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Bart tararea La pollera colorá de Wilson Choperena, mientras Homero, su papá querendón, hace lo posible por conservarse en alcohol en su territorio habitual: el bar de Moe.
“Cuando le canto a Soledad / Me siento contento de verdad, / porque con su movimiento, / inspiración ella me da. / Por eso le digo, / negrita linda ven pa’aca, / con su pollera colorá, / mi negrita linda soledad, con su pollera colorá”, canta el pequeño de color amarillo y ojos saltones que después de 20 años de permanencia en la televisión del mundo permanece, en esencia, intacto. Su corte con los pelos hacia arriba marca la pauta en la moda, aunque su apariencia cambia cuando debe asistir a la iglesia o cuando su familia tiene compromisos. Para esos momentos importantes, el niño se viste elegante y se peina con la carrera por la mitad.
Todo lo contrario sucede con su papá, un hombre obeso, poco brillante para resolver los problemas y víctima de una alopecia galopante que deja al descubierto su cabeza de gran tamaño. Mientras Homero ve televisión, su cerebro ‘piensa, piensa’ y llega a la conclusión de que lo que está observando es parte de Yo soy Betty, la fea, varias temporadas antes de que la cadena ABC produjera la exitosa Ugly Betty.
Y así como en esta serie animada, que ostenta el récord de mayor duración en el prime time superando a Los Picapiedra, se hace referencias a la cultura popular de Colombia, también se inmiscuye en la realidad de los Estados Unidos, imitando a sus artistas, poniendo al desnudo las verdades de sus políticos y burlándose de la intrascendencia de sus estrellas. Con Los Simpsons, su creador, Matt Groening, pone al descubierto la condición contemporánea de las familias norteamericanas. En cada capítulo se exhiben dibujos animados con matices, con equivocaciones, con deseos, con ángeles y demonios influyendo en las decisiones cotidianas. No en vano, el ex presidente de los Estados Unidos George W. Bush dijo en una oportunidad: “Queremos lograr que la familia americana sea más como Los Walton y menos como Los Simpsons”.
Desde el 19 de abril de 1989, día en el que esta particular familia debutó en las pantallas de millones de hogares a través del espacio The Tracey Ullman Show, la intención fue convertirse en la comedia de situaciones favorita por el público. Y Groening no tardó mucho en ver consolidada su idea al evidenciar un núcleo disfuncional, con los nombres de sus propios parientes, sustituyendo únicamente Matt por Bart.
A los pocos meses de su estreno se tomó la decisión de darles a Los Simpsons un espacio de media hora en el horario de mayor audiencia. Entre 1992 y 1993, esta serie se ubicó dentro de los veinte programas más vistos de la televisión en Norte América. La sabiduría de Lisa, la complicidad de Homero, la generosidad de Marge, la picardía de Bart y la dulzura de Maggie se han mantenido durante dos décadas, en las que han surgido propuestas animadas más novedosas pero que no han logrado hacerle mella a esta superproducción cuyos protagonistas tienen, incluso, una estrella en el Paseo de la Fama en Hollywood.
Más de quince guionistas, un número superior a 20 actores y un equipo de producción y posproducción incalculable, trabajan bajo la supervisión de los productores ejecutivos Matt Groening y James L. Brooks para que cada temporada sea mejor que la anterior.
Capítulos especiales como la celebración del Halloween, la aparición de Homero en la escuela de rock, al lado de Mick Jagger, Elvis Costello y Tom Petty, así como los capítulos en tercera dimensión o Los Simpsons: la película, dirigida por David Silverman, ratifican el éxito de esta serie.
Hoy, dos décadas después de su primera aparición en la pantalla chica, FOX estrena en toda Latinoamérica la temporada número 20, con la participación especial de Julia Louis Dreyfus y Robert Forster como estrellas invitadas en el primer episodio. Sin embargo, no serán los únicos, pues se barajan nombres como Denis Leary, Brian Grazer y Marv Albert.
Veinte años no es nada, dice el tango de Carlos Gardel y Alfredo Lepera, pero estos últimos cuatro lustros hubieran sido muy aburridos sin la presencia de esta familia de Springfield y toda su corte de personajes.
Los Simpsons y otros famosos
Figuras de la vida pública de los Estados Unidos han pasado por los estudios de posproducción de la serie para inmortalizar sus voces y ser parte de la historia de una de las familias más populares de la televisión en el mundo. Algunos de los visitantes más ilustres han sido George Bush padre, su esposa Bárbara y sus hijos George y Jeb.
Para el colectivo de los músicos es un verdadero honor compartir aventuras con Homero, Marge, Bart, Lisa y Maggie. La presencia de Pete Townshend y los demás integrantes de la banda The Who, Mick Jagger y Keith Richards, de los Rolling Stones, así como las participaciones de los líderes de Aerosmith y U2, corroboran la aceptación que tiene la serie. Paul McCartney y su ex esposa Linda, fallecida hace unos años, aceptaron gustosos la representación vocal de sus personajes animados. Lo mismo sucedió con los Red Hot Chili Peppers —quienes aparecen en calzoncillos para homenajear al payaso Krusty— los Ramones, Barry White y Tom Jones.
Dentro de las figuras del firmamento de Hollywood, Elizabeth Taylor tuvo una figuración importante dentro de la serie, pues aparece limpiando su colección de Premios Oscar. Incluso, el reconocido magnate del imperio Play Boy dejó a un lado a sus conejitas para guiar a Bart en una compleja misión.
Premios son amores
La ‘egoteca’ de ‘Los Simpsons’ comprende varios premios. Uno de los más importantes fue otorgado por la revista ‘Time’, que catalogó al programa como “La mejor serie de televisión del siglo XX”. De igual manera, Bart fue incluido por la misma publicación en el listado de los personajes contemporáneos más influyentes.
Bart y Homero, integrantes de esta vistosa familia, se han convertido en íconos de la televisión mundial y en las encuestas de popularidad siempre ocupan lugares preponderantes.
En su repisa, su creador, Matt Groening, tiene 24 premios Emmy, 24 premios Annies, y un premio Peabody, siendo la primera serie de animación en obtener este importante galardón. Además, la estrella en el paseo de la fama ratifica su reconocimiento mundial.