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¿Qué debe hacer el país para sanar las heridas mentales que deja el conflicto?
Se viene haciendo mucho de un tiempo para acá. Lo primero fue pensar cómo ponerle fin a la guerra. Ahora viene la construcción de la paz y eso implica garantizar el respeto y la igualdad ante la ley. Históricamente no ha sido así. El origen del conflicto tiene que ver con la repetición de abusos e injusticias.
¿Por qué es importante atender el daño emocional de las víctimas?
Cuando existen historias de pérdida y victimización irresueltas hay sufrimiento y mucha rabia. Sabemos poco hasta qué punto esa rabia sin salida ayudó a encender el conflicto una y otra vez. Lo que hace que los conflictos no se extingan es la sensación de que se ha cometido una injusticia que está impune, y eso es algo sobre lo cual se debe trabajar.
¿Qué debe asegurar la justicia para facilitar la rehabilitación?
Hacemos justicia cuando reconocemos a las víctimas y generamos condiciones para su inserción en la sociedad como ciudadanos. Hay muchas formas de no ser injusto. No todo se resuelve castigando a los responsables de las agresiones. Ver las cosas así es difícil porque nos obliga a cambiar nuestra manera de ver las cosas y relacionarnos.
¿Cuál es la parte más complicada de tratar a las víctimas?
En un conflicto tan largo como el colombiano hay quienes han experimentado situaciones de agresión una y otra vez, y no han podido rehacer su vida normal. Si se mira el gran número de estos casos uno puede olvidar que detrás de cada uno hay situaciones y personas particulares. En cada caso hay gente cuyos hijos y nietos pueden seguir sufriendo las consecuencias de lo que pasó.
¿Qué papel tiene la verdad en ese proceso de reparación ?
Cuando se establece la verdad se reconoce la dignidad de las víctimas y se acepta que, para vivir en paz, la sociedad necesita reconciliarse con el pasado. Lo que más afecta a las víctimas es que se nieguen los hechos que las afectaron. Hacer un esfuerzo en conjunto para establecer la verdad nos permite decir que los crímenes fueron crímenes y que lo que es injusto es injusto.
¿Por qué son tan importantes los actos de reparación en un posconflicto?
Para quienes fueron afectados que alguien les diga “sabemos qué pasó, nunca debió suceder y queremos que sepas que nos importas” ayuda mucho. Este país debería llenarse de momentos de reparación y reencuentro. La paz no es de unos o de otros y todos tienen algo que hacer para que haya paz.
¿Cuál es la responsabilidad de la sociedad ante los excombatientes?
La primera garantía para que no exista discriminación es que la sociedad y ellos mismos se comprometan a comportarse como ciudadanos. Para poder superar un pasado conflictivo una persona debe recuperar su vida, tener un lugar donde vivir, un lugar donde trabajar, un reconocimiento social que lo deje satisfecho y no ser señalado negativamente.
¿Qué podemos aprender de los procesos de reparación de Chile?
Después de la dictadura, en Chile, tuvimos que superar la negación del conflicto y las atrocidades cometidas. Para poder modificar esa relación y reparar a las víctimas había que involucrar a toda la sociedad. En estos procesos cada uno tiene su parte. Darnos cuenta de que hay lazos más importantes que nuestras diferencias toma tiempo.
En Chile, el fin del régimen militar se decidió en las urnas. ¿Cuál es su consejo para quienes votarán el domingo?
Para nuestro plebiscito, el 94 % de los chilenos salieron a votar, algo que no ha vuelto a ocurrir nunca (risas). Se tomaba una decisión que podía mejorar mucho nuestras vidas. En Colombia, si la mayoría quiere la paz, vamos a empezar a construirla. Es el momento de que los colombianos se pronuncien. Sería triste pensar que algo tan importante pueda tener un apoyo precario.