El temblor que hace ocho días afectó gravemente a dos poblaciones cundinamarquesas, y que asustó a los bogotanos por la fuerza con que se sintió en la capital, es pequeño si se tiene en cuenta el evento sísmico que tendría que enfrentar algún día la ciudad. Los expertos en sismología saben que la capital colombiana se encuentra en una zona de amenaza intermedia para ese tipo de desastres.
Pero de acuerdo con un sistema de probabilidades que los analistas aplicaron según la ocurrencia cronológica de estos fenómenos, Bogotá podría sufrir un movimiento telúrico de magnitud considerable en cualquier momento, toda vez que hace casi un siglo que no se presenta uno de gran impacto.
Lo más preocupante es que en amplios sectores urbanos, las construcciones fueron levantadas antes de que existieran las normas de sismorresistencia (1984), y por tanto el grado de destrucción en esas edificaciones sería muy alto. En un estudio realizado por Ingeominas y la Universidad de Los Andes en 1997, se dividió a Bogotá en cinco grandes zonas en vista de que poseen un espectro sísmico de diseño diferente, debido a la variedad de sus suelos.
Fue entonces cuando se trazó la denominada microzonificación de la ciudad. Esa distribución es muy importante para tomar decisiones preventivas, porque según la caracterización de los suelos, la respuesta a los eventos sísmicos es distinta. También han sido examinados, en otros cinco estudios recientes, el daño que generaría un sismo según su intensidad y el nivel de pérdidas que se presentaría.
En otras palabras, el diagnóstico está hecho y sobre el mismo no hay mayores dudas. En consecuencia, las autoridades distritales han asumido el asunto y empezaron a prepararse con una ampliación sustancial de los recursos tecnológicos, económicos e informativos del Sistema de Atención de Emergencias. Se ha iniciado la revisión de las construcciones viejas y, de otro lado, la enseñanza de comportamientos y costumbres nuevas para enfrentar desastres en concentraciones humanas como escuelas, hospitales, barrios y localidades.
Muy significativa de la seriedad que le concedió al tema, fue la decisión de Luis Eduardo Garzón, quien antes de irse ordenó iniciar el reforzamiento estructural del edificio Liévano, sede de la Alcaldía Mayor. Hoy, el despacho del alcalde Moreno exhibe superpuestas, poderosas vigas de hierro. Pero la mayor parte de la ciudad no tiene esa tranquilidad. Ni siquiera puede afirmarse —pese al trabajo que se ha realizado— que la campaña “Bogotá con los pies en la tierra” sea de gran recordación popular.
Clara López, la secretaria de Gobierno de la capital tuvo que hacer un curso intensivo en materia de atención de emergencias y prevención, puesto que bajo su responsabilidad y mando está todo el esquema oficial que debe garantizarles su seguridad y vida a los bogotanos. Esta es una entrevista de preguntas corrientes. Las que cualquier habitante de la urbe quisiera hacerle.
Cecilia Orozco.- ¿Cuántos tipos de suelo hay en Bogotá y por qué reaccionan de manera diferente ante un sismo?
Clara López.- Los centros de investigación han clasificado varios tipos de suelos según su comportamiento en un sismo: la parte más rocosa, que es la de los cerros que rodean la ciudad. Después está el piedemonte, o sea la zona baja de los cerros. Luego, en el área central, hay dos zonas lacustres (de antiguos lagos) donde los suelos son blandos y con mucha arcilla. Ahí se siente más el movimiento telúrico. Y por último, están las zonas de depósitos aluviales (sedimentos provenientes de lluvias o de ríos).
C.O.-¿Significa que la parte central de la ciudad está más expuesta en caso de sismo?
C.L.- No se puede hacer esa afirmación de manera tan rotunda, porque hay muchas variables que influyen en la forma como un sismo puede afectar una zona en particular. Hay tres riesgos que influyen directamente en caso de un evento sísmico. El primero es el de la calidad de las construcciones. En este sentido, hay que decir que sólo a partir de 1984 se establecieron normas para exigir que las edificaciones fueran sismorresistentes y por eso tenemos el problema de las construcciones anteriores a esa fecha. El segundo riesgo es el del desconocimiento sobre cómo reaccionar. El tercero, es el de la falta de prevención, es decir, que no se tomen las precauciones necesarias.
C.O.- Salvo el temblor del sábado 24 de mayo pasado, hacía mucho tiempo que no se presentaba un fenómeno sísmico en la capital. ¿Hay que dar por hecho que llegará uno más fuerte?
C.L.- Hay un fenómeno que los técnicos llaman “silencio sísmico”. Todos los geólogos saben dónde están las placas y dónde se presentan las fallas. También saben que ellas se mueven cada determinado tiempo, aunque no se pueda
determinar exactamente la fecha ni hora de ocurrencia del sismo. Sin embargo, y teniendo en cuenta un sistema de probabilidades, es posible afirmar que cada 500 años puede haber un evento sismológico fuerte en Bogotá y que un temblor de alrededor de 7.5 grados en la escala de Richter, podría suceder cada 250 años.
La ciudad está en el umbral del “silencio sísmico”, o sea que no se ha dado ni el evento de cada 500 años, ni el temblor de cada 250. Por lo tanto, un fenómeno de estos podría presentarse en algún momento, no sabemos si pronto o si dentro de mucho tiempo. Lo que interesa, para efectos de la prevención, es que va a llegar algún día. Por eso hay que actuar como si fuera a ser mañana. Así se pueden reducir inmensamente las desgracias.
C.O.- ¿Cómo hacer para que la población tome en serio esa posibilidad, sin aterrorizarla con datos precisos sobre los daños que se presentarían?
C.L.- Tenemos que aprovechar el “campanazo” del 24 de mayo. No sucedió nada grave en Bogotá, pero si se hubiera presentado un punto más en la escala de Richter, se habría generado una importante afectación en materia de vidas, heridos y pérdidas materiales. Esa es la importancia del trabajo de las personas y familias en su nivel individual, y de las autoridades en cuanto a la formación de una ciudadanía activa y consciente.
C.O.- ¿Existe algún estudio completo sobre la calidad de las construcciones en Bogotá?
C.L.- Sí. Y revela que si ocurre un evento de magnitud mayor, habría una gran destrucción. Contamos con un estudio detallado de probabilidades de afectación de las edificaciones de la ciudad.
C.O.- ¿Podría afirmarse que las edificaciones de los estratos uno y dos se verán más afectadas por falta del cumplimiento de las normas antisísmicas?
C.L.- Tiene alta posibilidad de verse afectada una construcción que no cumpla con las normas, eso es cierto. Pero no por el hecho de estar en estratos uno o dos, quiere decir que ninguna edificación cumpla con los requisitos mínimos. Lo que sucede es que sí hay en ese sector una mayor incidencia debido a la pobreza. Tenemos claro que debemos adelantar campañas de reforzamiento de estructuras en las zonas de desarrollo informal de la ciudad.
C.O.- ¿Qué capacidad de respuesta tiene hoy la Alcaldía ante un caso mayor de destrucción?
C.L.- Estamos fortaleciendo el Sistema Distrital de Atención de Emergencias en todos sus componentes, lo que supone también concientizar a las autoridades nacionales en el cumplimiento de los protocolos internacionales que le dan prioridad en los sistemas de comunicaciones a los números telefónicos de emergencia, como en nuestro caso al 123.
Está prevista también una inversión de 5 mil 500 millones de pesos para dotar una supersala de crisis que contenga todos los requisitos exigidos en los estándares mundiales. Allí se podrán reunir los representantes de las entidades distritales, nacionales y voluntarias para coordinar la respuesta estatal en materia de salud, seguridad, transporte, defensa, incendios, redes de telecomunicaciones y servicios básicos como el suministro de agua.
C.O.- Hoy existen dos centros de crisis en Bogotá. ¿Cuál es la diferencia entre estos y el que se pretende construir?
C.L.- Hoy existe uno en la estación de bomberos de Puente Aranda y otro en el Comando de la Policía Metropolitana. Desde allí se atendieron las emergencias el día del temblor. No obstante, no podemos dejar de tecnificarnos para optimizar los recursos, y esa es la diferencia con la supersala que vamos a tener.
Será una construcción tipo búnker y con helipuerto y tendrá todas las herramientas técnicas y tecnológicas disponibles en el mercado: sistemas de comunicación y de información como computadores, internet inalámbrico
redundante (de varios servidores simultáneamente), radios de largo alcance, enlace con todos los medios de prensa. Para la tecnificación del 123 están previstos 72 mil millones. El presupuesto para la construcción del búnker está en etapa de ajuste, pero en principio hay una previsión de 20 mil millones.
C.O.- ¿De dónde saldrá la plata?
C.L.- Una parte ya existe en el presupuesto. Otra tendrá que salir de nuevos recursos. La gente tiene que sacrificarse por su seguridad futura y la de sus hijos.
C.O.- ¿Quiere decir con más impuestos?
C.L.- Ese es un tema que tendremos que abordar en algún momento y sobre el cual tenemos que reflexionar todos los ciudadanos.
Una de las principales preocupaciones de Samuel Moreno desde cuando asumió la Alcaldía fue precisamente la de redoblar la actividad distrital frente a los temas de prevención y atención de emergencias.
C.O.- ¿Cuánto invertirá esta Alcaldía en la campaña de prevención e información “Bogotá con los pies en la tierra” que se empezó a desarrollar durante la Alcaldía de Garzón?
C.L.- Una de las principales preocupaciones del alcalde Moreno desde cuando llegó, fue precisamente la de redoblar la actividad frente a los temas de prevención y atención de emergencias. Por eso en el Plan de Desarrollo se destinaron $420 mil millones para esas actividades y se creó un programa adicional que se denominó “Bogotá responsable ante el riesgo y las emergencias”. Para casos de terremoto ya se han realizado 4.046 jornadas de información en 832 barrios de las 20 localidades de Bogotá.
C.O.- ¿Por qué, pese a esa campaña, el efecto masivo sobre las costumbres preventivas no se nota todavía en la ciudad?
C.L.- Tal vez porque, como las emergencias no son recurrentes ni frecuentes, la gente se relaja y se olvida de tomar las medidas indispensables para proteger su vida y la de su familia. Por ejemplo, la de reforzar su sitio de vivienda, y la de tener listo un plan de reacción. Sin embargo una encuesta que se realizó poco después de la última campaña, indica que la misma impactó al 74% de la población objetivo, y que 45 de cada 100 personas mostraron interés en obtener más datos.
C.O.- Una cosa es una campaña en medios masivos y otra la información personal, de mayor efecto y duración. ¿Cuántos habitantes de Bogotá han recibido preparación directa para casos de sismo?
C.L.- A las jornadas han asistido directamente 300 mil personas y se les ha recomendado llevar a su entorno la información que recibieron. Por eso calculamos que por cada una de ellas, otras cuatro en promedio han recibido instrucción. En consecuencia, podemos hablar de un millón 200 mil habitantes instruidos, es decir, casi la cuarta parte de la población de la ciudad.
En los próximos cuatro años aspiramos llegar directamente a un millón 500 mil más, para que, multiplicada esa cifra por cuatro, abarquemos la totalidad de la población en forma indirecta. De todas maneras vamos a continuar con la información de carácter masivo en separatas en periódicos, folletos didácticos, cuñas radiales y mensajes televisivos.
C.O.- A modo de resumen, ¿qué debo hacer para reducir el riesgo mío y el de mi familia?
C.L.- Uno: verificar las condiciones antisísmicas de su construcción. Si no son satisfactorias, debe proceder a hacer el reforzamiento. Dos: asistir a las jornadas de información lideradas por la Alcaldía Mayor y por el Sistema de Emergencias para saber cómo reaccionar individualmente. Y tres: no olvidar, aunque pase el tiempo, que los sismos sí ocurren y que por eso siempre hay que estar preparado. Adicionalmente, revise su portafolio de seguros.
Mayor información sobre sismos en: www.conlospiesenlatierra.gov.coSi tiene inquietudes escriba a: conlospiesenlatierra@fopae.gov.co