¿Le costó aprender a dibujar?
Todos los días aprendo.
¿Se considera bueno enseñando?
El caricaturista Bacteria le puede dar la respuesta.
Defina: caricatura.
El bálsamo de los editoriales.
Colombia.
2’070.408 kilómetros cuadrados llenos de desigualdades y, sobre todo, de esperanzas.
Política.
La materia prima de este oficio.
Álvaro Uribe.
El patrón.
Reelección.
La droga de los dictadores.
Betto.
Terco, apasionado y cómplice.
Su gran logro.
Convencer a mi familia de que se puede vivir de la caricatura.
Su mayor fracaso.
El deporte.
¿Qué lo hace reír?
Fontanarrosa.
¿Se considera gracioso?
Sólo cuando se ríen conmigo.
¿Y qué lo hace llorar?
Algunos encuentros y despedidas.
Una virtud.
Reconocer mis defectos.
Una maña.
Mover los pies cuando estoy sentado y en la cama antes de dormirme.
¿Qué lo saca de casillas?
Un tinto hirviendo.
Además del dibujo, ¿qué otra habilidad tiene?
Tocar la armónica.
Algo imperdonable.
Un brindis flojo siendo el padrino de la boda.
Su mejor pinta.
Mis corbatines.
Lo primero que hace en el día.
Dar gracias por el nuevo día, encender la radio y tomarme un tinto.
¿Y lo último?
Mover los pies.
¿Por qué ‘Betto’?
Me tocó la época de los apodos en el colegio.
¿Por qué el dibujo?
Cuando nací eso ya venía instalado.
¿Qué lo inspira?
Las noticias, los libros, ciertos programas, los amigos, todo.
Su mejor caricatura.
Aún no la he logrado.
La mejor que haya visto.
Una escalera de Saul Steinberg.
La más polémica.
Una reciente de Alan Jara, donde los lectores creyeron que me estaba burlando de él.
Lo que nunca ha podido dibujar.
En el papel y en la caricatura todo es posible.
¿Qué oculta bajo la boina?
Los tres pelos que se me paran.
¿A quién le gustaría hacerle una caricatura?
A mi esposa, pues nunca me queda.
El personaje más fácil de caricaturizar.
El reelegido.
Lo más difícil de su oficio.
Poder decir todo sin necesidad de utilizar texto.
Lo más fácil.
Sacarle punta al lápiz.
Lo mejor.
El goce de pensar, de hacer, de opinar y de publicar.
¿De qué no le gusta hablar?
Ni que me hablen de enfermedades mientras estoy en la mesa.
Un pasatiempo.
La música y las cometas.
¿Qué lo estresa?
Que llegue la hora del cierre sin tener la caricatura lista.
¿Y cómo se relaja?
Con un Jack.
El amor de su vida.
La caricatura que nunca he podido lograr: mi esposa.
Su comida ideal.
Con amigos, música y mucho vino.
¿Qué tal es en la cocina?
Recursivo.
Un lugar.
Bourbon St., en Nueva Orleans.
Un sueño.
Publicar en ‘New Yorker’.
El último libro que leyó.
A las puertas del Ubérrimo.
El qué empezó y nunca terminó.
Ulises... Guácala.
¿Qué le da pereza?
Contestar correos, prefiero llamar.