingenuity, que sobrevoló hoy Marte y tomó imágenes inéditas del planeta rojo.
Foto: Europa Press - NASA/JPL/Caltech
PUBLICIDAD

Noche de verano

La gente se agrupaba en las galerías de piedra o se movía entre las sombras, por las colinas azules. Las lejanas estrellas y las mellizas y luminosas lunas de Marte derramaban una pálida luz de atardecer. Más allá del anfiteatro de mármol, en la oscuridad y la lejanía, se levantaban las aldeas y las quintas. El agua plateada yacía inmóvil en los charcos, y los canales relucían de horizonte a horizonte. Era una noche de verano en el templado y apacible planeta Marte. (Noticia: El vuelo del helicóptero Ingenuity).

Las embarcaciones, delicadas como flores de bronce, se entrecruzaban en los canales de vino verde, y en las largas, interminables viviendas que se curvaban como serpientes tranquilas entre las lomas, murmuraban perezosamente los amantes, tendidos en los frescos lechos de la noche. Algunos niños corrían aún por las avenidas, a la luz de las antorchas, y con las arañas de oro que llevaban en la mano lanzaban al aire finos hilos de seda. Aquí Y allá, en las mesas donde burbujeaba la lava de plata, se preparaba alguna cena tardía. (Más: Los descubrimientos del Curiosity en el planeta rojo).

En un centenar de pueblos del hemisferio oscuro del planeta, los marcianos, seres morenos, de ojos rasgados y amarillos, se congregaban indolentemente en los anfiteatros. Desde los escenarios una música serena se elevaba en el aire tranquilo, como el aroma de una flor. En uno de los escenarios cantó una mujer. El público se sobresaltó. La mujer dejó de cantar. Se llevó una mano a la garganta. Inclinó la cabeza mirando a los músicos, y comenzaron otra vez. Los músicos tocaron y la mujer cantó, y esta vez el público suspiró y se inclinó hacia delante en los asientos; unos pocos se pusieron de pie, sorprendidos, y una ráfaga helada atravesó el anfiteatro. (Recomendamos: Descubren cómo se formaron los cañones de hielo en Marte).

La mujer cantaba una canción terrible y extraña. Trataba de impedir que las palabras le brotaran de la boca pero éstas eran las palabras: Avanza envuelta en belleza, como la noche de regiones sin nubes y cielos estrellados; y todo lo mejor de lo oscuro y lo brillante se une en su rostro y en sus ojos.... La cantante se tapó la boca con las manos, y así permaneció unos instantes, inmóvil, perpleja.

Read more!

-¿Qué significan esas palabras? -preguntaron los músicos.

-¿De dónde viene esa canción? -¿Qué idioma es ése?

Y cuando los músicos soplaron en los cuernos dorados, la extraña melodía pasó otra vez lentamente por encima del público que ahora estaba de pie y hablaba en voz alta.

-¿Qué te pasa? -se preguntaron los músicos. -¿Por qué tocabas esa música? -Y tú, ¿qué tocabas?

La mujer se echo a llorar y huyó del escenario. El público abandonó el anfiteatro. Y en todos los trastornados pueblos marcianos ocurrió algo semejante. Una ola de frío cayó sobre ellos, como una nieve blanca. En las avenidas sombrías, bajo las antorchas, los niños cantaban: ... y cuando ella llegó, el aparador estaba vacío, y su pobre perro no tuvo nada...

No ad for you

-¡Niños! -gritaron los adultos~. ¿Qué canción es ésa? ¿Dónde la aprendiste?

-Se nos ha ocurrido de pronto. Son sólo palabras, palabras que no se entienden.

Las puertas se cerraron. Las calles quedaron desiertas. Sobre las colinas azules se elevó una estrella verde. En el hemisferio nocturno de Marte los amantes despertaron y escucharon a sus amadas, que cantaban en la oscuridad.

Read more!

-¿Qué canción es ésa?

Y en mil casas, en medio de la noche, las mujeres se despertaron gritando. Las lágrimas les rodaban por las mejillas y los hombres trataban de calmarlas. -Vamos, vamos. Duerme.

-¿Qué te pasa? ¿Alguna pesadilla? -Algo terrible va a ocurrir por la mañana. -Nada puede ocurrir. Todo está muy bien.

Un sollozo histérico: -¡Se acerca, se acerca! ¡Se acerca cada vez más! -Nada puede sucedernos. ¿Qué podría sucedernos? Vamos, duerme, duerme.

El alba de Marte fue tranquila, tan tranquila como un pozo fresco y negro, con estrellas que brillaban en las aguas de los canales, y respirando en todos los cuartos, niños que dormían encogidos con arañas en las manos cerradas, y amantes abrazados, y un cielo sin lunas, y antorchas frías, y desiertos anfiteatros de piedra. Sólo rompió el silencio, poco antes de amanecer, un sereno que caminaba por una calle distante, solitaria y oscura, entonando una canción muy extraña.

No ad for you
El escritor Ray Bradbury nació el 22 de agosto de 1920, en Waukegan, Illinois, Estados Unidos. Murió el 5 de junio de 2012, en Los Ángeles, California. "Fahrenheit 451" es otro de sus clásicos de ciencia ficción.
Foto: Archivo

Por Ray Bradbury / Especial para El Espectador

Temas recomendados:

Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta  política.