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Vamos a pitufar

Estos suspiritos azules son una creación de Pierre ‘Peyo’ Culliford, quien en 1958 pensó en ellos como personajes secundarios. En los 80 tuvieron su serie de televisión y una interminable lista de objetos relacionados con su figura.

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El Espectador
06 de agosto de 2011 - 02:52 a. m.
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La, la, la, la, la, la, la, la, la, la, la entonaban al unísono cien diminutos seres azules. No todos eran protagonistas y tal vez el único momento en el que el censo estaba completo era cuando se tomaban de las manos alrededor de una (para ellos) gran hoguera y festejaban algún triunfo comunitario.

En condiciones normales, los personajes principales eran siempre los mismos. Papá Pitufo, el más veterano de todos, el único con barba, con una sabiduría tan desarrollada que lograba hacer hechizos, y con la potestad para portar un color distinto en gorro y pantalón. Pitufo Filósofo, con sus gafas pretendía ser el sucesor del primero y quería tener el liderazgo mientras el anciano estaba ausente de la aldea, pero, por supuesto, no tenía la credibilidad suficiente para comandar un ejército tan particular. También estaban Pitufo Vanidoso (quien con su espejo pudo haber sido considerado como uno de los primeros metrosexuales en la historia de los dibujos animados), Pitufo Gruñón (‘odio las pitufresas’) y Pitufo Goloso, por lo que se llegó a decir que esta creación del artista belga Pierre ‘Peyo’ Culliford estaba inspirada en seres malignos y que representaban los siete pecados capitales.

El grupo de seres del tamaño de tres manzanas en columna se complementaba con algunas apariciones constantes de Pitufo Arquitecto, el responsable de la uniformidad (forma de hongo) en las casas de la Pitufialdea, tenía un lápiz sobre la oreja y su ropa de trabajo era un overol; Pitufo Bromista, alegre y pesado con sus regalos con moños a los que él llamaba, sin ir más lejos, “Una sorpresiiitaaa’; Pitufo Soñador (el idealista que no puede faltar), Tontín y Pitufo Natural, el de la onda ecológica al mejor estilo hippie.

Un capítulo aparte en esta historieta gestada en 1958 merece Pitufina, la única representante femenina en la aldea, rubia, bella, pero con un pasado no tan diáfano pues fue un invento de Gárgamel para atraer con sus encantos a los demás pitufos y, así, tenerlo en bandeja de plata. Por fortuna para su comunidad, Papá Pitufo logró con sus libros y sus hierbas transformarla en una pitufa de bien. Desde entonces, el maléfico personaje multiplicó su odio por los “suspiritos azules”. “Cómo odio a los Pitufos, los atraparé, los atraparé, aunque sea lo último que haga, lo último que haga”, vociferaba en todos los capítulos Gárgamel, el dueño del gato Azrael.

Después de conquistar el papel blanco desde 1958, luego de haber cautivado a varias generaciones con su serie de televisión, realizada por Hanna-Barbera entre 1981 y 1990, y de ser objetos de alta comercialización a través de videojuegos, programas en vivo y figuritas, Los Pitufos llegan a la pantalla grande y terminan recorriendo las calles de Nueva York, bajo la dirección de Raja Gosnell. Las voces seleccionadas para participar en la cinta son Jonathan Winters (Papá Pitufo), Katy Perry (Pitufina), Alan Cumming (Pitufo Valiente), Fred Armisen (Pitufo Filósofo) y George López (Pitufo Gruñón).

Columbia Pictures y Sony Pictures Animation produjeron esta cinta en la que los pequeños seres animados comparten protagonismo con Neil Patrick Harris (Patrick Winslow), Jayma Mays (Grace Winslow), Sofía Vergara (Odile) y Hank Azaria en el rol de Gárgamel. Toda una pitufiaventura para alimentar la imaginación y recordar mucho más que el famoso La, la, la, la, la, la, la, la, la, la, la.

Por El Espectador

 

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