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No es un artista común y corriente. Nunca le ha interesado hacer una alabanza o una mitología de su guitarra, así la considere una herramienta esencial en su trabajo. Tampoco es de aquellos que necesitan destacarse por las bondades de su físico, porque como él mismo dice en una de sus canciones ‘yo podría ser Bugs Bunny por los dientes’. Ni mucho menos tiene la intención de figurar por obras humanitarias de reconocimiento mundial. Pedro Guerra lo único que quiere es plasmar en un papel todo lo que se alcanza a imaginar su cabeza y compartirlo con el resto del mundo.
Así es este español que por haber nacido en las Islas Canarias siente muy estrechos los nexos con América Latina. Él se inquieta con las desigualdades económicas y las problemáticas humanas de una región lejana geográficamente, pero muy cercana en su corazón. Aunque a él se le conoce como cantautor de tipo social, esas no son sus únicas motivaciones y le gusta ampliar el panorama para compartir sus vivencias y hacer generales sus percepciones.
“Me gusta trabajar en mis composiciones en el día y soy bastante metódico. Agarro la guitarra y la computadora. Con la segunda escribo y con la primera me dedico a hacer la música. Voy lanzando ideas, rodeando conceptos, y de esa manera van surgiendo las canciones que el público ya conoce”, manifiesta Pedro Guerra, quien comenzó su vida musical con un proyecto juvenil llamado el Taller Canario de Canción, con el que presentó algunos trabajos discográficos de importancia local.
Trapera, Identidad, A por todas y Rap a duras penas fueron las producciones colectivas que abonaron el camino para el surgimiento de Pedro Guerra como solista, faceta en la que debutó con Golosinas, álbum de corte intimista grabado en vivo y en la que se incluyó, tal vez, su composición más famosa: Contamíname, interpretada inicialmente por su coterránea Ana Belén.
Desde 1995 su relación con el mercado del disco ha sido fructífera. Tan cerca de mí, Raíz, Ofrenda, La palabra en el aire, Bolsillo y Vidas, su más reciente creación, corroboran las condiciones de Guerra para ponerle música y ritmo a sus pensamientos. Pertenece a una generación rockera y eso se nota en su labor artística, aunque también le gusta involucrar sonoridades tradicionales de España.
“Yo creo que tengo un estilo definido al margen de que se puede tratar de presentar ciertas innovaciones sonoras o algunos contenidos particulares, pero en esencia mi forma de componer es bastante particular y eso se ha mantenido a lo largo de todos estos años de carrera musical”, afirma este cantautor que ha compartido escenario o estudio musical con personalidades de la talla de Joaquín Sabina, Luis Eduardo Aute, Silvio Rodríguez y Julieta Venegas.
Guerra desarrolla de manera simultánea la melodía y la letra. Cuando esa pareja está consolidada y él se siente bien con el productor, la canción está terminada porque como él mismo dice: ya tiene cuerpo, tiene alma y está vestida para ser presentada al público, un monstruo de muchas cabezas que ejerce, implacablemente, los roles de un juez.
El canario ya había visitado Colombia en varias oportunidades adelantando giras promocionales, pero nunca había tenido la oportunidad de presentar sus canciones en un auditorio dispuesto para él. Por eso, cree que el del próximo 19 de agosto será su debut en Bogotá y espera que la gente se sienta identificada con su estilo pausado, alegre y de mucho compromiso.
Una pequeña banda, integrada por piano, bajo y batería, respalda esta gira por América Latina, todo un periplo en el que Pedro Guerra demostrará que no es un artista del montón.
Agosto 19. 8:00 p.m. Teatro Ástor Plaza
Calle 67 N° 11-58. Tels.: 235 8509 y 212 7827.
Tomás Betín, el telonero
Tras el teclado y la guitarra, el músico cartagenero Tomás Betín abrirá el esperado concierto del español Pedro Guerra en Bogotá. Esta será la primera presentación del año de Betín, quien para participar de ella hará una pausa en la grabación de su tercer trabajo discográfico que titulará Picó.
El cartagenero dio a conocer su música en 2003 con el álbum ¡Oh Gloria!, el cual grabó con la banda Bar. Luego, en solitario, con el disco Su sana forma de darme su amor viajó por distintos escenarios del país como bares, pequeños teatros y el circuito universitario, en su mayoría con entrada libre.
Betín se define como un cantautor independiente que se pasea por diversos géneros musicales y temáticas líricas, cantando tras el teclado o la guitarra y acompañado del cuarteto Las Malas Compañías. Compositor desde los 12 años, presenta canciones, como él mismo dice, menos esquizofrénicas que él mismo.