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Si uno le pidiera a un universitario que definiera a un tipo como Juan Mario Laserna, diría que es un ‘ñoño renerdo’ que hizo tránsito a ‘reyuppie’. No hay otra forma más gráfica, en la jerga juvenil, de describir a alguien que recibió el título de economista en Yale, cuando recién cumplía los 23; la maestría en Business Administration, de Stanford University, antes de llegar a los 30; y a quien en menos de 12 años ha sido consultor del BID, director de Crédito Público, viceministro de Hacienda, ministro encargado varias veces, asesor de dos jefes de Estado, de un Secretario General de la OEA, y uno de los siete miembros de la junta directiva actual del Banco de la República. Ante tal hoja de vida, palidece de envidia hasta el predestinado Uribito, que funge como candidato presidencial.
Este experto, que cumple sólo 42 años en agosto —mientras su colega más cercano de generación en la junta tiene 51—, lleva cuatro lidiando los temas gordos de la economía y ya desea retirarse porque está convencido de que culminó su ciclo en el Banco, donde dio guerra: cuando ninguno de sus compañeros se atrevía a expresar opiniones y se sometían juiciosamente a la voz del gerente, Laserna empezó a cantar su voto y no pocas veces a disentir de la voluntad del Gobierno.
No faltó quién lo criticara ni tampoco quién, en el estrecho círculo de los economistas apegados a la tradición, dijera que era un “niño” medio locato y ciclotímico. Lo cierto es que logró introducir varias modificaciones en ese inamovible esquema de costumbres que rodea al Emisor. Por ejemplo, la de que se dieran a conocer las minutas con las discusiones de la junta. Ahora aspira a ingresar al Senado, aunque sus amigos le insisten en que ese propósito, en esta época de turbulencia y procesos parapolíticos, es un suicidio. Hijo de Mario Laserna, uno de los fundadores de la Universidad de los Andes, el saliente codirector del Banco no podría pertenecer a otro partido distinto al de su padre: el Conservador. En este nuevo campo, el de la arena política, se le nota cauteloso, tal vez porque se sabe novato. No se equivoca. Entra a nadar en un mar lleno de tiburones que fuman debajo del agua. La ingenuidad será su peor enemiga y lo descubrirá cuando fracase en el intento de ser leal a todos sus mentores al tiempo: César Gaviria, Andrés Pastrana y Álvaro Uribe, como trata de hacerlo con sus respuestas, en esta entrevista.
Cecilia Orozco Tascón.- Su posición en la junta directiva del Banco central es una de las más disputadas por los economistas exitosos, ¿por qué usted desea abandonarla?
Juan Mario Laserna.- Porque creo que ya cumplí con mi misión y con lo que me había comprometido a hacer. Llega un momento en que uno cree que puede aportar más en otras áreas complementarias al trabajo que se hizo en la junta del Banco.
C.O.T.- ¿Usted renuncia o el Presidente le pide que se retire?
J.M.L.- Ninguna de las dos. Yo le pedí al Presidente que me retirara.
C.O.T.- Y, ¿eso qué significa? ¿Por qué no renunció, simplemente?
J.M.L.- Hace cuatro años el Presidente le preguntó a la junta quién deseaba retirarse, me imagino que para saberlo con anticipación. Entonces, en estos días le dije al Ministro (de Hacienda) que si eso era lo que se iba a hacer ahora, le quería pedir que se considerara mi nombre para el retiro. Es cuestión de protocolo.
C.O.T.- Con su retiro son dos los miembros de junta que el Presidente tendrá que reemplazar. ¿Esos cambios alterarán el equilibrio en el grupo de codirectores del Banco?
J.M.L.- No. Las elecciones que el Presidente ha hecho siempre han sido serias y la junta que queda es muy responsable. No creo que vaya a haber mucha diferencia.
C.O.T.- Pero el Presidente y sus ministros han criticado muchas veces las decisiones del Banco. Les vendría bien una junta más complaciente.
J.M.L.- Es verdad que el Presidente ha sido crítico, por ejemplo, de la subida de las tasas el año pasado y del mantenimiento de una política monetaria contraccionista. Yo participé y apoyé públicamente al gerente del Banco, doctor José Darío Uribe, en esas medidas que eran eminentemente técnicas. Recibimos muchas críticas incluyendo las de varios ministros y ex ministros. Pero el punto es que la estrategia monetaria funcionó: dejó mejor preparada la economía para enfrentar la crisis mundial, aumentó las reservas internacionales, abarató la financiación del Estado, revalorizó los fondos de pensiones y con unas expectativas de inflación a la baja. Es lo que se llama en la jerga financiera un ‘aterrizaje suave’. El Gobierno ha reconocido que teníamos razón y así nos lo ha expresado.
C.O.T.- Sí, pero usted mismo lo ha dicho: lo que se hizo fue en contravía de lo que deseaba el Gobierno.
J.M.L.- De los planteamientos del Presidente en público, sí. Pero mire: por mi parte, nunca recibí una llamada de la Casa de Nariño antes de una junta para sugerirme que votara de una manera u otra.
C.O.T.- ¿Y presión interna en la junta de quienes son claramente uribistas?
J.M.L.- No la hay, porque las discusiones son muy técnicas y respetuosas. Además, los codirectores siempre hemos sido independientes. Es por eso que los miembros de la junta siempre son de edad mayor. En el caso mío, sucedió que ya había sido toreado en varias plazas.
C.O.T.- Pese a lo que asegura, la evidencia indica que el Gobierno ha ejercido mucha presión no sólo sobre la junta del Banco, sino sobre todos los órganos del Estado que pueden tomar decisiones autónomamente.
J.M.L.- Partamos del principio de que a cualquier gobierno, y a éste también, le gustan los buenos resultados. El Banco con su prestigio está en capacidad de llevarle la contraria al Presidente en una opinión puntual que él dé. Si resulta que el Banco tiene la razón, el mandatario y su Ministro de Hacienda lo reconocen y se puede llegar a un acuerdo. Pero la verdad sea dicha, este es un debate más hacia fuera que de puertas para dentro. Le doy mi palabra de que, en la junta, el debate es eminentemente técnico.
C.O.T.- No lo dudo, pero eso no excluye la presión. Sólo recuerde las declaraciones de los ministros de Hacienda, Agricultura y Comercio Exterior. Obviamente ellos le estaban haciendo la tarea al jefe.
J.M.L.- En mi oficina hay un afiche que me regaló Armando Montenegro. Contiene una cita de Wiston Churchill que también fue ministro de Hacienda. Dice: “Nada más fácil que dar opiniones tontas sobre temas de política monetaria o cambiaria”. Todo el país es experto en estas materias. No he ido a la primera finca de la sabana, al primer aeropuerto o al primer club en donde no me haya encontrado con un ‘experto’ en política monetaria. Parte de nuestro oficio consiste en oír y callar. Esa es una tradición en la junta, pero le reitero que nada de eso cambia las decisiones.
C.O.T.- Sin embargo, usted se caracterizó precisamente porque no se callaba. Sus declaraciones escandalizaban a más de uno en el Banco… y afuera.
J.M.L.- A mí me acusaron de haber roto la tradición porque anunciaba mi voto y fíjese que ahora en casi todos los países desarrollados las actas de los bancos centrales son públicas después de unos años. Antes de posesionarme en 2005 hice un discurso similar a los testimonios que rinden los nominados al Banco Federal de la Reserva ante el Congreso de los Estados Unidos. En ese discurso, que se va a mostrar en el marco de una rendición de cuentas que voy a hacer, expuse mis posiciones. La gente va a poder contrastar lo que dije con mis votaciones.
C.O.T.- ¿Cómo califica las dos últimas salidas contra el Banco: la del Ministro de Minas, que regañó al gerente José Darío Uribe, y la del contralor Turbay pidiéndole cuentas para revisar cómo maneja el presupuesto?
J.M.L.- Que en nada afectan la función primordial de la junta directiva, ni su autoridad y competencia sobre temas monetarios, cambiarios y algunos financieros. En nada. Cero.
C.O.T.- Se ha dicho que para reemplazarlos a usted y a Leonardo Villar en la junta el Gobierno está pensando en empresarios. ¿Le parece buena idea?
J.M.L.- Aunque no he oído eso, creo que el lado débil del país y por donde puede haber una crisis de la economía, es el sector financiero. En ese orden de ideas, se necesita a alguien que sea experto en la materia y que sepa cómo se mueven los mercados, cómo funcionan los bancos, los encajes, la provisión propia y los balances. Sin descalificar a nadie, dada la coyuntura mundial se requiere gente que sepa del tema financiero. Y si lo que usted está queriendo insinuar es que la junta se va a politizar, y eso ocurre, el primero que le hará un debate público al tema seré yo.
C.O.T.- ¿En la junta del Banco ocurre un fenómeno similar al de las Cortes, donde las votaciones son estrechísimas porque se establecen dos bloques de pensamiento?
J.M.L.- No. Las coaliciones dentro de la junta son fluctuantes y varían según si los temas son cambiarios, regulatorios o financieros. También hay unos casos de política monetaria en que las estrategias cambian. Las coaliciones también se modifican con el tiempo. Pero la verdad es que la mayoría de las decisiones se toman por consenso.
C.O.T.- A su juicio, ¿la Superintendencia Financiera ha hecho el papel que le corresponde o se ha quedado corta?
J.M.L.- Se ha quedado corta, y creo que, institucionalmente, es demasiado débil. Me parece que es necesario crear una entidad que esté adscrita o al mando del Banco de la República para que pueda tomar las decisiones que le correspondan a tiempo. Si esa reforma se hiciera, fenómenos como el de las pirámides no se volverían a dar, porque el Banco cuenta con una infraestructura nacional que no tiene ninguna otra institución.
C.O.T.- ¿Cuál fue la discusión más difícil que tuvo que dar durante sus cuatro años de permanencia en la junta?
J.M.L.- La pelea cambiaria. Aumentamos las reservas en un 50% en dos años y medio. Fue cuando hicimos una inversión muy grande para evitar que el dólar siguiera bajando el año pasado y el antepasado. Compramos 8 mil millones de dólares. Esa es una de las medidas que nos está protegiendo hoy.
C.O.T.- ¿Habló personalmente con el presidente Uribe sobre su retiro?
J.M.L.- Sí. Le dije que quería entrar al Senado para formar parte de la Comisión Tercera, en donde quedó un gran vacío con la muerte de Víctor Renán Barco y de Luis Guillermo Vélez.
C.O.T.- ¿Cómo va a conseguir clientelas que voten por usted? O, ¿pretende ganar solo con opinión?
J.M.L.- Hay grupos políticos en el Tolima con los que tengo una buena relación, pero mi interés no es disputarme clientelas sino hacer aportes en el campo específico de la economía y el desarrollo. Quienes tenemos la fortuna de ser jóvenes técnicamente formados debemos cumplir con el compromiso de ingresar a la vida pública para devolver conocimientos.
C.O.T.- Suponga que puede llegar al Senado, ¿a cuáles votantes les serviría que usted estuviera allí y por qué?
J.M.L.- A toda la gente que tiene ahorros en los fondos de pensiones, a quienes tienen su dinero en los bancos o a los que se preocupan por tener estabilidad económica propia y estabilidad económica en el país. Dado mi perfil como economista y como funcionario, quiero liderar una gran reforma financiera, que de todas formas se tiene que realizar. Si se van a tomar una cantidad de medidas que afectan su bolsillo, ¿no le gustaría que hubiera un técnico estudiando los temas? Quisiera llegar a ser un nuevo (Alfonso) Palacio Rudas u otro Jaime García Parra.
C.O.T.- Se va a lanzar a la política en un momento bastante complicado. La primera pregunta que le van a hacer es si usted es partidario o no de la reelección presidencial. ¿Qué respondería?
J.M.L.- Voy a acatar la decisión del Partido Conservador y el partido ha dicho que quiere lanzar candidato propio.
C.O.T.- Y si le tocara apoyar al ex ministro Arias, quien fue un crítico permanente de las decisiones del Banco, ¿lo haría?
J.M.L.- Creo que es un hombre serio y que ha madurado bastante.
C.O.T.- Lo que significa que ha sido inmaduro, ¿cuándo lo fue?
J.M.L.- No tengo opinión sobre ese punto.
C.O.T.- Usted parecía más atrevido cuando era codirector del Banco que ahora…
J.M.L.- Porque mi tarea en ese momento era una y la que asumiré dentro de unos meses es otra.
De la mano de tres presidentes
Juan Mario Laserna nació a la vida laboral como pocos colombianos pueden hacerlo: al lado de tres jefes de Estado y de un Secretario General de la OEA.
C.O.T.- Usted llegó al banco gracias al presidente Uribe, pero también fue cercano a Andrés Pastrana y a César Gaviria. ¿Con cuál de ellos tiene mayor compromiso político?
J.M.L.- Siempre he creído en la colaboración bipartidista, porque me parece que ese esquema funciona mejor que la confrontación. Pero soy conservador y por lo tanto en términos políticos soy amigo del doctor Pastrana. De todas maneras, buena parte de las decisiones que tomé, las aprendí al lado de César Gaviria. Por eso también tengo gran afinidad de conceptos con él.
C.O.T.- ¿Definitivamente va a aspirar al Senado por el Partido Conservador?
J.M.L.- Sí, pero enfatizando en que creo en un conservatismo más progresista. Quiero entrar al Congreso a defender el Banco de la República. ¿No le parece paradójico que como conservador uno deba defender la Constitución del 91, de estirpe gavirista y cepedina, que fue la que le dio la independencia al banco?
C.O.T.- Resulta curioso que ustedes defiendan más la Constitución que los ex liberales uribistas.
J.M.L.- Es curioso, pero no raro, porque en el gobierno de Gaviria participamos conservadores como Luis Alberto Moreno, Luis Fernando Ramírez, otros y yo.
La crisis en pocas palabras
C.O.T.- ¿Cómo se afectará la economía colombiana este año por la crisis mundial?
J.M.L.- La contracción de la demanda mundial afectará las exportaciones y se va a reducir, por ejemplo, el precio del carbón y del petróleo. Se puede afectar también vía el financiamiento, la tasa de cambios y la reducción de inversión extranjera directa.
C.O.T.- ¿Qué le va a ocurrir a Colombia en materia de empleos?
J.M.L.- La economía va a crecer entre el 1 y el 3%. Eso quiere decir que la parte laboral se contraerá.
C.O.T.- ¿Qué tan fuerte se sentirá el golpe en términos de pérdida de empleos?
J.M.L.- Va a ser fuerte, pero se pueden tomar medidas para amortiguar el golpe.
C.O.T.- ¿Y en cuanto a tasas de interés?
J.M.L.- Las tasas bajarán un poco más, de manera moderada, y luego se van a quedar quietas.
C.O.T.- ¿Las elecciones presidenciales qué tanto influirán en la economía?
J.M.L.- El Gobierno tiene vocación de poder. Por eso creo que medirá las consecuencias.
C.O.T.- ¿Un consejo para la gente?
J.M.L.- Hay que invertir y gastar en pesos, porque eventualmente la moneda se va a fortalecer, a largo plazo. Diversificar las inversiones y ser muy cauteloso con el endeudamiento. La Junta del banco lleva tres años advirtiendo que no hay que endeudarse en créditos de consumo, porque cobran tasas altísimas.