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Un cello no tan solo

El músico colombiano, de quince años, recibió una beca por parte de Mayra y Edmundo Esquenazi.

Juan Carlos Piedrahíta B.

10 de marzo de 2011 - 06:57 p. m.
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La música es tan habitual en su casa como la comida. Por eso Santiago Cañón no recuerda muy bien cuándo fue su encuentro con el arte sonoro, aunque sí tiene muy claro que su primera dolencia, a los 4 ó 5 años, fue una tendinitis leve ocasionada por la ejecución de un instrumento que en ese entonces lo superaba en tamaño.

Esa inflamación del tendón es, tal vez, la única molestia que le ha ocasionado el ejercicio de la música, porque de resto le ha traído momentos memorables y muchas sorpresas, como la que le dio su colega chileno Andrés Díaz al regalarle, en pleno concierto en el auditorio León de Greiff de la Universidad Nacional, el cello con el que ha realizado los recitales más importantes en América y Europa. En esa oportunidad se estaba celebrando la noticia del premio otorgado a Santiago Cañón por parte de los empresarios Mayra y Edmundo Esquenazi, con el que podía continuar sus estudios con todos los gastos cubiertos en la Universidad de Waikato, en Nueva Zelanda. Los invitados eran Andrés Díaz, cello (Chile) y Wendy Chen, piano (Estados Unidos), y al final de la presentación, que incluyó obras de Astor Piazzolla, Alberto Ginastera y Zoltán Kodály, el cellista internacional, en un gesto de complicidad total, le cedió el instrumento a una de las jóvenes promesas de la música, que con tan sólo quince años se ha logrado destacar en un medio competido.

Con ese obsequio, Cañón quedó con cuatro cellos. El primero fue el que le ocasionó la tendinitis y con el que su mamá, su primera maestra en el instrumento, le impartió las lecciones iniciales. El segundo lo acompañó en una etapa de mucha exigencia en la que empezó a interiorizar su deseo de vivir de la música. El tercero es un cello polaco fabricado en 2005 y que él define con dos palabras que resumen también su personalidad: callado y noble. Y el cuarto representa un abrazo entre colegas, uno consolidado, exitoso en todas las latitudes; y el otro en plena formación pero con un futuro brillante. Lo curioso de este instrumento es que su actual poseedor no tiene la menor idea de dónde salió, ni quién lo hizo, porque no tiene ninguna marca... pero eso sí, suena de maravilla.

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“El cello se parece a la voz humano, en él se pueden encontrar tanto los registros altos como los bajos, entonces puede haber voz de hombre y de mujer también. El violín sólo tiene la gama femenina y el contrabajo, la masculina, pero en el cello están todas reunidas”, comenta Santiago Cañón, quien integra una familia de músicos porque su papá, Ricardo Cañón García, es clarinete bajo de la Orquesta Filarmónica de Bogotá; su mamá, Rocío Valencia, es cellista, y su hermana estudia violín en los Estados Unidos.

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A los nueve años, Cañón se presentó con la Filarmónica e interpretó el Concierto en Do mayor de Joseph Haydn (1732-1809), una obra que para los más grandes críticos sólo se puede ejecutar con varias décadas de ejercicio profesional. Tres años más tarde fue invitado en la modalidad de Joven Talento al Cartagena Festival Internacional de Música y allí su fama se incrementó gracias al dominio del instrumento. Desde entonces la Fundación Salvi, organizadora y gestora del encuentro musical, ha creído en su talento y lo ha apoyado en la realización de conciertos en Colombia y en el mundo.

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Los instrumentistas más intensos ensayan 16 horas al día, hay otros que por rutina o exigencia propia necesitan de ocho. Sin embargo, para Santiago Cañón cuatro son suficientes. Él comienza con el repaso de la técnica. Escalas. Dobles cuerdas. Ejercicios de velocidad. Luego viene la preparación del repertorio específico para el concierto y listo.

 “Conozco muchos músicos que están muy pendientes de la técnica, pero creo que la música es mucho más que notas. Si quieren que no se desafine nunca y que la ejecución sea perfecta, pues que pongan un computador a tocar. Creo que la técnica está en la base y luego el camino más largo es meter la música en el abrigo de los sentimientos”, dice Santiago Cañón, quien afirmó que sus cellistas favoritos son el chino-norteamericano Yo-Yo Ma, el holandés Pieter Wispelwey y el español Pau Casals.

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El futuro de Santiago Cañón en la música sólo augura aplausos y aclamaciones. Sus proyectos, además de continuar con éxito su preparación en Nueva Zelanda, incluyen la realización de su primer registro discográfico, para el que ya tiene el repertorio seleccionado: Puneña de Alberto Ginastera, Suite para cello solo de Gaspar Cassadó y la Sonata de Zoltán Kodály. Ya está todo definido, porque la música es algo habitual en él.

Por Juan Carlos Piedrahíta B.

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