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Un maestro de la dirección

Como director ha logrado combinar por más de 30 años el teatro, el cine y la televisión. Su última producción para TV fue ‘Comando élite’, que codirigió con su hijo, Rodrigo.

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Redacción Un chat con...
06 de noviembre de 2014 - 02:18 a. m.
Jorge Alí Triana llega desde Nueva York con éste montaje de la obra de Vargas Llosa al Teatro Galería Cafam de Bellas Artes. Estará hasta el 30 de noviembre. / Óscar Pérez - El Espectador
Jorge Alí Triana llega desde Nueva York con éste montaje de la obra de Vargas Llosa al Teatro Galería Cafam de Bellas Artes. Estará hasta el 30 de noviembre. / Óscar Pérez - El Espectador
Foto: Oscar Alberto Perez Lopez
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¿Qué lo motivó a llevar ‘Pantaleón y las visitadoras’ al teatro?

Tengo una pasión por la literatura latinoamericana y colombiana, así que con esta novela dije “aquí hay un material para teatralizar”. Con estas obra me siento cercano a mi cultura, a la gestualidad y psicología de nuestros actores.

¿Cuál fue el mayor reto de la obra?

Conseguir excelentes actores que tuvieran una expresividad y un manejo corporal que permitiera trasmitir verosimilitud con el lenguaje de la farsa. Aunque fue complicado, logramos conseguir personas que bailan, cantan y actúan.

También llevó al teatro ‘La fiesta del chivo’ de Vargas Llosa. ¿Qué le dijo el autor al respecto?

Inicialmente, la idea le pareció absurda, porque creía que era imposible hacerla en teatro, pero después de enviarle la primera propuesta y verla, le encantó y me dijo: “Lo que más admiro es la capacidad de síntesis, lograr extraer lo dramático y dejar la esencia de la novela, que considero que contaron de una manera maravillosa”.

¿Cuál es la ventaja de haber sido actor antes que director?

No tengo esa ventaja porque toda la vida he sido muy mal actor, por eso he actuado muy pocas veces. Creo que para eso se necesita un coraje extraordinario y, lo más importante, mirarse a sí mismo para estar concentrado en lo que está sucediendo con el otro personaje, es acción y reacción.

Ha tenido la posibilidad de dirigir obras de teatro, series y novelas de distintos aristas. ¿Cuáles son las historias que más le gusta contar?

Las buenas historias, las que cuando las leo me apasionan, me crean inquietudes y me mueven el corazón. Creo que en el arte hay tres temas fundamentales que son la vida, la muerte y el amor.

¿Cómo logra tener siete obras en temporada en tres ciudades del mundo?

Lo hago para no aburrirme, y como disfruto mucho mi trabajo busco apoyo en codirectores que aportan una nueva mirada a las obras. En esta ocasión invité a Manuel Orjuela porque me parece un gran director.

Usted ha estado cuatro décadas en la industria de la producción audiovisual. ¿Qué aportes destaca de las nuevas tecnologías?

Ahora hay mejores cámaras, ópticas, sistemas de luces y edición que facilitan muchas cosas; por ejemplo, uno puede rodar material sin contemplaciones. Cuando se rodaba en celuloide, cada vez que se apretaba el botón se pensaba en todos los dólares que de allí salían.

Comenzó en la actuación a los 13 años. ¿Cómo llegó a ella?

En un programa de televisión del año 55 vi a un compañero del colegio que actuaba, así que le pregunté: “¿Usted cómo hizo?”. Me respondió que estaba en un grupo de teatro que se llamaba Grupo Escénico Infantil, del profesor Pulido Téllez, y me llevó. Desde ese momento no he dejado de hacer lo que más me gusta en la vida.

¿Cuál fue el primer montaje teatral que hizo?

A los 17 años hice la adaptación de la novela de Jean Cocteau Los dos hijos terribles. Con ella fundé también mi primer grupo de teatro, que tenía por nombre Teatro Experimental Independiente.

La película que más le ha costado realizar.

Bolívar soy yo. Casi me tocó financiarla. Es la que mayores recursos personales y luchas me dio porque renunciaban los productores, pero fue una película de una terquedad horrible que tenía que contar.

Después de terminar el colegio, fue a vivir seis años en Praga. ¿Qué le quedó de esa experiencia?

Allí viví un florecimiento de la cultura maravilloso y fue el lugar en el que nació mi hijo Rodrigo, cuando estaba en mi primer año de universidad. Fui padre a los 21 años, en un país lejano y sin mi familia; fue difícil pero a la vez algo muy hermoso.

¿Cómo ha sido el proceso de trabajar con sus hijos, Rodrigo y Verónica?

Es formidable y lo disfrutamos mucho porque hay respeto entre nosotros, amor y talento. Por ejemplo, en Comando Élite codirigí con Rodrigo, y como llevaba 10 años sin hacer televisión, tuve que escuchar lo que decía para tomar decisiones.

Una recomendación para los nuevos directores.

Ver mucho cine, leer mucho, arriesgarse: no hay que pedirle permiso a nadie. Uno no les puede echar la culpa a los demás porque no me dieron recursos; hay que hacerlo como sea y donde sea.

¿Qué hace cuando no está dirigiendo?

Me reúno con mis amigos, juego tenis, leo y me veo con mis hijos en una cosa que se llama las trianadas. Ya me siento como un patriarca.

Por Redacción Un chat con...

 

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