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Sabas Pretelt, en la élite de la diplomacia

Se estrenó en el Programa Mundial de Alimentos atendiendo víctimas del sismo de Haití. 

El Espectador

01 de febrero de 2010 - 05:30 p. m.
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¿En qué consiste ese nuevo cargo con nombre tan elegante?

Ser presidente de la junta ejecutiva del Programa Mundial de Alimentos implica un mayor compromiso en la lucha contra el hambre. Hay más de mil millones de personas que padecen esta tragedia y mucha gente es insensible. Me tuve que estrenar con la penosa situación en Haití, pero ha sido importante la ayuda que hemos podido brindar.

¿Eso significa que de ahora en adelante va a desatender al señor Berlusconi?

No, para nada. Soy embajador ante el gobierno italiano y ante los organismos internacionales. Ambas tareas las hago con total entrega.

Por ahí dicen que usted siempre cae de para arriba.

Por amor a Dios, no me he caído. Siempre he hecho las cosas con rectitud.

¿Qué tanto le asusta  su vinculación a la yidispolítica?

Susto no. Me da un dolor enorme, porque es lo más injusto que uno pueda vivir. Ya lo demostré, espero resultados.

Su momento más difícil como embajador.

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En un atraco mataron a dos turistas italianos en Cartagena. Nos tuvimos que mover mucho para demostrar que era un hecho aislado. Eso logró que el turismo italiano no dejara de ir al país.

El más placentero.

Muchos, sobre todo cuando el nombre de Colombia queda en alto con las múltiples actividades que organizamos. Además, me gusta trabajar en Roma, rodeado de historia.

¿Qué le  falta del Ministerio del Interior ?

Nada, pero extraño a las personas buenas.

¿Qué opina de la segunda reelección presidencial?

En esto no soy original, lo que diga la mayoría.

¿Cuándo dejó de ser pastranista?

Qué pregunta tan rara.

Un recuerdo de su época como negociador en el Caguán.

En plenas conversaciones hablaba a nombre del Consejo Gremial y se me rompió la silla. Para mi sorpresa, me ayudaron a levantar Tirofijo y Mono Jojoy.

Uno de Maguncia, Alemania.

Me iba a reunir con los guerrilleros y Werner Mauss me llevó manejando a 250 km por hora, ese fue el único susto.

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Su talento oculto.

Soy bueno para el baile.

El sitio de Roma que lo dejó perplejo.

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La primera vez que vi la Basílica de San Pedro.

¿Qué tanto lo regañaba Uribe cuando usted era su ministro?

Él siempre ha sido respetuoso, cuando hay que hablar duro él lo hace, pero yo también.

¿Pero usted sí metía la pata?

Seguramente cometí errores. Me da pena decirlo, pero en las encuestas salí con la mejor calificación.

¿Prefiere que lo conozcan como bonachón o como conciliador?

Como conciliador. También como contundente cuando toca, y me ha tocado muchas veces.

Los conciliadores no tienen un pelo de tontos.

Con esta calva no tengo ni un pelo de nada.

Siendo tan bueno en esas lides, ¿por qué se frustraron sus iniciativas de paz?

Lo del Eln en Mainz tuvo éxito, pero fue triste que el Gobierno, desde ese entonces, por distintas razones, no continuó el proceso. En el caso de los paramilitares mi participación ayudó mucho a que se dieran las desmovilizaciones.

¿Cada cuánto va a misa?

Los domingos. Ahora voy a Santa María del Popolo, iglesia construida en el siglo XI y reformada en el XV, en pleno Renacimiento.

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Su mayor pecado.

Sólo uno. Canas al aire, pero ahora estoy juicioso.

¿Cómo mata el tiempo en Europa?

No lo mato, lo aprovecho leyendo historia, especialmente sobre el renacimiento.

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¿Qué tal se ven los toros desde la barrera?

No me han dejado salir del ruedo.

¿A quién le cantaría la tabla?

A quienes desvían sus funciones buscando intereses personales o políticos.

¿Qué le da jartera?

El protocolo.

¿Qué le saca la piedra?

La falsedad de aquellos en quienes he confiado.

¿Cómo se relaja?

En la cama con un buen libro.

¿Para qué es negado?

Para cantar.

Su gran frustración.

A la hora de las dificultades ver el comportamiento y la cobardía de algunos.

El mayor oso de su vida.

Una vez tuve que hablar ante mucha gente, estaba aburrido y fastidiado e hice un mal discurso.

¿Con qué personaje de ficción se identifica?

No le puedo decir, porque es de mi invención y mis nietos me descubren.

¿Qué quería ser cuando niño?

Como mi antepasado El Zorro,  don Diego  De la Vega.

Defina al Partido Conservador.

Organización de mis afectos,  dueña de una doctrina edificante,  pero necesitada de una profunda transformación.
Álvaro Uribe.

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Imagínese  al país si no lo hubiera reorientado Álvaro Uribe.

Unos parlamentarios europeos me dijeron agradezcan a Dios que les tocó ese presidente. Yo creo lo mismo.

Fenalco.

El Gremio más grande y solidario de Colombia. Es algo hermoso.

¿Es cierto que el que peca y reza empata?

De todas maneras, siempre y cuando haya rectitud de intención.

Un político funesto para el país.

Son muchos.

El personaje de la historia que no debió existir.

Pilatos. Hoy existen versiones suyas no tan perversas, pero producen mucho daño.

El programa de televisión que no se perdía en Colombia.

Cuando mis hijos estaban chiquitos siempre veíamos Sábados Felices. Me dolió la muerte del Flaco Agudelo.

El coctel más jarto al que ha ido.

La gran mayoría son jartísimos,  sobre todo cuando son de pie y con mucho protocolo.

Lo más cartagenero que tiene.

Uso un lenguaje dicharachero y la franqueza.

Al paso que va a usted ya toca preguntarle “qué recuerdo tiene de Colombia”.

Es difícil ser más apegado a la tierra de lo que yo soy.

Por El Espectador

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