A pocos seres humanos se les hubiera podido ocurrir establecer un vínculo entre las palabras y las piedras. Fito Páez es una de esas excepciones, y para poder justificar su comparación asegura que ambas, tanto piedras como palabras, simplemente están ahí. No son buenas ni malas. No quieren provocar daños, pero tampoco están interesadas en motivar beneficios. Entre sus características no existen intereses, necesidades, ni conveniencias. Están ahí al servicio de las personas y, en definitiva, son los seres humanos quienes se deben ocupar de lo demás. Y lo demás se refiere a sus rotulaciones como buenas o malas, a su caracterización como groserías o vulgaridades y a la simple extensión de su belleza o de su gusto.
Fito Páez, cuyo verdadero nombre es Rodolfo, no se afana en la teorización de cada palabra utilizada en su discurso musical. Se deja llevar por lo que siente en el momento y, sin mayor censura y sin temor a las perspicacias futuras, las plasma en el papel tal y como llegan a su mente. Así ha producido todas sus creaciones y, por más intelectuales que parezcan algunos de sus versos, no se llena la cabeza de cuentos, ni mucho menos intenta convencer a los demás de que su proceso creativo es el resultado de arduas jornadas de trabajo. “Son frases, son canciones. Nada más. No hay que complicarse tanto”, concluye, y sólo regala el espacio para un suspiro adicional.
Cuando habla, el artista nacido en la ciudad de Rosario es concreto y parece que reservara buena parte de su potencial para las labores de la composición, para superar los impasses de la producción y para gestar propuestas que incluyan desarrollos visuales. Las entrevistas son una moneda al aire y con su sensibilidad identifica si cada pregunta es digna de una nueva respuesta o si requiere de la colaboración de su aleccionado piloto automático.
Sobre el escenario, Fito Páez es otra cosa. Allí despliega el talento y hace sentir al público como invitado especial. Por lo general, complace y se esmera por cumplir en cada nación con el listado de requerimientos específico. Cuando está detrás del piano se levanta para hacer énfasis en un fragmento de la letra y se apoya en los teclados. El consenso en varios rincones de América Latina es absoluto: algunas de sus posturas en la tarima parecen radiografías de ciertas actitudes insinuadas por Charly García, aunque no llega a destruir los instrumentos.
En Bogotá lo desmentirá, porque después de algunos años de ausencia viene a hacer un repaso sonoro en el que piensa incluir las composiciones más destacadas de su repertorio, que comenzó a hacerse masivo a partir de Del 63. su debut discográfico. ¡Fito por siempre! es el nombre de esta presentación en la que el argentino establece guiños con el pasado, pero también se encarga de exhibir piezas de sus más recientes álbumes: Dreaming Rosario (2013), Yo te amo (2013) y Rock and Roll Revolution (2014).
“Para mí no hay ritmos modernos, para mí los ritmos son milenarios. Hay tecnología moderna y formas de reproducir los ritmos al estilo de la última generación, pero en este momento no hay nada puro en el mundo y no tiene por qué haberlo. Creo que se puede hacer cualquier tipo de mixtura en la medida en que se haga noblemente. Ese es el respeto que siento que hay en mis discos”, comenta Páez, para quien las ciudades, tantas veces empleadas en sus párrafos, no son metáforas sino simples escenarios en los que se desarrollan historias humanas.
Tanto en sus discos como en sus propuestas audiovisuales, en las que se pueden mencionar títulos como Vidas privadas (2001), ¿De quién es el portaligas? (2007) y Novela (2014), el argentino ha encontrado su lugar y sigue defendiendo su visión sobre el entorno circundante.
“No me considero irreverente, aunque no me gusta tener o hacerle reverencia a las cosas. Si queremos darle el tono de trasgresión me parece que no, pero soy un hombre sólido en mis ideas y eso muchas veces genera tensiones... pero quién dijo que uno no quiere un mundo con tensiones. A lo mejor no hago lo que se espera de mí, pero eso no depende de mí porque es mi naturaleza y yo no me voy a poner a pelear a los 50 años con mi naturaleza, simplemente la llevo adelante intentando que nadie sufra y que las ideas pasen de manera clara”, concluye Fito Páez.
¡Fito por siempre! sonará esta noche en Bogotá y se ratificará una vez más que “el mundo cabe en una canción”.
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Fito Páez en Bogotá. Jueves 13 de noviembre, a partir de las 8:00 p.m. Centro de Eventos Royal Center, carrera 13 Nº 66-80. Información y boletería: 593 6300 y www.tuboleta.com.