¿Cuál será su nuevo público?
El viejo público que teníamos, más las nuevas generaciones que están ávidas de algún atisbo de crítica de la realidad y una opinión no unánime y refrescante sobre la realidad de hace diez años, que es la misma de ahora.
¿Qué le gusta más: las tablas, la pantalla gigante o la televisión?
El teatro. Es el lugar donde más plenamente puedo ejercer mis perversiones artísticas.
¿Cómo controla su lengua?
Eso es un problema, si me la pican se desboca.
¿Sus comentarios impertinentes lo han metido en problemas?
Claro, con la antigua Comisión Nacional de Televisión y al canal le tocó pagar algunas multas. Las generaba, pero no las pagaba.
El mejor recuerdo de la ‘tele’ y ‘El siguiente programa’.
Que la gente no nos olvida. Ser recordado por lo que uno es de verdad, eso es un privilegio.
¿Qué le dejó su personaje de Don Diego en ‘El cartel’?
Esa serie fue muy buena. La televisión debe mirar más hacia las series y otro tipo de historias, y jugársela. Los productores tenían dudas porque no era novela, la historia era violenta y era otro formato.
¿A quién considera un sapo?
A José Obdulio Gaviria.
¿De qué se arrepiente?
Te voy a responder con una frase de Albert Camille: “Si yo hubiera sido mi padre habría escogido no haber nacido”.
Una película.
900, de Bernardo Bertolucci.
¿Cómo ve el cine colombiano?
No creo en el rótulo de cine colombiano, el cine es cine.
¿Qué música no soporta?
La mala, que pongan música no para ser oída sino de relleno, eso no lo soporto.
¿Y qué música le gusta escuchar?
Beethoven, Back, Mozart, Schubert y los Fabulosos Cadillacs.
¿Cuál fue su primer trabajo?
En actuación fue en Los Dumies y yo hice de bote de basura. Me siento más orgulloso de ese papel que de muchos personajes de telenovela que he hecho.
Un proyecto.
Calígula, de Albert Camille, una obra de teatro que estoy montando con un grupo de amigos para septiembre de este año, y Ciudad X, que también volverá, pero recargado y revolucionado.
¿Cómo se divierte?
Con Marcela, amo a Marcela, estar con ella y no estar con ella es la medida, llevamos dos siglos, teníamos una relación desde antes de conocernos, nos intuíamos, la había visto en mis sueños.
¿Y cómo se relaja?
Jugando frisbie con Marcela y montando bicicleta.
Un trago amargo.
La muerte.
¿Qué le cambiaría a su imagen?
Estoy pensando cambiarme de sexo, pasarlo de donde se encuentra ahora y ponerlo en la frente, para que sepan en qué estado de ánimo me encuentro.
Su comida favorita.
Espaguetis a la rabiata, con salsa blanca, pero se comen con mucha rabia, hay que estar de mal genio para comerse ese plato.
¿De qué es devoto?
Te puedo decir que no soy devoto. No soy devoto ni de las religiones ni de las nacionalidades.
¿A quién no soporta?
A los sapos, a los lambones, a los mentirosos y a los hombres que se han considerado más buenos mozos que yo.
Una mujer que lo trasnoche.
Marcela.
Defina: Martín de Francisco.
Un monstruo.