“Se dijo de Chanel que había liberado a las mujeres. Es cierto. Años más tarde Saint Laurent les dio el poder”, afirmó Pierre Bergé, quien fuera su compañero sentimental y socio. En efecto, fue el diseñador que le dio el emblemático esmoquin a la mujer y creó una nueva imagen de lo femenino, cruzando los límites del vestuario masculino. Este maridaje entre una fuerte apariencia con los juegos de la seducción lo traducía en una blusa con una chaqueta y mezclando materiales como el paño con las transparencias de la muselina.
Alrededor de 300 piezas de colección recorren la fabulosa carrera de Yves Saint Laurent desde sus inicios en 1958 hasta su última colección en 2002. Fue con Christian Dior que empezó su carrera y a quien Saint Laurent le otorgaría todo lo que fue. Sus creaciones siempre encontraron refugio en el arte, la música, la literatura y el cine. En 1965 sacó una colección inspirada en la geometría de colores de Mondrian. El mundo entero ovacionaría este trabajo que rompía las jerarquías del arte. Después de esto, muchas más figuras del arte como Van Gogh o Matisse y del terreno de las letras como Guillaume Apollinaire y Louis Aragon vendrían a permear sus obras y crearían un nuevo lenguaje.
Se le reconocería también por ser un artista que podía vestir a la mujer en el cotidiano de la calle o a la que llenaba de magia en la noche. La escritora francesa Marguerite Duras sentenció: “Las mujeres de Saint Laurent salen de los harems, de los castillos y hasta de los suburbios; corren en las calles, en los metros, en los supermercados o en la Bolsa”.
La verdadera preocupación de Saint Laurent iba más allá de la novedad y de esos juegos intrínsecos de la moda. Su búsqueda se dirigía a encontrar un estilo donde las mujeres pudieran encontrar estructuras que le ofrecieran libertad. El look total sería entonces reemplazado por un guardarropas en donde ellas elegirían la combinación de cada prenda para definir un estilo propio.
Su última colección en 2002 reflejaría su genio cromático. Los colores del desierto fueron la inspiración para la explosión de la agresividad del rojo y los reflejos dorados del oro y la arena.
Así como muchos se prestan a celebrar al hombre que puso nuevos códigos en el vestuario femenino y que hace menos de dos años falleció, el libro Saint Laurent Mauvais Garçon (‘chico malo’) publicado a principios de este año por Marie-Dominique Lelièvre, lo describe como una persona consumida por la ansiedad que revelaba sus inseguridades refugiándose en las drogas y en el alcohol y maltratando a sus empleados. A pesar de que sus últimos tiempos no fueron los mejores en este aspecto, su legado en el mundo de la moda es indiscutible y el Petit Palais, considerado una institución legítima de alta cultura, permite que la alta costura sea también materia artística.