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Hay gente que camina por la ciudad sin mirar. Andan sin tener el chance de percatarse cómo son los objetos que usan, qué hay por detrás de las puertas y cómo lucen, por ejemplo, esos escalones de escaleras eléctricas sobre las que posan una y otra vez sus pies.
Hay gente que, por el contrario, se maravilla con las texturas de las cosas que los rodean, que se deslumbran con todo lo que se puede hacer con un viejo casco de bombero, con un par de cajones de un peinador que ya los años no les dan tregua, incluso con esas estivas que los mercados desechan después de haber cumplido su cometido de soportar una carga pesada. A ese grupo pertenecen Mariana Vieira y Marcela López, dos mujeres que diariamente se divierten dándole la vuelta a los cosas, poniendo los ojos donde nadie los pone, encontrando nuevas opciones para bombillos desechados y cinturones olvidados.
Fue ese carácter curioso, ese que comparten esta diseñadora industrial y esta arquitecta, el que las llevó a unirse en torno a un proyecto que han bautizado Renuevo, con el que han buscado alejarse “de esa asepsia, de esas líneas limpias y calladas que caracterizan todas las tiendas de mobiliarios, y construir más bien sillas irónicas y mezclar cajones de otras décadas y de colores muy variados en una sola cómoda hasta lograr que los diseños cuenten historias”, comenta Marcela, quien asegura que sus objetos van por una doble línea: la de reciclar y la de darles usos insospechados a los objetos.
“Hemos hecho de los topes enresortados que se ponen detrás en las puertas, las patas de una mesa que sirve de centro, hemos también usado bombillos de neón fundidos para hacer caperuzas de lámparas y hemos juntado cientos de cinturones roídos para construir una silla de sala”, cuenta por su parte Mariana Vieira, quien aclara que Renuevo no se trata sólo de hacer muebles, sino de crear ambientes diferentes, “que te regalen vida”.
Todo empezó cuando Marcela López vivía en París y decidió crear particulares diseños con cosas que se encontraba en el metro o en los buses. Luego sus creaciones llegaron a oídos del Ministerio del Interior de Francia y con objetos reclutados de las estaciones de bomberos, y de policía, con mangueras y materiales que encontraba en la calle hizo una exposición que viajó un año por todo el país.
A su regreso a Colombia y tras su encuentro con Mariana, que era una recursiva experta cuando de hacer muebles e improvisar fachadas se trataba, por su trabajo de asistente de dirección de cine y televisión, ambas se dieron cuenta de que era hora de darle un revolcón al diseño industrial nacional y probar que dos escalones de escalera eléctrica unidos podrían crear una mesa de centro única, extraña. “Hay bellezas y funcionalidades escondidas en todo lo que usamos cotidianamente; nuestro trabajo es hacer que más gente se de cuenta de esas múltiples opciones”, concluye Marcela.