Y allí, frente a ellos, tú con tu devoción por su arte. Esta noche estrellada del 26 de febrero de 2014, in memoriam de Paco de Lucía, has hecho sonar el LP que compraste luego de aquel concierto, Friday night in San Francisco, y mientras la música sonaba, me has vuelto a mostrar el boleto de entrada con fecha: 07, 10, 1996; precio: 62,50 florines, Sala a reventar, me has dicho. ¿Dijeron algo?, te he preguntado, así como por no dejar correr una lágrima; Ja, lo dijeron todo con sus guitarras, los genios de la guitarra son de pocas palabras. ¿No recuerdas acaso el último concierto de McLaughlin en North Festival, dos horas de pura guitarra y apenas un “Thank you very much”, no obstante me dijiste que habías quedado llena con su música, que te sentías tan plena que querías escribir algo de inmediato?
Bueno, así me sentí yo aquella noche de octubre del 96; tan pleno y lleno que al regresar a casa tuve que tomar la guitarra y tocar, como si su duende se me hubiese metido adentro; entonces tuve que preguntarme cuál duende era: ¿el de Paco, el de John o el de Al Di? Pregunta que se quedó sin respuesta hasta que, algunos años más tarde, escuchando contigo este mismo LP, cuando te conté mi experiencia tú me ayudaste a dilucidar el asunto, No, no era el duende de ninguno de ellos, me dijiste, ellos sólo te ayudaron a encontrar el tuyo, te han inspirado, me dijiste, así como a mí me inspiran los buenos escritores, los buenos escritos, la buena música y los buenos vinos.
Sí, es verdad, sé cómo te pones cuando escuchas, por ejemplo, El Concierto de Aranjuez, un concierto con dos duendes, lo llamas: Paco de Lucía y Miles Davis; dos versiones que siempre te roban una que otra lágrima y que esta noche sé que te harán llorar en el nombre de Paco de Lucía. ¡Olé!, has dicho justo cuando ha empezado a sonar Guardian Angel... McLaughlin en el centro, Di Meola en el derecho y Paco de Lucía en el izquierdo. ¡Olé!